luis-campos-2Por Luis Campos*

El punto de partida es reflexionar que todos los trabajadores somos precarizados, no existe una distinción entre un grupo de trabajadores que estarían en una situación precaria y otros que no.

Cuando uno mira la situación de los trabajadores lo que encuentra es que existen distintos niveles, grados y dimensiones de precarización laboral. Veamos algunos ejemplos:

Habitualmente se suele asociar a la precarización laboral a la precarización contractual, esta es una sola dimensión de las relaciones laborales y tiene que ver con el tipo de vínculo que existe con los empleadores.

Acá se ubican los trabajadores que no están registrados, los trabajadores que están vinculados a contratos a término, con contratos a plazo fijo, contratos eventuales e incluso trabajadores que dependen de compañías tercerizadas.

También podemos pensar a la precarización laboral a nivel de los salarios, es decir en situaciones que tal vez no haya precarización contractual pero hay muy bajos salarios.

Otro caso importante es vincular la precarización laboral a las condiciones de seguridad e higiene en las cuales se realiza el trabajo.

Acá hacemos mención a un trabajador que tiene un contrato en relación de dependencia, en su empresa principal, que tiene su recibo de sueldo, pero realiza sus tareas en condiciones riesgosas para su vida, su salud y su seguridad. En ese caso podríamos decir que no hay precarización contractual, que no hay precarización salarial, pero que si hay precarización en materia de condiciones de trabajo.

Otra dimensión a tener en cuenta tiene que ver con la jornada, con el tiempo de trabajo. Así podemos encontrar casos en que la precarización está en la forma en la que se lleva adelante la tarea y el manejo de los tiempos de trabajo.

Pensemos en trabajadores que realizan jornadas de trabajo promedio, donde muchas veces no saben hasta el día anterior cual tiene que ser su horario o en que horario empieza y termina su horario de trabajo y cómo esto afecta no solo la vida laboral del trabajador sino también su vida extra laboral, cuando uno no sabe a ciencia cierta cuál va a ser su horario de trabajo o cuando ese horario va a rotar o a modificarse permanentemente, en el caso de los turnos rotativos, por ejemplo.

Dicho todo esto me parece que lo interesante para pensar la precarización laboral tiene que ver con identificar en cada caso concreto, en cada situación y en cada colectivo en qué dimensiones se expresa esa precarización laboral y a partir de ahí desarrollar estrategias y debates tendientes a superar la situación.

En algunos casos será luchar contra la tercerización, en otros casos por mejoras en las condiciones de seguridad e higiene o en los tiempos y en la jornada de trabajo. Es cada colectivo y organización de trabajadores la que tiene que identificar cuáles son esas dimensiones de la precarización laboral y generar estrategias de cara a su reversión.

Vale aclarar a modo de conclusión que no hay lucha individual contra la precarización laboral, toda lucha es necesariamente colectiva porque tiene que ver con disputar con los empleadores, con los patrones, con el capital, el control de los procesos de producción y garantizar colectivamente mejores condiciones para todos los trabajadores para que esos grados de precarización laboral sean cada vez menores.

  • Director del Observatorio del Derecho Social de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma)