Por Inés Hayes |

-¿En qué estado está hoy el neoliberalismo en América Latina?

-No se le escapa a nadie que América Latina está viviendo una ofensiva neoliberal que con el triunfo de Macri y el golpe parlamentario en Brasil afirmó su peso, un peso que ya tenía en la región: México, Colombia, Perú, en cierta medida Chile, nunca abandonaron el modelo neoliberal. Estamos en el marco de una ofensiva pero también de un nuevo ciclo de luchas y conflictividad social, en un contexto donde el triunfo de Trump en Estados Unidos implica un renacer de la agenda de Bush de militarización y de profundización de las recetas neoliberales

-¿Cuáles son las novedades que trae el Gobierno de Trump?

-El gobierno de Trump tiene una agenda centrada en detener la profundización de la globalización de los tratados de libre comercio, pero eso no implica una ruptura del neoliberalismo. Porque el neoliberalismo no es sólo libre comercio, implica una concentración del ingreso y de la riqueza a escala global, además del desmantelamiento de las políticas públicas y sociales y una nueva relación entre Estado y sociedad civil, y en ese sentido Trump no implica un cambio sino una profundización. Hay que recordar que esto no es nuevo, cuando fue la crisis de la hegemonía neoliberal hace más de una década atrás en la región, con el surgimiento de nuevos movimientos sociales y la aparición de gobiernos progresistas, aún en ese período hubo partes del continente que mantuvieron las políticas neoliberales con un cambio, fue lo que algunos investigadores llamaron neoliberalismo de guerra, claramente el caso colombiano y mexicano donde los procesos de pauperización social vinieron de la mano de la militarización y de la acción punitiva del Estado, de la instalación de un Estado de guerra social

-¿Qué papel juegan hoy las resistencias?

-Resistencias hay muchas, lo hemos vivido en Argentina sobre todo en el mes de marzo con enormes movilizaciones y creciente conflictividad social, también en Brasil hay un conjunto de resistencias sociales que retoman en parte toda una programática que no se abandonó en la región y que nos remite al gran ciclo de luchas de fines de los ‘90 y principios de los 2000, pero  también tiene condimentos nuevos y esta es la perspectiva esperanzadora. No hay que perder de vista estos procesos que están muy presentes en la realidad latinoamericana. Aun en México donde la violencia es cotidiana y donde hay centenares de miles de muertos y desaparecidos, hay resistencia y tentativas de construir puntos de articulación

-¿Cómo puede leerse la situación en Venezuela?

-La Venezuela Bolivariana viene sufriendo un proceso de desgaste, una estrategia de golpe suave con ahogo económico y desestabilización y una creciente violencia desplegada por las fuerzas de la  oposición que buscan las condiciones para una intervención  o una salida de ruptura institucional. Pero aun en ese contexto, el Gobierno se sigue sosteniendo con el apoyo de parte de la ciudadanía. Todo lo que está pasando hoy en el continente tiene que ver también con la crisis del modelo extractivo exportador que se consolidó en la región en la década del 2000 en un ciclo del boom de los comoditties o materias primas y la caída internacional de los precios de estos bienes ha implicado una caída económica que ha sabido aprovechar el poder económico y la derecha. Pero hay una paradoja porque el modelo extractivo exportador es una construcción del modelo neoliberal y su propia crisis es usada para reponer o dar nuevas fuerzas a la ofensiva neoliberal. El neoliberalismo no puede desplegarse sin violencia, sin violencia por parte del Estado. Por eso la bandera del cambio es la bandera de la paz, de la construcción de una sociedad justa e igualitaria.