Redacción Canal Abierto | “Nunca más un genocida suelto” fue la consigna que quizás mejor sintetizó la masiva convocatoria que tuvo epicentro esta tarde frente a la Casa Rosada, que se estima reunió a 500 mil personas.

Desde temprano organismos de derechos humanos, partidos políticos y movimientos sociales concentraron en distintos puntos del centro porteño para luego marchar a la histórica plaza, que ya para las 17 –una hora antes de la convocatoria– desbordaba de gente.

A esa hora la columna sobre Avenida de Mayo ocupaba las diez cuadras que separan el Congreso de la Plaza de Mayo, donde no cabía ya un alfiler. Y los trenes y subtes llegaban repletos en dirección al centro porteño.

Como cada 24 de marzo, el clima reinante era de alegría. Pero una alegría que de a ratos se percibía como euforia. Es que a esa altura del día ya no se trataba únicamente del repudio al bochornoso fallo de la Corte Suprema, sino también la efusiva sensación de haber doblegado al único poder del Estado que continúa indemne desde el retorno de la democracia. Cada uno de los presentes tenía conocimiento de la media sanción en Senado de una Ley que excluye del beneficio del 2×1 a los autores de crímenes de lesa humanidad (la iniciativa había obtenido ayer la media sanción de Diputados).

Desde el escenario, los oradores anunciaban las adhesiones al acto unitario que trabajosamente alcanzaron los organismos de derechos humanos. Decenas de organizaciones de todo tipo y referentes de la cultura adscribían.

Fueron cuatro las oradoras que dieron lectura por partes al documento único. La primera en hablar fue Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, que celebró la distribución gratuita de pañuelos blancos entre los manifestantes. Un hecho conforme a la decisión orgánica de Madres. “Por qué no”, dijo Almeida. “Si los pañuelos son el símbolo de los 30 mil desaparecidos”.

Luego, Nora Cortiñas, también de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, fue la más exultante. Se dirigió a los presentes en la plaza como “hijos e hijas”, y clamó justicia por los niños, madres, familiares, desaparecidos y muertos. Nombró a cada uno de los genocidas más conocidos, a quienes los manifestantes les dedicaron un “asesino”.

También hizo uso de la palabra Lita Boitano, de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, antes que cerrara el acto Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo, que tras el fallo de la Corte valoró la reacción firme de la sociedad, las decisiones en sentido contrario de varios tribunales menores y el límite que le impuso hoy el Congreso de la Nación.

Por último, la Abuela dejó asentado, casi como un testamento de herencia, que las Madres no están solas, sino acompañadas de organizaciones de diversos signos partidarios y políticos, de un pueblo más fuerte y comprometido.

Desde abajo, miles y miles de pañuelos blancos se alzaron al grito de “señores jueces: Nunca Más”.

La jornada, encabezada por Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y Abuelas de Plaza de Mayo, tuvo a gran cantidad de independientes y el acompañamiento de una multiplicidad de organizaciones como el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, la CGT y las CTA, los movimientos sociales, el FIT, el Frente Popular, Libres del Sur y el FPV, entre tantos otros.

Un país, la misma voz

La impactante movilización porteña tuvo correlatos en cada provincia, con multitudinarias concentraciones en Rosario, Córdoba, La Plata, Mendoza, Salta, Bahía Blanca, Ushuaia, entre otras ciudades y pueblos de la Argentina.

Hubo movilizaciones en México DF, París, Madrid, Barcelona y Roma.

 

*Fotos @dicoluciano