Redacción Canal Abierto | Si el excedente horario de los trabajadores sobreocupados se dividiera por las ocho horas de una jornada normal, se podrían crear 2.532.810 puestos laborales y acabar de esta manera con el ejército de 1.608.716 desocupados sin reducir salarios.

Así lo asegura en un informe el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) que conduce el economista Claudio Lozano, a partir de datos publicados por el INDEC.

Según la Encuesta Permanente de Hogares, al primer trimestre de 2017 la cantidad de trabajadores sobreocupados asciende a cerca de cinco millones de personas (el 26,8% de los ocupados). Trabajan en promedio 61 horas semanales, equivalentes a casi 12 horas diarias.

Quienes atentan contra esta creativa salida opuesta a las reformas de ajuste aducen que los sobreocupados son en general cuentapropistas que se auto explotarían para lograr mejores ingresos. El IPyPP desestima esta versión y asegura que el 70% de los sobreocupados no son cuentapropistas sino asalariados, y que su sueldo promedio de $13.482 supera en muy poco al de los ocupados ($ 12.533).

Incluso, el instituto esgrime que el 45% de los sobreocupados gana menos que el salario mínimo vital y móvil establecido en $8860.

Tampoco son los asalariados no registrados (en negro) quienes inclinan la balanza. Según el INDEC, mientras estos trabajan 63 horas a la semana, los asalariados registrados lo hacen durante 59 horas.

Las patronales que encabezan la sobre explotación de trabajadores son las vinculadas al Comercio (19%), seguidas por la Industria (15,2%), la Administración Pública y Defensa (13,6%) y las de Transporte y Servicios Financieros e Inmobiliarios con casi un 10% cada una. Entre todas suman el 60% de empleados sobreocupados.

“A la luz de los datos, la sobreocupación o sobrejornada horaria no está asociada a la decisión y el esfuerzo personal del trabajador con una mejora sustantiva de su ingreso, sino con las condiciones de sobreexplotación  laboral vigentes en la actual situación de precariedad que caracteriza a las relaciones laborales argentinas”, sostiene Claudio Lozano.