Por Federico Chechele | Ya pasaron varias elecciones en que los números que los encuestadores arrojaban minutos antes del cierre de campaña no terminaron reflejando lo que realmente sucedió en las urnas. Las consultoras dejaron de ser una herramienta para enriquecer la democracia: hoy todas tienen un cliente y ninguna es inocente.

En el día de ayer, el mundo de la política esperaba encontrar en los diarios de mayor tirada nacional las encuestas que, como viene sucediendo en las últimas elecciones, muestran los sondeos a dos semanas de los comicios. Tanto Management & Fit, la consultora que garabatea para el Grupo Clarín, como Poliarquía, que hace lo propio para La Nación, se llamaron a silencio. Lo más probable es que las mencionadas consultoras hayan hecho los deberes y sean los propios medios los que optaron por no publicarlos.

Se sabe que a la hora de realizar los sondeos, las encuestadoras exhiben los números reales a sus clientes y después los retocan a la hora de ser publicados. El caso de este fin de semana no deja de ser llamativo y tiene una explicación: algunos vaticinan que en la provincia de Buenos Aires –casi el 40% del electorado nacional– el Gobierno aparece en tercer lugar.

¿Cuál es el verdadero rol de las encuestas? En un comienzo fue una herramienta informativa tanto para el electorado como para los partidos políticos con el fin de analizar el voto o profundizar las campañas, según los casos. Pero en los últimos años se transformó en una estrategia para sumar votantes a los candidatos mejor posicionados. Mucho se ha escrito sobre la psicología del votante en la cual se asegura que los llamados “indecisos” suelen definirse por el “ganador”. Un teorema que reviste cierta lógica “oportunista” pero que se contradice con la realidad. El triunfo de María Eugenia Vidal en el 2015 es el mejor de los ejemplos.

Más allá de Management & Fit y de Poliarquía, que en algún momento deberán transparentar los números apostando a la voluntad de sus clientes por sobre la verdad (con el riesgo de quedar expuestos a los resultados finales de las PASO), otras consultoras también juegan a ganador. La diferencia es que su cliente pareciera ir primero, por lo que su margen de error se achica.

Es el caso de la consultora CEOP, cuyo titular Roberto Bacman siempre trabajó para el kirchnerismo y hoy posiciona a la expresidenta Cristina Kirchner con cuatro puntos de diferencia sobre Esteban Bullrich, el precandidato de Cambiemos.

Lo mismo sucede con M&R Asociados, de Gustavo Marangoni, ex vocero de Daniel Scioli, quien coloca a Unidad Ciudadana con tres puntos por encima de los candidatos del Gobierno. En esa sintonía fina que ofrecen las consultorías kirchneristas hay que sumar a Artemio López, Ricardo Rouvier y Julio Aurelio.

Finalmente, a modo de ejemplificar eso del bisturí y la motosierra, la consultora González y Valladares se esmera en posicionar a los precandidatos del Frente Renovador en cada una de las seccionales de la provincia. En particular, ubica a Sergio Massa en segundo lugar dejando en el tercer puesto a Cambiemos.

El Brexit en el Reino Unido, el referéndum por la Paz en Colombia, y los triunfos de Macron en Francia y de Trump en Estados Unidos sacudieron el mundo de las encuestas. La subestimación hacia los votantes (personas) obligó a que se escriba decenas de notas para replantear el rol de las consultoras -más allá de la conveniencia del establishment– con sanciones y consecuencias.

En Argentina no se debería ser tan pretensioso, con reparar en que hay más de una opción electoral, alcanza.