Por Carlos Saglul |  El 27 de febrero de 1933, el Reichstag fue incendiado. Los nazis tuvieron la excusa perfecta para culpar a los comunistas y obligar al presidente Paul von Heindernburg a suspender las garantías  constitucionales. El izquierdista holándes Marinhus van der Lubbe, acusado del siniestro, fue guillotinado. Los comunistas, barridos poco después por la represión, siempre dijeron que el incendio había sido provocado por los nazis para poner en marcha un Estado totalitario. Herman Goering, presidente de la Cámara Baja, ante esas acusaciones, respondió irónicamente a la prensa: “Se pretende que mi amigo Goebbels me propuso incendiar el Reichstag y yo acepté alegremente. Y después viviendo enfrente presencié el incendio vestido con una bata azul. Sólo falta decir que toqué la lira con Nerón, contemplando el incendio de Roma”. Joseph Goebbels, verdadero autor intelectual del atentado es uno de los tantos precursores de la posverdad. Estaba convencido que varias mentiras, bien formuladas, pueden constituirse en una verdad.

Cuando se ve en las redes el video filmado durante la marcha por la aparición de Santiago Maldonado mostrando a un policía de la ciudad pateando salvajemente por la espalda a una mujer que tomaba fotos, uno no puede menos que preguntarse por la razón de tanto odio. El uniformado sabía que no estaba haciendo frente a una conducta delictiva ya que sigue caminando como si tal cosa, dejando a la mujer tirada en el piso, ¿Qué podría haber pasado si la víctima se golpeaba la cabeza al caer? ¿Otro Santiago Maldonado? ¿Otro “exceso?”. Los policías estaban cebados. Antes de la marcha se les había advertido que “podían ser secuestrados por células anarquistas”. ¿Está identificado el policía que atacó a esta mujer? ¿Fue siquiera sumariado? Lo único que se escucharon fueron felicitaciones de los funcionarios a las fuerzas de seguridad.

Joaquín Morales Sola va más lejos en esto de cebarlos. Dice en La Nación que un policía fue asesinado en San Martín de los Andes cuando trató de obligar a un automovilista y su acompañante a abrir su baúl del auto. Si el suceso en realidad se verificó: ¿qué le hace pensar al periodista que estos asesinos son terroristas?

Clarín anotó un nuevo episodio en la saga que inició Infobae, publicando el arsenal de los peligrosos terroristas mapuches: un serrucho casi sin dientes, cuchillos mellados y un hacha oxidada. Armó una noticia a partir de dos borrachos que saltaron la verja de la casa de Gobierno. Menciona asombrado que uno de ellos, “sólo tenían ropa en la mochila”. ¿Qué esperaban, una bomba neutrónica?

Desaparecido Maldonado, surge de la noche a la mañana una organización terrorista imprecisa que está en condiciones de realizar ataques simultáneos en gran parte del país, quema concesionarios de coches, ataca sedes de Gendarmería, consulados en el exterior. El ataque a las instalaciones de Gendarmería en El Bolsón, ante la inacción de las fuerzas de seguridad, y los genuinos manifestantes que gritaban “infiltrados” a los que arrojan molotov, es sintomático. Hacer creer a los gendarmes que enfrentan terroristas, invasores de otro país (Chile) dispuestos a matarlos es peligroso. Desde los diarios voceros del oficialismo se acusan de los ataques a una indigerible ensalada ideológica  formada por el minoritario grupo mapuche RAM, los siempre funcionales a la represión muchachos de Quebracho y grupos kirchneristas. En muchos organismos de derechos humanos se tiene la convicción de estar ante un operativo de inteligencia de magnitud.

El ataque selectivo a la prensa durante la movilización del viernes hizo decir a la titular de Correpi, María del Carmen Verdú, que se “está ante una acción ejemplificadora contra la prensa”. El Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA) denunció que “la brutal cacería que desplegó la Policía de la Ciudad incluyó graves atentados a la libertad de prensa”.

Los policías sabían el último viernes  a quien reprimían, conocen a los periodistas, los ven en cada marcha. La salvaje patada contra esa mujer que sólo sacaba fotos tienen un objetivo claro, impedir que se muestre lo que realmente está pasando. Todos los funcionaros salieron a avalar la represión y a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Hicieron lo ordenado.

Si como sospecha gran parte de la oposición se está ante un gran operativo de inteligencia para desdibujar una marcha multitudinaria ocasionada porque se quiere ocultar, Maldonado fue desaparecido por la Gendarmería luego de un procedimiento sin orden  judicial, cuando “casualmente” estaba en el lugar de los sucesos el viceministro de Seguridad, Pablo Noceti; los hechos parecen estar yéndosele de las manos al gobierno.

Resta esperar que tantas mentiras no oculten una verdad siniestra y que en realidad la aparición de una guerrilla virtual y la  búsqueda de cebar a las fuerzas de seguridad no sean los preparativos para reprimir el conflicto social que traerá –después de las elecciones– la profundización del ajuste con el consiguiente crecimiento de la desocupación y el reparto regresivo de la riqueza.

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