Redacción Canal Abierto | Este fin de semana comienza la Superliga, que más allá del nombre rimbombante no será otra cosa que un nuevo experimento de organización del campeonato de fútbol argentino, que luego de casi ocho años se verá atado nuevamente a las necesidades de las empresas comercializadoras de la televisación.

En este caso, las mega-compañías globales FOX y Turner que se quedaron con los derechos, mediante un acuerdo con el gobierno nacional, buscarán limitar, perseguir y penar cualquier tipo de reproducción visual por fuera de sus controles, para monopolizar lo que hasta ahora era considerado un evento de relevancia cultural que, por lo tanto, no podía ser arancelado.

El decreto que derrumbó los artículos anti-monopólicos de la ley de medios de la democracia, a pocos días de asumido el gobierno de Cambiemos, dejó bien claro que el paradigma de la “comunicación como derecho” estaba retrocediendo en términos de reconocimiento estatal, y que la posibilidad del fútbol gratis, entre otros, estaba llegando a su fin a pesar de las tan contundentes como inverosímiles promesas de campaña.

Mañana, Tigre-Vélez y Banfield-Belgrano pondrán en marcha un nuevo capítulo del increíblemente aún atractivo torneo local, y con él una nueva etapa de la decadente AFA y un nuevo ejemplo de la voracidad del sistema, que nuevamente convierte un beneficio popular en un inmenso negocio.

Una producción del programa radial Sobre la Hora de Radio Splendid recogió testimonios de especialistas en derechos de transmisión, emisiones deportivas y comunicación, tres aspectos que se ponen en juego en esta nueva experiencia comercial.

En declaraciones a la emisora, el periodista deportivo Matías Canillán lamentó el fin de las televisaciones libres ya que ahora el fútbol necesariamente tendrá que “ser pagado para verlo, cuando los hinchas de los equipos son socios en muchos casos, pagan uno cuota y no pueden ir como local porque no hay lugar, no pueden ir como visitantes porque está prohibido, y entonces además de la cuota por no ver a su equipo tienen que pagar más de mil pesos mensuales por el cable, mas el HD, más el pack de fútbol para ver a su equipo”.

Además, el relator integrante del equipo de Víctor Hugo Morales en AM 750 opina que es difícil entender que el hincha acepte ser “despojado una vez más de aquello que le pertenece, porque nos guste o no, el fútbol es el elemento más importante de la cultura popular de nuestra sociedad”.

Por último, el periodista explicó que el modelo anterior tampoco era perfecto: “Yo fui muy crítico en algo que me pareció que el propio Fútbol Para Todos contradecía el espíritu de la Ley de medios: Grondona para tener una única voz y poder controlarla obligaba a que todos los canales que quisieran tomar la señal de la TV Pública pudieran hacerlo, pero estaban obligados a pasar la transmisión periodística del FPT, cuando en realidad la ley de medios tenía una idea de generar una multiplicidad de voces”.

Según se supo, los partidos se podrán ver en canales de cable, con abono HD y contratando el servicio Superliga, con lo cual, dependiendo de la operadora y de la zona, cada usuario deberá desembolsar entre 1200 y 1400 pesos mensuales para ver los encuentros del campeonato argentino. Luego, dos horas después de cada partido, los clubes podrán pasar en sus plataformas oficiales y redes sociales un compacto de hasta cinco minutos armado con secuencias de menos de 30 segundos con las mejores jugadas, provisto por la compañía dueña de los derechos hasta 2022 (al menos).

Pablo Antonini, presidente del Foro Argentino de Radios Comunitarias, aseguró en tanto que la comercialización atenta contra el espíritu original de la ley de medios: “Más allá del fútbol, el concepto importante para destacar que atraviesa toda la ley 26.522, planteado por las organizaciones que peleamos por la democratización de la comunicación desde antes de que la ley existiera, es el acceso a contenidos de interés relevantes, o sea que el pueblo tiene que tener garantizado como parte de su derecho a la comunicación el acceso universal a los sucesos importantes para la sociedad, culturales, deportivos o científicos, que no pueden estar atados al dinero que cada persona tenga”.

Asimismo, el titular de FARCO recordó que “el decreto 267 disolvió entre otras cosas el Consejo Federal que determinaba cuáles eran los eventos relevantes. Ahora quedaron en manos del Poder Ejecutivo todas las atribuciones de este órgano”. Esto le quitó sentido a parte de los 21 puntos lanzados en 2004 por la Coalición por una Radiodifusión Democrática, base de la nueva ley de la democracia que pretendían evitar “privarle a los sectores que tienen menores recursos económicos de acceder a estos contenidos que son importantes para sus vidas”, entiende Antonini.

Cerca de 12 millones de espectadores ven el fútbol por televisión en la actualidad, y se estima que poco más de dos millones podrán hacerlo con el pay per view, al menos en la primera etapa, que comenzará a regir en octubre cuando la pelota cumpla un mes en movimiento. Los canales de televisión, tanto de aire como de cable, podrán ingresar con móviles propios a las canchas para hacer presencia, entrevistas y registrar imágenes que podrán emitir luego de dos horas finalizado en partido.

Beatriz Busaniche, especialista en cyber-derechos y defensora de la libertad y la privacidad informática, asegura para este informe que “el fútbol no está cubierto por la Ley de Propiedad Intelectual, como el cine, un recital o el teatro. La podés leer de punta a punta y no vas a encontrar que los eventos deportivos estén alcanzados por esta ley, por lo tanto la reproducción de eso no constituye delito”.

Sin embargo, la docente universitaria y directora de la fundación Vía Libre, advirtió que “lo que sí existe es la protección de las transmisiones de TV, en la que según la normativa internacional el problema existe cuando un radio difusor retransmite un contenido con derechos en poder de otro radio difusor. Pero un espectador en un estadio no es un radio difusor, es un usuario final, una persona física, no es alguien que esté imponiendo una competencia desleal para aquel que invirtió en hacer la transmisión oficial”.

El torneo arranca mañana con 28 equipos (dos menos que el desprestigiado campeonato anterior) y finalizará un mes antes del mundial Rusia 2018. Habrá un receso entre el 11 de diciembre y el 28 de enero. En paralelo convivirán las ediciones en curso de la Copa Libertadores y  la Copa Argentina. La Superliga Argentina de Fútbol (SAF) no es sólo el nombre ficticio de la competición, sino que es la empresa, autónoma de la AFA y con participación de todas las partes interesadas, que se encargará de cuestiones organizativas y financieras, y que se presenta ante los clubes como la posibilidad de sanear sus economías quebradas.

Sobre las posibilidades de seguir viendo el fútbol sin pagar, Busaniche observó que “hay ya una campaña de intimidación pública, porque claramente estas medidas van a generar discordia y hay sectores llamando a boicotear el pago del fútbol. No obstante, desde el punto de vista técnico, vamos a ver gente subiendo goles o jugadas a redes sociales como Facebook o sitios como Youtube, o cualquiera de las grandes plataformas, y lo que sabemos que va a suceder es que se va a utilizar la legislación norteamericana para darlos de baja, que es una ley que permite a los titulares de derechos que se sientan afectados por algo publicado en esas plataformas, reclamar y que ese reclamo sea inmediatamente atendido sin que medie orden judicial, es decir: notificación y baja automática”.

El campeonato se disputa a una sola rueda, por el sistema de todos contra todos. El ganador jugará la Supercopa Argentina 2018 con el ganador de la Copa Argentina 2017. Se producirán también cuatro descensos por promedios y como siempre, se definirán las clasificaciones a la Libertadores 2019 y la Sudamericana 2019, mediante la tabla final de posiciones.

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