Redacción Canal Abierto | Ernestina Herrera de Noble, directora y propietaria del Grupo Clarín, murió esta mañana a los 92 años, menos de un mes después de haber sido beneficiada con un sobreseimiento intermedio en la causa que investigaba la apropiación irregular de la empresa Papel Prensa durante la dictadura.

La llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada le significó al multimedio y a sus dueños y socios una gran cantidad de devolución de favores en tiempo récord. El 24 de mayo de este año la Cámara Federal porteña había confirmado la interrupción del procesamiento en su contra por delitos de lesa humanidad cometidos para quedarse con la única empresa productora de papel para diarios en 1977, junto a los dueños de La Razón y La Nación. También estaban procesados Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre. La causa aguardaba una apelación para llegar a una instancia superior.

El año pasado también había sido sobreseída en la causa abierta en 2002, que investiga la adopción irregular de sus hijos Marcela y Felipe en 1977, que durante años, luego de sortear interminables maniobras de dilación, intentaba determinar si los jóvenes apropiados eran hijos de desaparecidos víctimas del terrorismo de Estado.

Prensa antiobrera

Desde el fallecimiento de Roberto Noble, fundador del diario en 1969, Ernestina se convirtió en directora del medio y junto a su lugarteniente Héctor Magnetto, hicieron de la compañía un imperio multiempresarial que nunca pararía de crecer, y en el que reinarían las prácticas antisindicales. En el Grupo y desde entonces, nunca se reconoció a ninguna comisión interna y cualquier intento de organización laboral fue castigado con despidos, presiones, causas judiciales, y hasta represión policial y desalojos por la fuerza.

El 4 de noviembre de 2000, 117 trabajadores de la redacción de Clarín fueron despedidos por su actividad sindical. Entre ellos se encontraban los diez integrantes de la comisión gremial interna de prensa presidida por la periodista Ana Ale, fallecida en 2005, y todos los miembros de la junta electoral que habían participado del proceso electivo gremial. Desde esa fecha hasta la creación de SiPreBA, en 2015, en la redacción del diario más grande de la Argentina no hubo representación sindical.

Ana Ale murió a los 47 años. Había colaborado en el libro Robo para la corona, de Horacio Verbitsky, y fue la autora de La Dinastía. Vida, Pasión y Ocaso de los Macri (Editorial Planeta). Clarín no informó de su fallecimiento, a pesar de que había sido editora de la sección Economía del diario durante más de diez años.

Su compañero, el periodista y abogado Pablo Llonto (autor del libro La Noble Ernestina sobre la vida de Ernestina Herrera de Noble), también fue uno de los delegados despedidos en el 2000.

En 2004, la imprenta Artes Gráficas Rioplatenses despidió a 119 trabajadores. En 2010, dos fallos judiciales (primera y segunda instancia) ordenaron su reincorporación, pero la empresa no cumplió. Delegados de los trabajadores realizaron huelgas de hambre y distintas medidas de protesta, al tiempo que denunciaron ser víctimas de intimidaciones por parte de la empresa a través de patovicas contratados.

José Carbonellí trabajó en Canal 13 desde 1983 hasta 1996, cuando fue despedido por su actividad gremial. Es autor del libro El robo impune que enriqueció a Clarín,

y recuerda a Canal Abierto: “Cuando llegaron ellos, en 1990 nos congelaron el salario en negro y despidieron a 500 trabajadores. Ellos lo apoyaron a (Carlos Saúl) Menem en la campaña y Menem les entrego el canal”

Carbonelli le ganó tres juicios al Grupo: uno por discriminación sindical en Canal 13, otro por una deuda con los trabajadores y el tercero por un despido en un canal de cable. Y en base a su experiencia personal y a sus investigaciones y denuncias, asegura que “están en contra de la agrupación gremial”. “Cuando tienen delegados que responden a sindicatos complacientes es distinto, pero cuando hay delegados que defienden a los trabajadores como lo que hice yo, que convoque a asamblea, por unanimidad definimos los paros, paramos el canal durante cinco días, levantamos el paro y seguimos con las denuncias, ellos los siguen a muerte hasta que los despiden o le hacen alguna otra cosa”.

La última embestida fue el 7 abril de 2017 cuando, con orden judicial en mano, un fuerte operativo de Policía, Gendarmería y cuerpos espaciales amenazó a los trabajadores despedidos ilegalmente en diciembre, que debieron dejar la planta de AGR-Clarín tras 82 días de toma. El gigantesco despliegue de fuerzas de seguridad desembarcó pasado el mediodía en la puerta de la planta Artes Gráficas Rioplatenses, ocupada por los trabajadores que resistían 355 despidos ilegales desde mediados de enero. Finalmente, el Grupo volvió a ganar.

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