Redacción Canal Abierto | El 7 de mayo de 2017 Emmanuel Macron ganaba la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas con un 66,1% y se convertía, a los 39 años, en el presidente más joven en la historia del país.

A cuatro meses de asumir con la promesa de “transformar Francia”, quien fuera el salvavidas europeo frente a la ultra derechista Marine Le Pen muestra la faceta mas cruda de una corriente liberal que avanza en Europa y Latinoamérica.

La primera gran batalla que decidió dar el flamante Presidente es una reforma laboral que, impulsada por decreto, ataca derechos fundamentales de los trabajadores franceses y a la vez erosiona el poder de sus organizaciones. Según el oficialismo y sus parlamentarios conservadores, el objetivo de la reforma es el de generar las condiciones para impulsar las contrataciones y frenar un desempleo que hoy afecta a 9,5% de la población activa.

Los ejes más cuestionados del proyecto giran en torno a la flexibilización encubierta que propone el Gobierno a partir de la limitación de las indemnizaciones por despido improcedente, una mayor libertad para que multinacionales despidan trabajadores en caso de crisis, la agilización de la negociación laboral en las pequeñas empresas – para que pueden llegar a acuerdos esquivando los sindicatos-, y la simplificación de las instancias de negociación dentro de las empresas, entre otros aspectos.

Sin embargo, las críticas no sólo vinieron desde las organizaciones sindicales, que en el día de hoy salieron a las calles con una huelga general convocada por la CGT, y a la que se sumaron gremios y dirigentes díscolos de las conciliadores centrales obreras CFDT y de Fuerza Obrera (FO). Desde distintos sectores políticos también salieron al cruce de esta avanzada flexibilizadora, como es el caso de Francia Insumisa y su líder Jean-Luc Mélenchon, quien calificó la reforma como “golpe de estado social”. El líder opositor, que sacó 19.58% de los votos en las últimas elecciones primarias, convoca a otra movilización, esta vez para el 23 de septiembre.

Según informan medios franceses, aunque no habría paralizado el país, la huelga afecta al transporte y servicios públicos en general.

Las medidas de corte liberal de la actual administración francesa llevaron a un desplome de la imagen positiva de Macron, que hoy distintas consultoras ubican en torno al 36%. El joven mandatario perdió el apoyo que supo aunar cuando se lo presentó como la renovación generacional de la clase partidaria europea.


 
La reforma laboral, también en Latinoamerica

Hoy el caso francés es paradigmático en Europa, como lo es Brasil para América Latina.

Si bien la reforma impulsada por Michel Temer también enfrentó una fuerte oposición gremial -hubo tres paros generales en los últimos meses- y sufrió incontables modificaciones en el Parlamento, su esencia fue aprobada el último 11 de julio en el Senado (ya en abril había sido aprobada en Diputados), remplazando muchas de las reglamentaciones laborales vigentes desde 1943.

Al igual que lo que se pretende aplicar en Francia, en Brasil la ley transforma profundamente las reglas de contratación y empleo, y avanza sobre la forma de negociación colectiva, la reducción de las vacaciones, la voluntariedad de la contribución sindical, se incentiva el trabajo desde el hogar y la tercerización, abre la puerta a la ampliación de la jornada de trabajo, desregula las condiciones de despido y limita los litigios laborales.