Informe Marina Caivano | Alrededor de 60 mil mujeres llegaron el sábado a la mañana a la ciudad de Resistencia, Chaco, y dieron comienzo el 32 Encuentro Nacional de Mujeres. Lo hicieron desde todas las provincias e incluso desde otras ciudades de América. Pero fue sin duda la participación de más de cuatro mil mujeres de pueblos originarios el dato a destacar. Qom, wichis y mocovíes participaron masivamente y fue su realidad uno de los principales ejes de la agenda.

Durante la apertura en el Club Sarmiento y con carteles en alto aclamaron la libertad de Milagro Salas y la aparición con vida de Santiago Maldonado y Mayra Benítez, la joven chaqueña desaparecida diez meses atrás cuyo caso está plagado de lentitudes, inacciones y pericias sospechosas. “Los fiscales se quieren sacar el caso de encima y yo quiero que la causa pase al fuero federal”, dijo Antonia, madre de Mayra.

“En 1998 fuimos diez mil mujeres, hoy somos setenta mil las que nos reunimos en este encuentro único en el mundo”, fueron las primeras palabras a cargo de la Comisión Organizadora. En su documento expresaron los distintos aspectos que afectan la vida cotidiana de las identidades femeninas en lo físico y simbólico, repudiaron el recorte presupuestario a la Casa Nacional de las Mujeres, exigieron la declaración de emergencia por transfemicidios y exhortaron a que se apruebe la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Sobre la realidad local hubo un particular interés por denunciar la no reglamentación del cupo trans en Resistencia, el fortísimo sesgo patriarcal en los sindicatos, el vaciamiento de programas y el achicamiento de los presupuesto de salud sexual.

Se abrió paso entonces al debate en talleres. En el de mujeres y relaciones de pareja, por ejemplo, un tipo se quedó parado observando el funcionamiento del grupo y la coordinadora bromeó: “Bueno, hablemos de masturbación a ver si se queda”. Y se fue.

En diálogo con Canal Abierto, la dirigente boliviana de feminismo comunitario Adriana Guzmán sostenía que aún hay falocentrismo y machismo en estos espacios. También destacó la necesidad de que la lucha feminista en la Argentina rebalse las fronteras impulsando como caudal las luchas en otros países.

En el taller de mujeres y pueblos originarios sucedió que las indígenas tenían sus traductoras y que no hubo aplausos, porque el batir de palmas era sonido corporal de los españoles cuando esclavizaban a una mujer originaria.

La discusión en comisiones no terminaba ahí. Se sucedía en las calles, donde cinco señoras iban caminando con sombreritos hacia la plaza 25 de mayo: bailaban, bromeaban, libres de sus problemas y deberes cotidianos. Frente a ellas, sobre la vereda, una cuerda con toallitas femeninas coloreadas despertaban las miradas sorprendidas y un poco incómodas de dos lugareños que pasaban.

Esta vez sin provocaciones se desarrolló la tradicional marcha que evitó pasar por la Catedral: “No necesitamos ir a la iglesia para definirnos anticlericales”, se escuchó decir. Hubo otra marcha, la de las tortas con besazos, y un cierre, reciente, en que se estableció a Chubut como sede del nuevo encuentro.

Fotos: Lucía Prieto y Luciana Leiras (cooperativa La Vaca)

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