Redacción Canal Abierto | Para el gobierno nacional, cada visita de un jefe de Estado se presenta como la oportunidad de reflotar el axioma “Argentina volvió al mundo”, sobre todo cuando se trata del líder de un país de peso en el concierto de las naciones. Tales fueron los casos del presidente de Italia Sergio Mattarella (mayo 2017), y los por entonces mandatarios de Francia François Hollande (febrero 2016) y de Estados Unidos Barack Obama (marzo2016). Ésta, la visita de la Canciller de la mayor potencia industrial europea, no es la excepción.

La líder de la Unión Democrática Cristiana (UDC) llegó a Buenos Aires hoy con una agenda oficial que incluirá acordar los preparativos para el traspaso de la presidencia del G20 a manos de Argentina -que ejerce Alemania hasta el cónclave de julio-, la profundización de las relaciones bilaterales y entre los bloques Mercosur- Unión Europea, y el debate de acuerdos comerciales y tecnológicos.

No obstante, todo pareciera indicar que el encuentro entre Macri y Merkel tendrá mucho de protocolo y dejará pocos anuncios contundentes. Es que según la opinión de especialistas, el Gobierno estaría lejos de alcanzar uno de los objetivos principales que hace tiempo desvela a los economistas PRO: la firma de un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, acuerdo trabado desde hace más de diez años.

“En la actualidad el Mercosur no interviene como órgano de integración regional real en materia económica, y esto se expresa en que hoy Brasil no tenga voluntad de protagonizar un impulso al acuerdo entre ambos bloques económicos. Y como contraparte están los intereses proteccionistas de Francia respecto de su industria agrícola”, analizó Jürgen Vogt, corresponsal en Argentina del diario Die tageszeitung (más conocido como “el TAZ”), en declaraciones a Canal Abierto.

No es un dato novedoso que el país galo sea reticente a políticas de libre ingreso de productos agrícolas, un reclamo que el propio Macri ya había expresado a Merkel durante una visita que realizó al país teutón en julio de 2016.

En este sentido, resulta oportuno cuál es el escenario regional que trae a la Canciller alemana por estas tierras. “Por su poderío económico e industrial, desde hace tiempo que Brasil es quien encabeza la orquesta del Mercosur”, opinó Jürgen Vogt. La crisis político-social que atraviesa el país carioca es un factor de peso a la hora de entender por qué la diplomacia germana elige visitar la Argentina, socio comercial menor detrás de Brasil y México (próximo destino de Merkel).

Otra de los ejes sobre el que se hará foco es la cuestión medioambiental, consecuencia del impacto provocado tras el anuncio que días atrás hiciera Donald Trump. La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París (2015) significó un nuevo cimbronazo en términos geopolíticos, que se suma las sucesivas e histriónicas declaraciones que ya caracterizan al presidente norteamericano (fue públicamente muy crítico del vínculo comercial con Alemania).

“Ni el gobierno de Macri ni las anteriores administraciones fueron aliados en la lucha contra el cambio climático, muestra de ello fue la intensificación de la desforestación y el modelo agroextractivista que destruye la capacidad de absorción de los suelos, entre otros temas. Seguramente se va a intentar utilizar este tema para, por un lado, darle un sentido estratégico al encuentro, y por otro intentar incidir en una región donde históricamente prevaleció la influencia estadounidense”, explicó el corresponsal del diario “TAZ”.

Por último, el encuentro entre los dos mandatarios también podría servir de excusa para resolver una “deuda” pendiente del Estado argentino para con Bayer, el gigante farmacéutico que a fines de 2016 adquirió por 66 mil millones de dólares a la multinacional Monsanto. Esta megaoperación –para tomar noción, las reservas del Banco Central de Argentina alcanzaron en abril los 52.689 millones de dólares, y el PBI anual uruguayo es de poco mas de 57 mil millones- se suma a la fusión entre Dow y Dupont y a la adquisición de Syngenta por la china ChemChina. Se trata de una reconfiguración del mapa global de agroquímicos que dará lugar a tres empresas que manejarán el 63% del mercado de agroquímicos.

La transacción ya fue aprobada por accionistas y directorios de las empresas, pero resta que las autoridades regulatorias de cada país donde Bayer tiene presencia aprueben la fusión. Argentina y Brasil, por dar un ejemplo, son algunas de las naciones donde todavía no se comunicó al visto bueno, aunque son muchas las fuentes que indican no pasaría de fines de este o principio de 2018.

La última visita de un Canciller alemán fue en 2002, durante el gobierno de Eduardo Duhalde. No es menor que la visita de Angela Merkel se dé en este momento político, con un gobierno como el de Cambiemos que clama a viva voz por la llegada de inversiones. Y si bien la lluvia de dólares no pareciera verse en el horizonte, se trata de un gesto político de cierto peso en un año electoral y el respaldo por parte de una jefa de Estado de corte conservador (la UDC, Unión Democrática Cristiana, es una derecha moderada) para con un Gobierno cortado con la misma tijera.

Una relación comercial desigual
La balanza comercial entre ambos países tuvo un saldo negativo para la Argentina de más de 1.258.283 millones de dólares en 2015. Al igual que sucede con gran parte de los países industrializados, el nuestro exporta a Alemania materias primas con poco valor agregado: durante el periodo en cuestión figuran a la cabeza la carne con el 15,8% del total de exportaciones y oleaginosas con el 13,1%. Como contraparte del vínculo dependiente, en las importaciones de origen teutón preponderan los bienes de capital (20,5%), automóviles (21,6%), productos e insumos farmacéuticos (10%), productos químicos (9,2%) y electromecánicos y electrónicos (7,7%).