Redacción Canal Abierto | Miriam Lewin es periodista y, junto a Horacio Lutzky escribió Iosi, el espía arrepentido, que relata la historia de un policía federal que se infiltró –allá por 1985- en la comunidad judía argentina, con el fin de obtener datos sobre conspiraciones que jamás ocurrieron. Sin embargo, a lo largo de los quince años que José fingió ser “Iosi”, entregó información a la Policía Federal que, luego comprendió, fue fundamental en la logística de los atentados en la embajada de Israel, primero, y en la AMIA, después.

Hoy, a 25 años de que una camioneta-bomba impactara a las 14.45 contra el edificio de Suipacha y Arroyo y dejara 22 muertos y 242 heridos, la causa está congelada.

-¿A qué atribuís que el atentado a la embajada de Israel haya quedado casi en el olvido?

-Yo sospecho que tiene que ver con el compromiso de alguna fuerza de seguridad argentina como conexión local. Y esto,  con Horacio Lutzky, lo sospechamos porque hay varios elementos que generan alarma y señalan a la Policía Federal Argentina. Vos fijate que en el caso de la embajada de Israel tenía que haber efectivos de la Federal de custodia en la puerta y, justo cuando se produce la explosión, por alguna razón no estaban en el lugar. Lo mismo, exactamente, ocurrió en el atentado contra la AMIA. Ahí, este infiltrado de la Federal en la colectividad judía argentina que se llama José Pérez  refiere que muchos años después se encuentra en un asado de policías con un hombre que había perdido la audición porque había estado en el atentado contra la AMIA. Y él le confirma que, cuando llama a sus superiores en el momento del atentado, muy alterado, su jefa directa de inteligencia de nombre Laura o “La Colorada”, le dice: “Quedate tranquilo que a los nuestros no les pasó nada”.

-¿Por qué piensa Pérez que la información que él pasaba fue usada para planear los atentados?

-Cuando a Pérez le indican reunir información sobre el tema del atentado a la AMIA, estaban preocupados por saber cuáles eran las hipótesis de los judíos referidas al tema y de ninguna manera le indicaron que lo que tenía que hacer era tratar de conseguir información que apuntara a la resolución del atentado.

Yo creo que esto, unido a distintos ejes de la política internacional, los distintos intereses de Israel y de los Estados Unidos, coadyuvan a que estos atentados queden impunes, que nunca nos enteremos de quién realmente los cometió. Y a que los sospechosos vayan variando en la investigación de acuerdo a estos intereses geopolíticos cambiantes.

-A diferencia de lo que sucedió con el atentado a la AMIA, no hubo familiares que se constituyeran como querellantes…

-No, y lo realmente llamativo es que la causa estuvo absolutamente congelada a pesar de que es la Corte Suprema la que tuvo en sus manos la investigación. El estado de parálisis del atentando contra la embajada de Israel es aún mayor que en el atentado contra la AMIA. Pero eso es, justamente, porque no existe un reclamo tan firme y tan duro porque no hay querellantes.

En el caso de la AMIA, hay varios grupos activos de familiares de víctimas que presionan constantemente a los sucesivos gobiernos para que lleven adelante la investigación. En este momento se está llevando a cabo una causa por el encubrimiento al atentado contra la AMIA, en la que están involucrados nada menos que el ex presidente (Carlos) Menem; el jefe de inteligencia Hugo Anzorreguy; el presidente de la DAIA Rubén Beraja; el “Fino” Palacios, miembro de la policía en ese momento.  No hay un equivalente en el caso de la embajada de Israel, a pesar de que evidentemente hubo un encubrimiento. Si no, seguramente se hubiera llegado a la verdad.


Lewin: “No se está haciendo absolutamente nada”

-En su momento, para responderle a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien recordó esta parálisis en la investigación, el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, alegó que el caso de la embajada ya era “cosa juzgada”.

– Hubo un comunicado de la Corte que dijo que continúa la pertinente investigación. Salieron al cruce de estas declaraciones de Lorenzetti, dijeron que hubo una sentencia del 99 que determinó la materialidad del hecho y que se encontró culpable al grupo Hezbollah, pero la verdad es que hay un montón de puntos oscuros. Además, lo que nosotros decimos en el libro es que, si existe una conexión local, ¿no es mucho más fácil primero detectar la conexión local, y una vez identificada, empezar a tirar del hilo para llegar a los verdaderos responsables? Sino, son todas hipótesis.

Hezbollah es un concepto demasiado amplio y demasiado ajeno, y esta ajenidad y esta distancia hacen que se generen iniciativas como el tan cuestionado acuerdo con Irán, que en el caso de la AMIA no sirvió para nada. Pero en el caso de la embajada ni siquiera se ha tomado una iniciativa como ésta. Y todo continúa en la más absoluta oscuridad.