Redacción Canal Abierto | El ajuste en 2018 amenaza con ser el más violento en lo que va de la era Cambiemos. Con la firma del pacto fiscal, las provincias ya fueron comprometidas a achicar sus gastos y en el distrito gobernado por María Eugenia Vidal los intendentes más cercanos a su gestión predicaron con el ejemplo.

Tres de Febrero, partido conducido por el cambiemista Diego Valenzuela, comenzó el año con 160 despedidos, mayormente pertenecientes al área de salud.

Valenzuela, quien logró ganarle las elecciones al legendario varón Hugo Curto tras 24 años de gestión ininterrumpida, viene haciendo bien los deberes que le exigen las administraciones nacional y provincial. En 2016, rechazó la exigencia de los ciudadanos para que presentase un amparo frente a los tarifazos. El siguiente año también lo comenzó con cesantías en el Municipio, en aquel momento de 40 trabajadores y por decreto. En lo que va de 2018, la tijera fue más grosera y no sólo alcanzó al área de Salud, sino también a los cuerpos artísticos municipales. Estos ya cuentan con diez despedidos del coro municipal y muchos de sus trabajadores aún aguardan conocer su situación cuando retornen de las vacaciones. También fueron conminados a abandonar los reclamos a través de las redes sociales so pena de perder el empleo.

Por su parte, Martiniano Molina -el cocinero devenido intendente de Quilmes y uno de los bastiones de Cambiemos en la tercera sección electoral- comenzó el año despidiendo a más de 450 trabajadores estatales. El secretario general de ATE Quilmes, Claudio Arévalo, señaló que se mantienen en estado de alerta permanente luego de haber abierto un primer canal de diálogo con el Municipio.

Al igual que su par del oeste, Molina ya había comenzado su gestión haciendo los deberes: ni bien asumió decidió no renovar el contrato de mil trabajadores municipales a partir del 31 de diciembre de 2015. Entre ellos se encontraban enfermeros, camilleros, barrenderos, y trabajadoras sociales.

En tanto, Hernán Bertellys profesa la fe del converso. Otrora kirchnerista, el intendente de Azul fue el primero que tomó la decisión de abandonar el Frente para la Victoria y pasarse al macrismo a mediados de 2016. Desde entonces, el gobierno provincial le acaricia el lomo con visitas oficiales y Bertellys esquiva el bulto de ponerse a la cabeza del reclamo por el cierre de la planta de Fabricaciones Militares (FanAzul) que acaba de dejar en la calle a sus 258 trabajadores, quienes todavía esperan por respuestas oficiales.

Mientras, Morón -el distrito gobernado por el ex marido de Vidal, Ramiro Tagliaferro-, arde. En el área de Salud, al drama en el Hospital Posadas donde hace 6 meses los enfermeros no cobran los salarios completos se suman los despidos y el recorte en el Hospital Municipal. Desde allí alertan sobre vaciamiento de las guardias y se encuentran en estado de asamblea permanente.

El Municipio, además, recortó a 500 trabajadores que cumplían tareas en las áreas de Niñez, personas en situación de calle, Empleo, Políticas Ambientales, Higiene, Vialidad, Educación y Salud, entre otros sectores.

Desde el comienzo de la gestión de Tagliaferro se estima que la cantidad de familias que quedaron en la calle supera las 800.

Además, la Base Aérea del Palomar, el aeropuerto que pretende ser reacondicionado para que funcionen allí las líneas aéreas low cost, le abrió un nuevo frente de batalla con los vecinos que presentaron un recurso de amparo –al que la Justicia hizo lugar- para que se detengan las obras hasta tanto se investigue el impacto ambiental y el posible daño a un ex centro clandestino de detención que funcionó allí durante la última dictadura cívico militar.

Finalmente, y a tono con el despido por mail de 200 trabajadores de la Unidad Ejecutora Provincial con el que Vidal comenzó el año, el intendente de La Plata, Julio Garro, terminó 2017 con el trascendido de que pasará a revisión los contratos de unos 4.000 municipales.

Hace dos años, fue él el encargado de inaugurar la represión como estrategia disuasoria cuando el 8 de enero de 2016 la emprendió a balazos de goma y gases contra los manifestantes que reclamaban contra el primer recorte que había cesanteado a cientos de cooperativistas. Desde entonces, los despidos se sucedieron mes a mes y la represión, también.

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