Por Diego Leonoff | La campaña electoral de Cambiemos suele caracterizarse como vacía, con un discurso carente de contenido político. Sin embargo, el último spot en redes sociales de “Lilita” Carrio vino cargado de algo más que globos amarillos.

La candidata a renovar su banca como diputada le habla a los mayores de 70, los invita a ir a votar pese a no estar obligados a hacerlo de acuerdo a la ley electoral. “Ustedes vivieron otra nación, la que yo también viví, la de la escuela pública, la de los mejores hospitales. Ustedes también vieron la degradación de la Nación”, dice nostálgica, y convoca: “Debemos dejarle a la nueva generación una Nación distinta, y lo estamos haciendo. De a poco, con errores, pero lo estamos haciendo”.

Todo pareciera indicar que “Lilita” refiere al periodo que se inicia a la postre de la Segunda Guerra Mundial, cuando Argentina gozaba de pleno empleo y buena parte de los sectores populares se incorporaban a la vida política y económica. Con altos, bajos y todas las críticas que le caben al peronismo y los gobiernos militares y civiles que le siguieron, durante las décadas del 40´, 50´ y 60´ el país vio modificada su estructura productiva junto a la ampliación de los servicios sociales básicos en materia de Salud y Educación.

Pero no, es otro el periodo histórico que evoca con nostalgia la integrante de Cambiemos. “Por primera vez desde 1930 lo estamos haciendo”, asegura.

Mas allá de su orientación historiográfica (es decir, política), cualquier manual de historia argentina podría ilustrar a la diputada nacional respecto de cuál era la situación que vivían los sectores populares por aquellos años.

Los años dorados de la represión y el fraude

Aquellos años conocidos como la “Década Infame” se iniciaron con un golpe de Estado en septiembre de 1930 y la posterior dictadura de José Félix Uriburu, primer régimen militar de una serie que marcaría la historia argentina. “Este Gobierno se caracterizó por una fuerte represión hacia los sectores populares y el movimiento obrero”, explica Diego Ceruso.

El 20 de febrero de 1932, horas antes de entregar el gobierno, Uriburu declararía: “El voto secreto es precisamente lo que ha permitido el desenfreno demagógico que hemos padecido”. Coherente con sus palabras, fraguaría junto a su sucesor Agustín Pedro Justo lo que se conocería como “fraude patriótico”, es decir la manipulación obscena de los comicios en un contexto de proscripción de la Unión Cívica Radical (UCR).

A Uriburu y Justo le seguirían gobiernos con poca base de legitimidad, pero en este caso encabezados por Roberto Ortiz (1938-1940) y la sucesión de Ramón Castillo (1940-1943).

“Por aquellos años se reestructuran los mecanismos e instancias represivas, como por ejemplo con la creación de la Sección Especial de Represión Contra el Comunismo que investigaba y perseguía a militantes políticos comunistas y de distintas vertientes políticas. También se implementan perfeccionamientos del orden tecnológico, como es el caso de la incorporación en esos años de la picana eléctrica de la mano del Jefe de la Policía de la Ciudad, Leopoldo Lugones (hijo)”, rescata el historiador e investigador del CONICET, Diego Ceruso.

Crisis, empobrecimiento y desempleo

“Producto de la crisis internacional de 1929 se da un proceso de industrialización por sustitución de importaciones que va a desencadenar una migración masiva desde las zonas rurales hacia los centros urbanos, sobre todo al área metropolitana de Buenos Aires”, cuenta Ceruso, doctor en historia de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y detalla: “Ese proceso de urbanización se hace sobre la base de una estructura que no estaba preparada, donde faltaba el agua potable, el acceso a cloacas, servicios de Salud y Educación”.

Le tocó al gobierno del general Agustín P. Justo -quien asumió en febrero de 1932- enfrentar la crisis. El semanario Caras y Caretas, en su edición del 12 de marzo de ese año, ilustraba su portada con una caricatura del Presidente, titulada “La pesadilla de Justo”, donde aparecían una serie de problemas que lo acosaban, de los cuales “crisis”, “desocupación” y “sueldos atrasados” surgían como los más acuciantes.

Al igual que hoy, se adoptaron medidas de “ajuste” que implicaron una reducción de los salarios en el sector público y la demora en el pago de los mismos durante varios meses.

“La primera villa miseria, Villa de Puerto Nuevo (en la actualidad Villa 31) nace por esos años producto del desempleo y la pauperización de las condiciones de vida de la gran masa trabajadora. Por ejemplo, el sur de la Ciudad (Barracas, Parque Patricios, Lugano), que se empieza a poblar de trabajadores en esta época, no tenía recolección de residuos”, señala Ceruso.

En relación a esos supuestos años dorados para las escuelas y hospitales a los que referencia Carrió, el historiador explica: “El acceso a la Educación en estos sectores era bajísimo, la red Salud prácticamente inexistente. Para dar una idea, los tres hospitales públicos de CABA son de 1946 en adelante, bajo la gestión de Ramón Carrillo (primer ministro de Salud Pública que tuvo la Argentina)”.

“Un dato no menor es que en 1932 se dio un pico de desempleo que no iba a ser superado en todo el siglo, y que sólo se igualaría con los niveles alcanzados durante la crisis de 2001”.  

La política agro-exportadora y la pérdida de soberanía de ayer

Quizás uno de los hitos políticos menos célebres de la historia argentina del siglo XX fue el denominado “Pacto Roca-Runciman”, un acuerdo comercial celebrado con el Reino Unido el 1 de mayo de 1933.

“La industria más genuina del suelo argentino, la ganadería, se encuentra en ruinas por obra de dos factores principales: la acción extorsiva de un monopolio extranjero y la complicidad de un gobierno que unas veces la deja hacer y otras la protege directamente”, comenzaba el senador Lisandro de la Torre su acusación contra el gobierno y los grupos económicos que impulsaron el tratado.

“El pacto tampoco beneficiaba a toda la industria ganadera, sino a un sector del agro vinculado con capitales ingleses”, afirma Diego Ceruso.

En mayo de 1935, el legislador santafesino acusó por fraude y evasión impositiva a los frigoríficos de capital inglés Anglo, Armour y Swift. Aportó pruebas que comprometían directamente a dos ministros de Justo: Pinedo (padre del hoy presidente de la Cámara de Diputados) de Economía y Duhau de Hacienda. Ese día un matón del Partido Conservador, el ex comisario Ramón Valdez Cora, intentó acallar a balazos las denuncias de Lisandro de la Torre. En su lugar caería asesinada su compañero de bancada Enzo Bordabehere. Esta página negra de la historia quedaría inmortalizada en el film Asesinato en el Senado de la Nación, de Juan José Suid.

Otro de los hechos característicos de este período fue la creación del Banco Central de la República Argentina en 1935. En su carta orgánica el organismo explicitaba su carácter autónomo del Estado, lo que de hecho luego beneficiaría el control del directorio por parte de una asamblea de accionistas con mayoría extranjera.

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