Redacción Canal Abierto | Los mercados ardieron ayer luego de que la calificación financiera internacional que otorga la calificadora de riesgo Morgan Stanley (MSCI) mantuviera a la Argentina en la categoría de “mercado fronterizo”. El Gobierno aspiraba a -y alimentaba la expectativa de- pasar a ser “mercado emergente”, una categoría que la Argentina perdió en 2009, cuando la degradaron a la tercera y última jerarquía de una escala que arranca en “desarrollado” y determina gran parte de los flujos de capitales especulativos que podrían llegar.

Como la recalificación no fue, las acciones de empresas argentinas como YPF se desplomaron en Nueva York, al igual que los bonos de deuda. El economista Alejandro López Mieres, especialista en finanzas y miembro del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (Ipypp) dialogó con Canal Abierto, relativizó la importancia de esta calificación, la enmarcó en el mundo especulativo y afirmó que “lo que es bueno para el establishment internacional, para que nos pongan una buena nota, es espantoso para el futuro de la Argentina”.

¿Quién es el organismo que otorga este calificativo?

No es un organismo, estamos hablando de Morgan Stanley. Habría que irse para atrás, a la década del 90 o a la crisis de 2001, para ver en el concepto de “riesgo país” el principal termómetro que usaba el establishment financiero internacional para evaluar a la Argentina.

Entonces, este riesgo país se define como la diferencia de tasa que tiene que pagar la Argentina por sus bonos, a un plazo determinado, respecto de lo que se considera una tasa libre de riesgo, que serían los bonos de Estados Unidos.

A mayor riesgo, nos prestan a una tasa de interés más alta…

Efectivamente. Mauricio Macri asume con el discurso de la vuelta a los mercados internacionales, del regreso al mundo, que son formas elípticas de decir “endeudarse”. El endeudamiento ha sido la principal herramienta de política económica de este gobierno. Lo usa para poder subsanar distintas cuestiones que eran históricas, como los juicios que soportaba la Argentina, pero también para solventar, vendiendo al Banco Central los dólares conseguidos en el mercado, el déficit fiscal y los distintos déficits que van teniendo. Si uno hace un análisis solamente de 2016, Argentina se endeudó en términos netos en 52 mil millones de dólares, y una muy buena parte de eso en bonos.

Ante la expectativa de este flujo potencial de nuevos dólares que iban a entrar en el caso de que recalificaran al país como mercado emergente, las tasas con las que se fueron colocando los bonos argentinos fueron cada vez más bajas. Y se generó una especie de burbuja.

¿Qué hubiera significado ser un mercado emergente?

Que distintos fondos de inversión mundiales especulativos comprarían bonos de Argentina si se subiera esa calificación.

Pero son inversiones especulativas…

Por supuesto. No se trata de inversión extranjera directa ni mucho menos. Y otra cosa: ni siquiera son capitales golondrina que entran a la Argentina, porque todas las colocaciones en moneda dura durante 2016 y 2017 han sido con legislación extranjera y colocados en el exterior.

¿Por qué el dólar subió y el valor de los bonos y las acciones de empresas argentinas cayeron frente a la noticia de que seguíamos siendo mercado fronterizo?

Fue el efecto de pinchar la burbuja. Una especie de cimbronazo en un contexto de marcado optimismo que tenía todo el establishment financiero respecto de esta dinámica de Argentina, que es seguir con el endeudamiento, aumentando ratios de deuda que en el mediano plazo van a pasar a ser impagables.

Ser emergente en lugar de fronterizo ¿es una buena noticia sólo desde una política económica neoliberal?

Es mucho más conveniente, si te vas a endeudar, endeudarte a una tasa barata que a una cara. Pero la pregunta que uno tiene que hacerse es si este endeudamiento tiene sentido, si se está haciendo metodológicamente como debería hacerse aun asumiendo que haya que endeudarse, y cómo son algunas gestiones bastante oscuras que realiza el Ministerio de Finanzas respecto de la colocación.

¿Cuáles son esas gestiones oscuras?

Resumiendo, todas las colocaciones que hizo este gobierno durante 2016 y 2017 las hizo de manera directa a bancos específicos. Antes a seis bancos, el bono a cien años a cuatro bancos. Si uno analiza la tasa a la cual se colocó ese bono y la compara con cuánto cotizaba el bono 48 horas después de la colocación, te muestra que si Argentina hubiera hecho una colocación global, abierta a todo el mundo, podría haber conseguido tasas mucho menores que las que consiguió. Lo que quiero decir con esto es que la conducción económica le regala un negocio fabuloso a los bancos y a sus socios del sistema financiero internacional.

Si los requisitos para subir de categoría son, entre otras cosas, eliminar los límites mensuales para la repatriación de capitales y otras normas que impiden o menguan la especulación financiera, ¿qué tan bueno es ser un mercado emergente?

Esto es bueno para el establishment internacional, para que nos pongan una buena nota, pero es espantoso para el futuro de la Argentina. Porque se queda absolutamente frágil ante cualquier tipo de corrida potencial que pueda haber.