Por Carlos Saglul | Desde la asunción de Mauricio Macri a la presidencia, el Grupo Clarín recuperó su llegada al poder y eso se ve en los números: la fusión entre Cablevisión  y Telecom le permitirán controlar un negocio equivalente a 80 mil millones de pesos. Ni que hablar de su vuelta al negocio del fútbol, ahora reprivatizado.

Sin embargo, como el resto de los grandes multinacionales, mientras sus ejercicios siguen arrojando ganancias multimillonarias no deja de aumentar la productividad vía despidos y retiros voluntarios, aprovechando la inoperancia o en todo caso, la complicidad y simpatía del Ministerio de Trabajo con los ajustes patronales.

Cuando todavía están frescas las cesantías por el cierre de Artes Gráficas Rioplatenses (AGR) que dejó alrededor de 270 trabajadores en la calle, la empresa va por nuevos retiros voluntarios en el diario Clarín. Ahora les toca a los periodistas.

“El gran diario argentino” ya no es lo que era. Ahora el Grupo tiene mil cabezas que  asoman por todas partes, como la mitológica Hidra de Lerna, especialmente donde hay un negocio que le interesa: desde las telecomunicaciones hasta el agro.

La diversificación caracterizó el aumento de poder de fuego del Grupo que se extendió a radios AM y FM, canales de noticias y cables, más a una extensa red de emisoras y estaciones de TV instaladas en todo el país.

Los tiempos cambian y el diario es apenas un símbolo de los comienzos del Grupo, que para algunos es hoy uno de los socios más importantes del actual gobierno.

Francisco Rabini, dirigente del Sipreba (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) y delegado de Clarín  señala a Canal Abierto que “en el retiro voluntario de 2016, que abarcó los últimos cuatro meses del año, se fueron 270 trabajadores. En todo 2016 entero se perdieron más de 300 puestos de trabajo. Este año estuvo tranquilo hasta ahora, que arrancó un nuevo retiro. Habrá que esperar para evaluar los resultados”.

El delegado gremial explica cómo la empresa justifica la constante reducción de personal: “Elige tomar a cada unidad de negocios como una empresa independiente. Es en ese sentido que toman los resultados financieros de AGEA (la empresa que edita los diarios Clarín, Olé, La Razón y otras revistas y negocios paralelos) como no satisfactorios. El diario pierde un 13% de su tirada todos los años, siguiendo los parámetros de una crisis mundial del sector. Y los trabajadores, lo sabemos, somos siempre socios en las pérdidas. Tal vez, más cuestionable es que durante las épocas de vacas gordas no hayan podido respetar la legislación laboral vigente. Tenemos operarios contratados por día como jornaleros que esperan hace 15 años una efectivización”.

-¿Cómo incide a tu entender la alianza de Clarín con el gobierno en esta nueva reducción de puestos de trabajo?

-Creo que en nada. Los retiros voluntarios son una negociación personal. Lo único que afectó el cambio de Gobierno es que con el anterior se necesitaban más “soldados”, dada la guerra desatada. Hoy los directivos creen que se pueden arreglar con un plantel mucho más reducido. Eso y la confianza de que, de producirse un conflicto gremial, el Ministerio estaría de su lado (con el anterior Gobierno existía la duda, tampoco es que Tomada nos daba una mano ni mucho menos).

-¿El “gran diario argentino” tiene hoy más poder que nunca o es un mito?

-Clarín tiene menos poder que nunca. El mito era que ningún gobierno se bancaba cinco tapas en contra. El kirchnerismo se bancó 3000. Además, dinamitó el capital intangible de un medio periodístico: su credibilidad. El slogan “Clarín miente” penetró en la conciencia de mucha gente.

Hace mucho que el diario dejó de ser la locomotora financiera del Grupo. Ahora es un mero cañón que defiende los otros intereses, aquellos adonde se genera realmente el dinero, que son los fierros: el cable, la telefonía, internet.

-Lo que pasa con Clarín no es un caso aislado. Donde no hay retiros hay despidos. El mercado se reduce y los empresarios pretenden mantener ganancias en base a ampliar la productividad. ¿Hay alguna salida a este proceso desde la organización de los trabajadores?

-Coincido con esa caracterización. El problema es el modelo de negocios: ya no somos rentables. Entonces hay que bajar costos. Y en esa bajada de costos una de las primeras víctimas fue la calidad periodística. Para los que vivimos otra manera de hacer periodismo la actualidad es escandalosa.

No sé cuál es la salida. Nuestro mercado laboral se achica dramáticamente. En un mundo en el que los contenidos han pasado a ser gratis, nosotros intentamos venderlos. Nuestra profesión vive una transformación radical y nadie sabe qué hay al final del túnel. Nuestra responsabilidad es organizar la pelea para que los trabajadores seamos parte de la mesa en que se bosqueja ese futuro. Y no es fácil, porque ahí ya no están siquiera las burguesías nacionales. Ahí están sentadas las compañías más grandes e influyentes de la historia: Google, Facebook, etcétera.

-Las nuevas tecnologías, desde la planificación de las patronales, significan cada vez menos empleo. ¿Hay otra alternativa, como la reducción horario de la jornada?

-Hay alternativas. El problema lo tenemos en la correlación de fuerzas. Las leyes del mercado juegan en nuestra contra. Somos una carrera eternamente de moda con un mercado laboral del tamaño de la cabeza de un alfiler.

La demanda de laburo es mínima y la oferta descomunal. En ese contexto, las empresas imponen las condiciones que se las cantan, total siempre hay trabajadores dispuestos a aceptarlas. Sólo concientizando y organizando podremos equilibrar la balanza.

-¿Cómo es la práctica gremial dentro del Grupo? ¿Cómo se va edificando la organización de los trabajadores?

-Es difícil. La empresa tiene una historia muy agresiva hacia la organización de sus trabajadores. Nosotros sufrimos varias crisis, con despidos masivos y persecución gremial. En el año 2000 fue despedida toda la comisión interna y la junta electoral, junto a más de cien compañeros. Y eso nos costó 12 años sin comisión interna con un constante deterioro de las condiciones laborales. Hoy en día tenemos un diálogo cotidiano con la empresa, pero costó mucho. Y más allá de todos los logros, aún queda mucho. Tal vez el desafío a futuro sea poder conformar una mesa con las comisiones internas de las otras empresas del Grupo.