Redacción Canal Abierto | El INDEC informó ayer que durante el primer año de gestión de Mauricio Macri se cerraron 4462 empresas y se perdieron 68.314 puesto de empleos formales en el ámbito privado.

Los sectores que más trabajadores echaron fueron los de la construcción (-8%), la minería (-6,9%) y la industria manufacturera (-3,9%), en contraposición a la industria del agro (+2,2%) y servicios públicos (+1,9%). En Tierra de Fuego se registró la caída más estrepitosa del empleo (12,8%), seguida por Santa Cruz (9,9%) y San Luis (7,3%).

La retórica expectante de los funcionarios del Gobierno respecto al crecimiento de los puestos de trabajo y las inversiones, lejos están de un dato duro de la realidad económica. El martes pasado, el presidente del Banco Central, Federico Sturznegger, ratificó el engranaje de la bicicleta financiera que ofrece al capital más renta en la timba que en la inversión productiva.

Este dispositivo es característico del enfoque denominado monetarista, que entiende que la inflación crece con más pesos en la calle. Para contener a aquella, su lógica indica que tiene que absorber los pesos circulantes para reducir el consumo. ¿Cómo lo hace? Atrae al capital con tasas de interés mayores a la inflación y un dólar estable. Es decir: le asegura al inversor que no correrá riesgos de que se licúe el capital.

Sturznegger fijó la tasa de pases (empleada en operaciones entre bancos) en un 26,25% y las LEBAC (Letras del Banco Central) en un 24,25%. Ambas se ubican por arriba de la proyección inflacionaria de consultoras privadas y más aún del objetivo oficial, ratificado en el 17%.

La bicicleta financiera o carry trade (como gustan denominar los hombres y mujeres de negocios) representa un trazado escabroso: ¿Cómo van a crecer las inversiones productivas y el empleo si para el capital es más rentable la inversión financiera? Sólo uno de cada cinco dólares ingresados al país va a parar a la economía productiva, informó el mismo Banco Central en marzo pasado.

“El mercado interno sigue deprimiéndose, porque da lugar a la inversión financiera más que productiva. Por otro, seca la plaza: pone un freno de mano a la economía. Esto demuestra claramente que no les ha ido bien por ese rumbo. No es la forma en la que se debe combatir la inflación”, aseveró días atrás José Urtubey, vocal de la Unión Industrial Argentina.

La luz del túnel que Gabriela Michetti avizoró el año pasado pareciera ser cada vez más invisible. La gran apuesta del gobierno, que es la obra pública, exige un nivel de endeudamiento que sólo se cubre con más deuda. Y también, con una reforma tributaria que flexibiliza condiciones de empleo.

Precisamente, desde Casa Rosada dejaron trascender que el ministerio de Hacienda y el de Trabajo se encuentran diseñando un proyecto que reduce las contribuciones patronales, el impuesto al cheque y Ganancias. Un combo regresivo que se pondría en marcha luego de las elecciones, con la legitimidad mayoritaria que estas le otorguen. O no.

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