Por Inés Hayes I Esta semana los medios de todo el mundo dijeron que en Venezuela estaba teniendo lugar un golpe de Estado. Fue una operación mediática más para desarmar a la revolución bolivariana, con el claro objetivo de convocar a elecciones y destituir al presidente Maduro. En diálogo con Canal Abierto, Luis Bilbao, periodista, escritor y director del portal de noticias América XXI, quien además participó de la formación de cuadros del PSUV, profundiza sobre las mentiras que montan los medios y el rol de la OEA al que Bilbao caracterizó, parafraseando al Che Guevara, como el Ministerio de Indias.

 

-Queríamos que nos contaras un poco cuál es la situación que se está viviendo en Venezuela, lo que estuvo pasando estos últimos meses en relación a los ataques al gobierno de Maduro y a la revolución bolivariana en general

-Es un panorama difícil, pero yo no sería pesimista en cuanto al curso de los acontecimientos. Lo que ocurrió el martes en Venezuela es simplemente una manifestación de la realidad estructural y permanente desde hace muchos años. Una manifestación de una oposición muy dispersa, muy dividida y muy minoritaria, débil, también muy violenta. Y al mismo tiempo una movilización muy grande del conjunto de la población venezolana que responde a la perspectiva de continuidad de la revolución bolivariana. El gobierno tuvo el buen tino de impedir que esas dos manifestaciones que debían converger supuestamente ante la Asamblea Nacional no pudieran llegar. Porque si hubieran llegado, en este momento estaríamos hablando de mucha violencia y probablemente de muchos muertos. Eso se evitó y es una victoria más de la perspectiva implementada por el gobierno de Nicolás Maduro

-¿Por qué se llega a esta situación?

-Es tan grande la distorsión de los medios comerciales que puede parecer muy pesado, muy farragoso lo que yo tenga que explicar antes de responder a tu pregunta. Es fundamental esta explicación previa, porque la idea es saltar este cerco mediático que nos imponen. Hubo una avanzada contra Venezuela a comienzos de la semana pasada que tuvo sus expresiones más claras en los intentos de declararla fuera del marco democrático de la OEA, o sea aplicarle la carta democrática de la OEA. Esto se planteó el lunes y el martes y tuvo dos rotundas pero muy rotundas derrotas de EEUU, por supuesto no explicitadas por la prensa, porque todo lo articulaba Estados Unidos a través del Secretario General de la OEA (Luis Almagro), a quien yo prefiero llamar como algunos de ustedes saben “el malinche uruguayo”: un perfecto traidor, a su historia, a su clase, a su pueblo, en función de subordinarse de manera vil al patrón imperialista como lo hizo muchos años atrás malinche. Entonces tuvieron una derrota espantosa y sin embargo tuvieron la capacidad de dar vuelta la situación en menos de 24 horas. Proclamaron algo que venía desarrollándose en Venezuela desde hacía varios meses, que es el conflicto de poderes entre la Asamblea Nacional y el Supremo Tribunal de Justicia, convirtiéndolo en un golpe de Estado. Pero todo lo que había hecho el Supremo Tribunal de Justicia, menos algunos detalles finales, estaba hecho ya semanas anteriores y no habían sido calificados de ninguna manera como un golpe de Estado, entre otras cosas porque no lo era

Luis Bilbao, director de América XXI

-¿Y qué pasó en la OEA?

-Pero cuando tuvieron esta tremenda derrota en la OEA, Estados Unidos, Almagro y los 15 países que intentaron aplicar la carta democrática, entre los cuales estaba por supuesto y para la vergüenza de todos nosotros el gobierno argentino, dieron vuelta la situación y en cuestión de horas la prensa de todo el mundo apareció hablando de un golpe de Estado en Venezuela. Seguramente ustedes son muy jóvenes y no lo recuerdan, no lo vivieron pero hace 14 o 15 años, hubo un golpe de Estado en Venezuela

-Sí, lo recordamos

-El 11 de abril de 2002 hubo un golpe de Estado en Venezuela y si ustedes abrían el 12 a la mañana los diarios de todo el hemisferio, no hubieran encontrado ningún titular hablando de un golpe de Estado en Venezuela. Mientras tanto Chávez había sido secuestrado, se había derogado la Constitución, se había cerrado el Parlamento, se había aprisionado a miles y miles de personas, en fin, un golpe de Estado brutal y ningún diario del hemisferio tituló con ‘golpe de Estado en Venezuela’. Incluso diarios que se suponían progresistas publicaban artículos de un socialdemócrata prominente en Argentina, el señor Terragno, que explicaba por qué Chávez no podría seguir y debía ser reemplazado. El artículo fue escrito el día 12 pero fue publicado el día 13, y el día 13 ya todo se había dato vuelta. Chávez empezaba a ser restituido en su poder, las masas habían salido a la calle y entonces los diarios empezaron a descubrir que algo raro había pasado en Venezuela. Hace 15 años de esto. Nadie habló de golpe de Estado cuando había un brutal golpe de Estado militar y civil contra el presidente Chávez. Hace cinco días que no hubo absolutamente en ningún sentido un golpe de Estado, pero toda la prensa del hemisferio habló de un golpe de Estado

-Ahí podemos ver cómo se manipula la información de acuerdo a los intereses de los medios de comunicación, que pareciera que, en relación a Venezuela tienen, muchos intereses

-Claro, pero en otras épocas los intereses eran defendidos con ideas y un mínimo de respeto por la razón, la verdad y la hidalguía de una persona que defiende una idea. Pero hoy, el nivel de letanía que los medios y, obviamente para desgracia de ellos que son mis compañeros en última instancia, de los periodistas que aceptan hacer este tipo de cosas, es algo que no tiene precedentes. No tiene precedentes porque han pasado cinco días en el hemisferio completo y en buena parte del mundo (con epicentro en España), con denunciar un golpe de Estado que jamás existió. Y mucho menos se puede defender semejante idea cuando es el propio presidente el que llama a un Consejo de Seguridad en esta situación. El Consejo de Seguridad se reúne, le recomienda por una interpretación táctica al Supremo Tribunal de Justicia que no aplique a fondo la última decisión que consistía en impedirle, no ya en impedirle (porque le había impedido hace tiempo a la Asamblea Nacional que no aplicara sus decisiones), algunas decisiones imperativas. El Supremo Tribunal de Justicia admite esto, y vuelve todo a foja cero y el país sigue absolutamente normal , como puede ver cualquiera que haya querido sencillamente mirar la realidad. Por el contrario, quedó ratificada la idea de que esos cinco poderes que hay en Venezuela (a diferencia de los tres tradicionales de la democracia burguesa) tengan un compromiso político con uno u otro lado, pero se manejen en función de la Constitución

-¿Son sólo los medios los que manipulan la información?

El domingo, después de que todo esto había ocurrido, en las misas de todo el país (Venezuela es un país muy católico), los sacerdotes de la inmensa mayoría de las iglesias leyeron un comunicado que además fue impreso y distribuido masivamente como un volante de una organización militante, que decía nada más y nada menos que era necesaria la desobediencia civil. O sea, estaban llamando  a la insurrección contra el Gobierno. En función de esto, el martes se hizo una marcha de la oposición y por supuesto el Gobierno había llamado a una movilización de las fuerzas revolucionarias y el resultado es el que les dije al comienzo de esta charla. Esta es la realidad de lo que ha pasado, pero nos muestra muy claramente, en primer lugar, la capacidad de reacción que tiene el Gobierno de Estados Unidos, la capacidad de presión que tiene sobre gobiernos débiles, títeres del resto del continente, y la decisión terminante, definitiva, irrevocable, de impedir la marcha de la revolución bolivariana. Es decir, de impedir la marcha de la democracia. Ustedes piensen simplemente en esto: una de las exigencias que pretendían imponer el lunes y martes de la semana pasada y que intentaron impulsar en el Consejo Directivo de la OEA, era que hubiera elecciones inmediatas en Venezuela. Elecciones presidenciales, que por la Constitución deben ocurrir a fines de 2018. Se pretendía justamente que se adelantaran las elecciones presidenciales, es decir, que renunciara Nicolás Maduro. Nada menos que esto es lo que está en juego. No tienen el más mínimo pudor

-¿Podés detallar con precisión que  pasó en la OEA?

-Por si alguien no lo sabe déjenme explicar esto también: el lunes Bolivia asumió la presidencia temporaria de la OEA. Bolivia naturalmente se opuso al intento de once países, entre los cuales de nuevo estaba Argentina, para tratar la exigencia ésta a Venezuela. El centro de eso era la realización inmediata de las elecciones. Y como el presidente boliviano de la Asamblea se negó a hacer esa reunión que además era inconsulta, no estaba preparada, no estaba citada, no tenía ningún tipo de fundamento institucional lógico, qué hicieron: cambiaron al presidente, que había asumido a la mañana; a la tarde volvieron a hacer una reunión y 17 de los 34 países  designaron como presidente al representante de Honduras, hicieron la reunión y sacaron la resolución. La votaron la mitad de los 17 que estaban presentes. Entre ellos, siempre, el Gobierno de Argentina. Pero fíjense: han violado completamente la institucionalidad de ese engendro maléfico y malévolo que es la OEA y violando su propia institucionalidad cambiaron al presidente en menos de seis horas para poder aplicar esta línea que por lo demás no les sirvió absolutamente de nada. Entonces este es el cuadro en el que la OEA muestra una vez más para quienes no lo supieran, no conozcan la historia, no la hayan vivido por ser jóvenes o no lo hayan estudiado porque no es lo que habitualmente se estudia, pero el historial de la OEA es absolutamente nefasto, desde antes de que en 1962, Ernesto Guevara la enunciara como ‘Ministerio de Indias’ en una Asamblea General de la OEA en Montevideo

-Sí, tiene su historial la OEA

-Una historia nefasta, yo creo que a esta altura, si los gobiernos componentes del ALBA consideran que tienen la relación de fuerza suficiente deberían directamente retirarse de la OEA. Hay que acabar con ese organismo que ha sido ‘el Consejo de Indias’ en la época imperial de los españoles