Por Carlos Saglul | Se acaba de editar “El cambio y la impostura”, un ensayo en el que Ezequiel Adamovsky, doctor en Historia por la University College London e investigador del Conicet, indaga sobre  las razones del ascenso del macrismo al gobierno. “Se torna complejo entender cómo la gente creyó que Mauricio Macri podía enfrentar a la corrupción a pesar de su largo prontuario: hacer todo lo contrario en el ámbito privado y público”.

Profesor del Nacional Buenos Aires y la Universidad de San Martín, el autor de “Historia de la clase media en Argentina” habla de la importancia de los medios en el triunfo del Presidente, y analiza a la prensa y su decadencia de los últimos años como una ciénaga donde trastabilla la democracia.

-El PRO trata de establecer un nuevo relato que le permita en nombre del progreso eliminar leyes laborales y sindicatos. Según tu libro, no es el mismo relato del menemismo

-Ellos tratan de sostener políticas neoliberales con un relato diferente al que tuvo Carlos Menem en los ‘90. Acá aparece la figura del emprendedor, que articula la idea de que las personas a través de su formación y esfuerzo pueden llegar a un futuro mejor. Ponen también énfasis en la tecnología.

A diferencia de que lo que pasaba con el menemismo, hablan de una dimensión colectiva dirigida obviamente por el mercado, pero con una pátina menos individualista que la del menemismo.

-Los obreros que se marchaban con retiro voluntario de las empresas privatizadas en los ‘90 también se soñaban empresarios, aunque terminaban poniendo un kiosco

-No es lo mismo. El relato del PRO evolucionó lo suficiente como para entender que los valores de la sociedad argentina repudian un  cambio de esa naturaleza. En este discurso, el Estado tiene un lugar más activo; no abandona a la gente al “sálvese quien pueda”. Por eso, ellos se proponen un gigantesco cambio cultural. Plantean una igualdad social de origen que en realidad lo que hace es legalizar vía meritocracia la desigualdad social. La mayoría del gabinete de Macri no nació precisamente en una villa. La meritocracia, según la cual llegan “los que se esfuerzan”, te permite justificar la enorme pobreza que existe en el país. Una cosa es perder porque no te esforzaste y otra es ser víctima de una distribución inequitativa de la riqueza.

También existió en la campaña del PRO un ocultamiento absoluto de las medidas que pensaban tomar. Se le mintió en la gente de forma absoluta. Hubo una gran complicidad de los medios para mostrar al PRO como algo nuevo, una opción atractiva.

-Convengamos que el kirchnerismo ayudó. ¿Su derrota comenzó cuando perdió la pulseada con los sectores del campo y se congeló toda mejora en el reparto de la riqueza, manteniéndose el financiamiento social con los fondos del Anses?

-La mitad del triunfo del PRO tiene que ver con los errores del gobierno de Cristina Kirchner, que lejos de prometer profundizar las conquistas llamó a conservar lo ganado. Ante eso el PRO propuso “el cambio”. Además miente diciendo que no se perderán las reivindicaciones ganadas. La gente quería seguir cambiando, mejorando…

Se necesitaba mucho esfuerzo para pensar en un candidato puesto de mala gana como Daniel Scioli, como el instrumento de un cambio al servicio de la gente. El PRO notó todas esas contradicciones. Tomó la bandera del cambio que en algún momento había tenido el kirchnerismo.

También ayudó a su triunfo la corrupción y la falta de transparencia. Y el gran límite de la política económica: era flagrante la contradicción de Cristina prometiendo la felicidad del pueblo, al tiempo que se paraba junto a los intereses de los grupos agro-exportadores concentrados y las mineras, responsables a mediano y largo plazo del empobrecimiento de nuestro pueblo, en un escenario internacional con cambios favorables.

Otra gran contradicción fue seguir insistiendo en que el horizonte de la realización popular pasaba por el consumo, en un momento donde la economía estaba en serios problemas.

Igual, se torna complejo entender cómo la gente creyó que Macri podía enfrentar a la corrupción a pesar de su largo prontuario: hacer todo lo contrario en el ámbito privado y público. Aún en la prensa internacional eso es algo que no se logran explicar. El gran misterio es hasta cuándo la gente va a creer que este gobierno viene a traer alguna transparencia sobre los asuntos públicos.

-Llegamos a la parte donde toca hablar de la importancia de los medios de comunicación y la desinformación organizada…

-Sí, es innegable recordar cómo los grandes medios embellecieron al PRO, lo pusieron como garante de  la continuidad de una república que en realidad no estaba en peligro. Sólo se trataba de una elección.

Estoy pasmado de ver el deterioro que sufrió el  periodismo en los últimos años, aún comparándolo con el del resto del continente. No existe el nivel básico de chequeo de la información, no hay un mínimo compromiso con la verdad. Cuesta diferenciar entre un programa de chismes y uno periodístico. Los dos programas más exitosos, el de Jorge Lanata e Intratables son un ejemplo claro.

Lanata le dice ¡fuck you! a los televidentes que no piensan como él. Es decir, clausura cualquier posibilidad de diálogo como forma de presentación de su programa. Presenta informes armados o falsos, como se demostró en estos días. En Intratables los panelistas gritan como en todo simulacro de intercambio de ideas, pero detrás de los gritos se escucha la música editada que hace más confuso todo. Es el triunfo de la imagen por sobre la palabra, frases rápidas que muestran los zócalos. No hay espacio para el razonamiento.

Va a ser muy difícil volver a darle credibilidad a la palabra. Ahora como si fuera lo más normal te pasan en programas que se rotulan como de “investigación” grabaciones tomadas a gente por medios ilícitos, mediante invasión a la privacidad, espionaje. Y nadie dice nada. Parece que fuera normal. Se tratan de métodos mafiosos, no de periodismo de investigación.

Es imposible que una democracia  plena pueda desarrollarse sobre la ciénaga en que han transformado al periodismo de los grandes medios.

-¿Vos sos de los que aclara “no soy K” antes de criticar al gobierno?

-Esta grieta de la polarización, que viene de antes, no te deja otro recurso. Es una manera de tratar de saltar la trampa que le  han puesto a cualquier reflexión no condicionada por esas ideas políticas.

-¿El avance de la derecha no es un fenómeno puramente local?

-Siempre hay olas. Hoy reaparece la derecha, como resultado de las limitaciones de los gobiernos progresistas de seguir profundizando los cambios y poder enfrentar la corrupción interna. No menos importante es la actitud de Estados Unidos, que ha decido recuperar su influencia sobre la región.

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