Redacción Canal Abierto | La continuidad de la normativa, creada en 2008 por George Bush y recogido en la Sección 702 del acta de vigilancia extranjera, ha sido defendida por Donald Trump y el grueso de republicanos. Según expresó el mandatario en redes sociales, se trata de una necesidad de seguridad nacional que permite a los servicios de inteligencia tener bajo control a los sospechosos de terrorismo y narcotráfico.

Sin embargo, y pese a su aprobación en la Cámara Baja, a lo largo de los últimos años fueron miles las denuncias por los casos de espionaje con otros fines, tanto políticos como comerciales. Estamos hablando de millones de correos electrónicos y llamadas telefónicas.

Organismos de Derechos Humanos y de defensa de los derechos civiles criticaron fuerte la ley, sobre todo por el poder indiscriminado que otorga a agencias como la National Security Agency (Agencia de Seguridad Nacional, o NSA por sus siglas en ingés) y la Federal Bureau of Investigation (Buró Federal de Investigaciones, o FBI).

Tras el escándalo propiciado en 2013 por las revelaciones del antiguo analista de la NSA Edward Snowden, Washington se aprestó a limitar los programas de espionaje creados por una Administración que en 2001 había entrado en pánico tras los atentados del 11-S. Pero el recorte se concentró en los sistemas que afectaban al territorio estadounidense, entre ellos el que permitía almacenar y filtrar secretamente miles de millones de llamadas domésticas.

Los datos recopilados en el extranjero no entraron en este cambio legislativo. Y ello pese a que los papeles de Snowden mostraban que EE UU buscaba en el exterior no sólo atajar riesgos terroristas, sino “obtener ventajas diplomática de países aliados como Alemania o Francia y económico con Japón o Brasil”. Las promesas de Obama de cambiar esta situación quedaron incompletas, y ahora con Trump no han corrido mejor suerte.

Ahora el proyecto debe pasar al Senado, y aprobado antes del 19 de enero. Allí los republicanos tienen una mayoría mínima de 51 bancas a 49 sobre los demócratas.

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