Por Corina Duarte | El apuro lo llevó a la cocina. Su mamá hacía que la acompañe a su trabajo para no dejarlo solo y “que tuviera malas juntas”. Aburrido, con ganas de irse a la casa, la ayudaba para que todo fuera más rápido. El dueño del catering, al verlo trabajar, comenzó a pagarle. Tenía 12 años cuando arrancó a poner en práctica el don de combinar los alimentos para darle sabores únicos.

El premio se disputó en Costa Salguero en el mes de junio, y la participación le demandó nueve horas de puro trabajo: “Presentamos tres petit fourd húmedo, tres petit fourd seco, un postre de chocolate, un postre al plato y una escultura de chocolate de accesorios de circo: un sombrero de un mago, una pelota roja, un aro con fuego, muchas flores, narices de payaso y otras figuras representativas del circo”, enumera.

“El plato ganador fue un postre de chocolate conformado por una mousse de chocolate, una mousse de caramelo, peras cocidas al Malbec con enhebro y clavo de olor. Un crocante de coco y un bizcocho de chocolate. En conjunto conformaron muchos sabores y texturas que al jurado le gustó”, me cuenta un mediodía de frío, camino a dar un Taller de Pastelería a una organización de mujeres víctimas de violencia de género.

El equipo lo conformaban Leguizamón, platense, y Jonatan Ponce, de Lanús. Ambos ganaron un viaje a Calafate, un certificado, una medalla y una copa por coronarse campeones en la categoría Junior.

“Estuvimos practicando varios meses para poder lograr un sabor directo. Tres meses cambiando cosas, agregando otras, y al final salió este postre que al jurado le llamó mucho la atención”, cuenta Leguizamón en la puerta de la escuela donde terminó la secundaria. Se ríe. “Yo casi no termino. Me gustaba la plata. Menos mal que terminé, porque en todos los lugares donde estudio me piden título secundario”.

Su formación comenzó primero en el catering en el que trabaja su mamá, que es Jefa de Salados. Sebastián hizo una carrera de 4 años en Capital. Tres veces por semana iba desde Altos de San Lorenzo a Almagro, a la Escuela de Pastelería. Antes, en La Plata, hizo bombonería, figuras de chocolate, pastelería individual y clásica.

Sebastián anda con ganas de viajar. Cuenta propuestas de trabajo, da información sobre recetas desde su página de facebook, es contratado para eventos y sigue trabajando en el mismo lugar donde comenzó. Va a seguir participando de certámenes. Quiere llegar a Francia representando a la Argentina.

El rato en que conversamos sostuvo una bolsita negra con harina y huevos. Le pregunto cuál es el secreto de la pastelería, desde la profunda frustración que acarreo intentando hacer algún postre que valga la pena. El campeón piensa unos segundos, toma aire y dice: “El secreto principal es meterle empeño, dedicación, paciencia, porque no es fácil elaborar algo que quede bien a la vista, que quede rico. Es meterle garra y desempeño. Así, todo sale”.

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