Redacción Canal Abierto | Los datos del Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma sobre la evolución del empleo no son alentadores. A un año y medio del cambio de gobierno, los números del trabajo asalariado registrado -lejos de mostrar brotes verdes-, visibilizan un agravamiento de las tensiones que el mercado de trabajo ya venía presentando desde, al menos, 2012.

Mientras el Gobierno agita la idea de un estancamiento relativo de la economía que, según el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, estaría en vías de recuperación, los cierres de fábricas y comercios no parece condecirse con los índices interanuales y mensuales ligeramente positivos que justificarían el optimismo oficial.

Según los últimos datos oficiales, de mayo de este año, la cantidad de asalariados registrados se incrementó un 1,5% con relación al mismo mes de 2016 y un 2,3% con respecto a 2015. “Ello esconde, por un lado, que la comparación se realiza contra el peor momento de la crisis de 2016 y, por el otro, que en el mediano plazo la evolución del empleo registrado apenas acompaña el crecimiento vegetativo de la población”, explica el estudio.

Tres son las variables que reflejan un deterioro. La primera, que la categoría con un comportamiento más pobre es la de los trabajadores en relación de dependencia en blanco, que en mayo presentó una variación interanual positiva del 0,5%, y una variación negativa del 0,2% con respecto a 2015.

La segunda es el crecimiento de los monotributistas (4,7% y 5,9% con relación a 2016 y 2015 respectivamente), una forma de trabajo cuentapropista que funciona, en muchos casos, como legalidad endeble para el trabajo informal.

La tercera variable se debe a la caída de la industria manufacturera, que en mayo de 2017 registró la menor cantidad de trabajadores desde agosto de 2010, caída que comenzó en septiembre de 2015 y que aún no se ha detenido.

Con estas modificaciones en la composición del empleo, se profundiza la pérdida de posición de los asalariados registrados del sector privado, que pasaron de representar el 55,5% del total de los trabajadores registrados en 2012, al 51,4% del total en 2017.

La obra pública y la deuda

Otros datos completan el cuadro que explican por qué los números del empleo pretenden subir mientras se suceden los despidos. Uno es el incremento de los asalariados del sector público, que Cambiemos estigmatizó ni bien asumida su gestión como un “aguantadero” lleno de “ñoquis”. Desde que asumió, los trabajadores estatales se incrementaron en un 1,4% y 4,7% en relación a 2016 y 2015, respectivamente.

El segundo, que entre los asalariados privados, el crecimiento “fue liderado casi exclusivamente por la industria de la construcción”, que entre julio de 2016 y mayo de 2017 creció un 8,2% contra un promedio de apenas el 0,8%.

En el Presupuesto 2017, el Gobierno previó una expansión de la obra pública financiada con emisión de deuda. Algunos analistas previeron por entonces que esto no lograría impulsar un crecimiento real, con aumentos importantes y sostenidos del Producto Bruto Interno (PBI) per cápita, porque esto desincentivaría la inversión privada. Los vaticinios se cumplieron, ya que el empleo en el sector de la construcción está casi exclusivamente traccionado por empresas de más de cien trabajadores, que explican, según el informe, “el 75% de los nuevos puestos de trabajo”.

“El principal impulso a la creación de empleo en el sector privado ha estado en manos de un sector y empresas directamente ligadas a decisiones del Estado, tanto a través de la obra pública como del fomento al mercado inmobiliario”, resume el estudio coordinado por Luis Campos.

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