Redacción Canal Abierto | El hombre fue director de escuela secundaria y generaciones de alumnos tienen un buen recuerdo suyo. Se jubiló como docente y dicen que es honesto. Con estas armas se presentó a las internas de Cambiemos, le ganó la interna a la radical Vilma Baragiola y se consagró en 2015 intendente de Mar del Plata.

Cuando Carlos Arroyo recibía ayer al primer turista del año, dio una conferencia de prensa. Consultado respecto al proyecto de ampliación del parque industrial, dijo: “Lo vamos a agrandar si Dios quiere este año; tenemos proyectadas con el ingeniero Del Ollio cloacas, tenemos una extensión de agua corriente, tenemos que conseguir unos pesitos más para hacer un poco de asfalto y después mandar a alguna chica bonita a convencer a empresarios para que vengan a invertir a Mar del Plata”.

Rápido le repreguntaron sobre los últimos femicidios en la ciudad feliz y Arroyo señaló que la única forma de erradicarlos es “con la eliminación del machismo tradicional en Argentina, una enfermedad no sé por qué motivo”, se despegó.

La catarata de frases para la prensa continuó con un estereotipo: “Cada argentino tiene que comprender que una mujer es igual a un hombre y un poco mejor, porque además nació para ser madre y nosotros no”.

No fue la primera vez. Cuando en octubre de 2016 mataron a Lucia Pérez, opinó que los políticos “malgastan dinero en campañas que están de moda, como la de violencia de género”.

El prontuario

“No me jodan más con la dictadura. Piensen lo que quieran, a mí me contrató el municipio para arreglar un semáforo”, contó Arroyo. Pero fue más que un simple operario: entre 1978 y 1981 el interventor Mario Russak lo nombró director de Transporte y Tránsito. Le decían el “zorro uno” y de noche encabezaba controles con su tradicional capote azul.

Russak, de la UCeDé, volvió a ser intendente marplatense pero ahora con la legalidad de las urnas. Recurrió de nuevo a Arroyo y lo premió con la Subsecretaría de Inspección General. En 1994 fue acusado de violar el domicilio de un hotel en un operativo y hacer abuso de autoridad cuando obligó a una mujer desnudarse y tomó de los pelos a un hombre hasta golpearlo contra la pared. Fue encontrado culpable y condenado a prisión preventiva.

Por aquellos tiempos menemistas la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) lo denunció por antisemita. Según testigos, Arroyo solía reivindicar a Hitler en sus conversaciones y a plena vista en su despacho exponía una estatuilla de simbología nazi.

Fue candidato de Luis Patti -condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad- y también del Frente es Posible, encabezado por los hermanos Saá. Desde 2009 accedió a una banca en el Concejo Deliberante marplatense con pronunciamientos profundamente antidemocráticos.

Como no estaba de acuerdo con la política de derechos humanos, faltó a todas las sesiones especiales por el Día de la Memoria, firmó el proyecto para prohibir las murgas en las plazas y sancionar económicamente a quienes violen la disposición, promovió la prohibición del teatro callejero, se declaró en contra de los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo como símbolo nacional y advirtió que el Congreso Nacional “estaba en la pavada” cuando aprobó el matrimonio igualitario.

En 2015 la comunidad boliviana lo denunció ante el INADI por declaraciones xenófobas y discriminatorias. Arroyo se había referido al país hermano como “causante de la delincuencia e inseguridad en nuestra querida y amada Mar del Plata”. Y agregó: “si la frontera sigue siendo un colador por donde entra cualquiera de cualquier país con cualquier cosa, todos de la misma nacionalidad y todos expertos en cultivar coca -no quiero nombrar al país para no hacer distinciones- pero usted se imagina”.

La ineficiencia

Es tan mala la administración del Estado municipal, que María Eugenia Vidal tuvo que intervenir de facto su gobierno en varias oportunidades. Primero con Agustín Cinto, secretario de Coordinación de Gestión y Modernización, hombre de Horacio Rodríguez Larreta, quien sólo pudo resistir pocos meses durante 2016.

Luego con Joaquín de la Torre, el mismísimo ministro de Gobierno que en 2016 se instaló en Mar del Plata para echar un ojo a las finanzas pero sobre todo para disciplinar a la coalición de gobierno que se mantiene unida sólo por la desinteligencia opositora.

Y ahora con Hernán Mourelle, alfil del ministro de Economía Hernán Lacunza, quien en septiembre asumió como  secretario de Hacienda.

Varios ministros de Arroyo renunciaron desde su asunción, la secretaría de Cultura quedó vacante por un año y la Dirección General de Derechos Humanos fue trasladada de la linda Plaza del Agua a un sombrío subsuelo del estadio Minella.

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