Por Ignacio Rodríguez | Del 20 al 24 de marzo, se realizará en Buenos Aires la XXVII Reunión del Comité de Negociaciones Birregionales del Mercosur y la Unión Europea, para continuar un proceso que se inició en 2000 con el objetivo de crear un área de libre comercio birregional.

Sin embargo, pasaron casi dos décadas y la posibilidad de alcanzar un acuerdo quedó empantanada. Con la llegada al poder de gobiernos de fuerte impronta neoliberal, como son el de Mauricio Macri en Argentina y el de Michel Temer en Brasil, las condiciones cambiaron. Así lo expresan las palabras de la canciller argentina, Susana Malcorra, quien luego de la última reunión de cancilleres del Mercosur a comienzos del mes de marzo declaró a la agencia Télam: “Queremos ver la forma de tener una posición bien monolítica y bien definida, y alcanzar lo antes posible un acuerdo con la UE”.

El entusiasmo de la Argentina, país que ejerce la presidencia pro témpore del bloque, va en línea con un discurso oficial que propone la “apertura al mundo” como medio para atraer inversiones, ganar mercados para las exportaciones y promover el crecimiento de la economía.  Pero si ya es difícil que un acuerdo de libre comercio permita alcanzar esos objetivos, mucho más arduo será que las negociaciones con Europa, del modo en que están enfocadas, traigan consigo desarrollo y bienestar.  Es que según lo que se conoce por trascendidos, dado que las negociaciones son secretas, las ofertas de acceso a mercados que se intercambiaron hasta el momento plantean serios desequilibrios. A su vez, a los temas propiamente comerciales pueden sumarse otras cuestiones como compras públicas, propiedad intelectual, servicios y protección de inversiones, materias que ponen en riesgo la capacidad de los Estados para promover el desarrollo y garantizar derechos a sus ciudadanos.

 

“Europa ofrece poco y pide mucho”

Los negociadores del Mercosur están ansiosos por lograr antes de fin de año un acuerdo que permita abrir, al menos parcialmente, el mercado agrícola europeo a las exportaciones del bloque. Sin embargo, no tienen motivos para ser optimistas. En abril de 2016 trece países europeos encabezados por Francia, Austria y Grecia solicitaron a la Comisión Europea que excluya de toda oferta que se intercambie con el Mercosur a productos agrícolas tales como carnes y lácteos. Dicho pedido fue acompañado por Irlanda, Hungría, Polonia, Rumania, Eslovenia, Luxemburgo, Lituania, Letonia, Estonia y Chipre. Es decir, casi la mitad de los estados de la unión se pronunciaron por restringir sus mercados agropecuarios.

Consultado por Canal Abierto sobre este tema, el ex canciller y actual diputado del Parlasur, Jorge Taiana expresó: “El problema es que la Unión Europea ofrece poco en agricultura y ganadería y pide mucho en al área de bienes industriales, servicios y compras gubernamentales”.

Jorge Taiana, ex canciller y actual diputado del Parlasur

En ese sentido, Taiana explicó que es una cuestión muy sensible en Argentina y Brasil el tema autopartes, porque hoy el Mercosur tiene alrededor de un 30% de producción nacional en la composición de los vehículos terminados. Abrir el sector tendría un fuerte impacto en el área metalmecánica, de alta incidencia en los niveles de empleo industrial.

Asimismo el ex Canciller argentino informó que Europa ofrece cuotas de mercado y demanda rebaja de aranceles.  Esto implica que mientras la UE ofrece incrementar el volumen de compras a exportaciones Mercosur de escaso valor agregado, de determinados productos y a determinados niveles, exige rebajar aranceles en una amplia gama de bienes industriales cuya importación estaría en condiciones de incrementarse sin límite preestablecido.

“En una situación como la que vive la economía mundial hoy, con una Europa apenas saliendo del proceso recesivo iniciado en 2008, con un sistema multilateral de negociaciones como la OMC y la Ronda de Doha estancados, las condiciones que está ofreciendo UE son muy magras y muy poco satisfactorias para las necesidades o las posibilidades de desarrollo del Mercosur. La Argentina tiene una necesidad de desarrollo, de proteger su entramado productivo, de buscar un desarrollo genuino. Eso no puede ser puesto en juego o arriesgado por lograr una foto donde se cierre una negociación”, concluyó el ex Canciller.

 

Preocupación desde el sector sindical

Paralelamente a la reunión del Comité Birregional, la Confederación de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS) y la Confederación Europea de Sindicatos (CES) desarrollarán un encuentro en Buenos Aires con el fin de realizar un seguimiento a las negociaciones y debatir sobre sus alcances y consecuencias en el mundo del trabajo.

Desde la CCSCS, su secretario General, Antonio Jara, declaró a Canal Abierto: “Vamos a insistir en que el acuerdo sea beneficioso para ambos bloques, que se garantice el desarrollo, se respeten los derechos humanos y laborales, aunque sabemos que las negociaciones van por otro camino. Necesitamos que estos temas avancen en la agenda sindical de nuestros principales líderes nacionales. Si nadie le habla a nuestros gobiernos de nuestra preocupaciones, lo más que podemos hacer es estar enterados y eso a esta altura es insuficiente”.

Ya en junio de 2016 ambos espacios sindicales emitieron una declaración en Ginebra donde expresaban la necesidad de que las negociaciones no se limiten a un mero acuerdo de libre comercio, que se establecieran cláusulas de fomento al desarrollo, el crecimiento y el empleo y un “trato especial y diferenciado” hacia los países menos desarrollados que contemple la dimensión social, laboral y ambiental.

Asimismo tanto desde la CCSCS como la CES rechazan el secretismo de las negociaciones, reclaman transparencia y exigen participación. Ante la posibilidad de que el acuerdo UE-Mercosur imite la estructura y contenido de otros tratados de libre comercio, el sindicalismo también expresó su rechazo a que se incluyan cuestiones como protección de inversiones y prórroga de jurisdicción, reclamó que se excluyan la salud y la educación entre los servicios que se abran al mercado, y que se incluya un capítulo socio laboral en el que se reconozcan los derechos contenidos en los Convenios OIT, entre otras exigencias.

Desde otro ámbito de representación, la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE) destacó la importancia de que los líderes sindicales de los países del Mercosur se involucren en esta temática. En ese sentido, su Presidente, Julio Fuentes, señaló: “Desde hace años los estatales de la región venimos siguiendo la evolución de distintas iniciativas de libre comercio. Si el acuerdo Mercosur-UE va por ese lado hay que estar alertas. Estas negociaciones cada vez se vinculan menos con el comercio y más con restringir la capacidad estatal para regular la economía, impulsar el desarrollo y promover servicios públicos que garanticen los derechos de los pueblos. Y lo peor es que se negocian en secreto, se ratifican sin conocer su contenido y luego salir de ellos tiene altísimos costos”.

Julio Fuentes, presidente de la CLATE

 

El Mercosur en su laberinto

El proyecto de integración regional creado en 1991 de la mano de los gobiernos ultraliberales de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay parece volver a su senda de origen, pero sin las expectativas ni entusiasmo que lo vieron nacer.  Con el comercio intrazona estancado y un complicado escenario externo, la unión aduanera no encuentra grandes salidas hacia adelante.  La suspensión de Venezuela, que desde su incorporación al bloque rechazó formar parte de un acuerdo con la UE, impide contar con un observador capaz de matizar el fundamentalismo de sus socios fundadores.

Al mismo tiempo, los gobiernos argentino y brasileño cierran filas ante un acuerdo que promete primarizar aun más las economías del sur. El regreso de Paraguay en 2014, luego de la suspensión de ese país ante el golpe institucional  al presidente Lugo dos años antes, no hizo más que profundizar “el retorno a las fuentes originales del Mercosur en el campo de los temas económicos”, como supo expresar su canciller durante la presidencia pro témpore guaraní.

Por su parte, el progresismo residual uruguayo, que en el campo diplomático no resulta progresista, pareciera el más interesado en las negociaciones extrazona y en matizar –cuando no directamente abandonar- la resolución 32/00 que impide a los socios negociar individualmente con terceros. Lejos de cualquier idea de “patria grande” la experiencia más avanzada de integración sudamericana camina decidida por la senda del pragmatismo neoliberal.

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