Redacción Canal Abierto | Jorge Marcelo Faurie, quien acaba de ser nombrado canciller en reemplazo de la renunciante Susana Malcorra, ha sido promocionado por el oficialismo y varios medios de comunicación como un “diplomático de carrera”. Tal planteo responde a lo que el macrismo pretende mostrar como un golpe de timón en relación a la gestión kirchnerista, al nombrar funcionarios con méritos técnicos y libres de afinidades partidarias.

Pero, ¿quién es Faurie? La carrera del diplomático que actuó como jefe de protocolo durante la complicada transferencia de mando del presidente Mauricio Macri -acto por el que se ganó su simpatía y la Embajada de Francia-, se remonta a la presidencia de Carlos Saúl Menem, cuando en la segunda mitad de la década del 90 fue nombrado director nacional de Ceremonial de la Cancillería, cargo al que renunció en junio de 1997.

Para 2002, ya bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, Faurie fue designado jefe de gabinete del entonces canciller Carlos Ruckauf. El equipo de Cancillería por entonces se completaba con otro nombre que también forma parte del Gobierno de Cambiemos: Diego Guelar, el actual embajador en China y uno de los referentes del PRO en política exterior, fue designado por Ruckauf embajador en los Estados Unidos. Martín Redrado, actual asesor económico del Frente Renovador, ocupaba la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales.

Faurie ya venía trabajando con Ruckauf en la provincia. Como Ruckauf viajaba mucho, el actual canciller era quien le garantizaba el funcionamiento diario de la Cancillería. Incluso, hay quienes afirmaban que el ex gobernador bonaerense –amparado en cierta abulia que le producía el cargo- delegaba en él la mayor parte de sus tareas.

Sin embargo, fue nombrado repentinamente embajador en Portugal, puesto que conservó por nueve años. Las especulaciones sobre su designación fueron diversas. En la Cancillería, atribuyeron su salida a que en el gobierno duhaldista no había caído nada bien enterarse de que Faurie le había renovado por cinco años el pasaporte diplomático al secretario privado de Carlos Menem, Ramón Hernández, poco antes de que el menemismo dejara el gobierno. En teoría, Hernández debía devolverlo, porque los funcionarios pierden ese derecho al dejar el cargo, pero no lo hizo.

Cuando al poco tiempo comenzaron las denuncias acerca de la existencia de cuentas bancarias en el exterior y sociedades comerciales en nuestro país de Menem y de Hernández, Faurie quedó en el ojo de la tormenta. Poco después, la Oficina Anticorrupción (OA) lo denunciaría ante la Justicia por haber cometido “omisión maliciosa de datos” al haber dejado fuera de su declaración jurada una sociedad que compartía con el propio Hernández en la empresa Costes SRL. La investigación de la OA, según la denuncia, también determinó que según un informe de la AFIP “surge que la provincia de Santa Fe informó que Faurie sería titular de dos terrenos, los que tampoco estarían mencionados en su declaración jurada patrimonial y financiera”.

El delito del que se lo acusó preveía una pena de hasta dos años de prisión e inhabilitación absoluta para ejercer cargos públicos, y quedó a cargo de la jueza federal María Servini de Cubría. Actualmente, el expediente se encuentra archivado y  no avanza desde 2013.