Redacción Canal Abierto | La fecha, 25 de mayo. El escenario, la Catedral de Buenos Aires. Los invitados, presidentes de los poderes del Estado: Mauricio Macri, Federico Pinedo (Senado), Emilio Monzó (Diputados), Ricardo Lorenzetti (Corte Suprema), además del gabinete nacional entero. La fiesta, el Tedeum. El protagonista, Mario Poli, arzobispo de la ciudad. Su homilía: que la Virgen de Luján “ayude a gobernantes y pueblo a ser fuertes en la adversidad, superando la confrontación que nos roba la esperanza y a buscar por el fecundo y arduo camino del diálogo un consenso creativo tan necesario para el progreso de nuestra Nación”.

No sólo dijo eso el primado católico. También expresó que no “podemos ser portadores de la alegría largamente esperada por los que menos tienen en la Argentina, si logramos que la solidaridad de muchos triunfe sobre la mezquindad de pocos”. ¿Un tiro por elevación a los globos amarillos y las políticas impulsadas por quienes los inflan?

En diálogo con Canal Abierto, el ex embajador en el Vaticano Carlos Custer aseveró que Mario Poli fue consecuente con los documentos de la Pastoral Social y la Conferencia Episcopal Argentina.

“La grieta más grave es la que produce la desigualdad, el 32,9% de pobreza, los 2 millones y medio de pobres, la desocupación, la droga”, dice Custer, dirigente histórico de ATE y la CTA. “No haría una lectura de dobles intenciones. Poli es un pastor, no un político”, agrega el ex funcionario, de relación fluida con la Iglesia argentina.

Ayer también, Milagro Sala dio a conocer una carta que recibió escrita de puño por el Papa Francisco. “Sé que el momento por el que está pasando no es fácil. Me he informado de algunas cosas y comprendo su dolor y su sufrimiento. Quiero asegurarle que la acompaño con mi oración y los deseos de que todo se resuelva bien y pronto”, se lee en la misiva.

El mensaje papal fue escrito el 5 de mayo pasado, en respuesta a una carta de Sala en que la dirigente detalló el “acoso y hostigamiento” que sufre en el penal de Alto Comedero de Jujuy, donde está presa desde enero de 2016.

La relevancia del accionar de Francisco no es menor, teniendo en cuenta la ira que genera en el Gobierno nacional y el de Gerardo Morales, y en vísperas de una resolución que debe adoptar la Corte Suprema sobre el caso.

“El de Francisco es un gesto, un acercamiento, porque es grave que Milagro Sala esté en prisión: la detuvieron con presunción de fugarse, antes de juzgarla. Hay una venganza política y racial”, aseguró Custer.

Como contrapeso a las manifestaciones “progresistas” de los obispos católicos, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, disparó ayer con munición gruesa contra la ley sancionada días atrás por la legislatura bonaerense, que obliga a las publicaciones oficiales a consignar que la dictadura de 1976 fue “cívico militar” y que los desaparecidos son “30 mil”.

“Se impuso un número mágico que hay que sostener acerca de las víctimas de la crueldad de la última dictadura”, sentenció Aguer, quien además cargó contra el jefe de Gabinete Marcos Peña, por salir a cuestionar el fallo de la Corte en relación al 2×1.

El primado dijo que “nuestra república no está muy sana”, porque lo de Peña es “una invasión a otro poder”. ¿No habrá intentado revestir con republicanismo su desacuerdo con el contenido del fallo?

“Me cuesta entenderlo. Si bien Aguer siempre defendió posiciones ortodoxas, esta declaración es extemporánea. No tendría que haberse pronunciado. Es un error que quizás le cae a toda la Iglesia, cuando es una opinión muy personal”, opina Custer.

Del mismo modo, el ex embajador criticó el llamado a la reconcialiación de la Confererencia Episcopal Argentina, entre víctimas del terrorismo de Estado y familiares de victimarios. “Fue desafortunada la palabra reconciliación, porque para muchos es sinónimo de impunidad. Pero no fue sólo un error de comunicación: lo que se hizo no estuvo bien”.