Por Federico Chechele | Es cierto que a los argentinos nos gusta polemizar hasta cuando no tenemos polémicas, las inventamos para entretenernos. Alfonsín o Menem, Vilas o Clerc, Soda o los Redondos, Maradona o Messi o esta última, la que más daño produce, entre kirchnerismo o macrismo. Verdades de un lado y del otro pero desoyendo a las mayorías, porque siempre son más los que no les importa quién es mejor, con aprender a convivir con el otro alcanza

Lo inaudito de estas polémicas que hoy se traduce en la famosa grieta -que inventó el kirchnerismo, y ahora utiliza el macrismo junto a su horda de medios de comunicación hasta elevarla a un encerrona llena de mentiras-, también llegó al Papa Francisco.

Desde el día en que Jorge Bergoglio fue nombrado Papa, la Argentina entró en una etapa de contradicciones hasta un punto ridículas. La entonces presidenta Cristina Kirchner tardó cinco días en saludar al nuevo pontífice, deliberando entre sus allegados si la noticia era buena o mala. Después lo sentaría a Amado Boudou junto a ella en Río de Janeiro mirando a Francisco en la previa de las elecciones.

Por aquel entonces, en su rol opositor, el macrismo salió a aplaudir la designación de Bergoglio con críticas muy duras al gobierno kirchnerista. Mauricio Macri se jactaba de tener muy buena relación con el entonces Cardenal cuando ambos ostentaban cargos en la ciudad de Buenos Aires.

Pero como los argentinos no nos sentimos cómodos dentro de la coherencia, todo aquel escenario cambió abruptamente. Hoy el macrismo tilda al Papa de kirchnerista y militante, y su maquinaria de trolls difunde idioteces como “NO VOY A VERTE ni quiero que vengas, el Vaticano protege….”, en alusión a la gira que está realizando Francisco por estos días en Chile.

En casi cinco años, el primer sumo pontífice latinoamericano de la historia ha visitado buena parte de los países que rodean su natal Argentina, entre ellos Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Colombia.

Aquellos 22 minutos displicentes que le otorgó Bergoglio a la comitiva argentina encabezada por el presidente Mauricio Macri todavía sangra, más aún cuando desde el Vaticano se han cansado de comunicar que Francisco por ahora no visitará su país de origen.

Incluso durante las últimas horas, en el marco de su gira por suelo chileno y peruano (la sexta visita a la región), el Papa sumó otro tibio gesto para con el gobierno de Cambiemos. A través de un escueto telegrama dirigido desde el aire al presidente Mauricio Macri, Francisco expresó: “En momentos en que sobrevuelo el espacio aéreo argentino extiendo a usted mis cálidos augurios y de todo corazón envío mis mejores anhelos a todo el pueblo de mi tierra natal, asegurándoles mi cercanía y mi bendición”.

De inmediato, el presidente Macri respondió el breve saludo: “En nombre de todo el pueblo argentino agradezco el saludo y la bendición de @Pontifex_es al sobrevolar nuestro país. Deseo que su visita a los hermanos de Chile y Perú sea fuente de paz, esperanza e inspiración. La Argentina lo acompaña con el cariño y el respeto de siempre”.

Lo peculiar de este entramado es la posición que toma la gente común, inmersa en esta dañina grieta, que cuestiona al Papa más popular de las últimas décadas. Las críticas no están enfundadas contra la réplica de Francisco frente a las políticas neoliberales que se libran en la mayoría de los países del mundo – un buen punto para discernir con la máxima autoridad de la Iglesia Católica – sino por el tratamiento que le ha otorgado al presidente Macri y su negación de un bautismo popular en la 9 de Julio.

Pareciera que los argentinos que se recuestan en el catolicismo le han rezado más a Ratzinger – aquel frío Papa alemán bautizado Benedicto XVI que abdicó el trono del Vaticano – que al propio Bergoglio: la grieta.

Cómo será de tirana esta división entre los argentinos que ni el propio kirchnerismo, desde su colectivo, se ha expresado a favor del Papa más allá de las utilidades electorales del momento. Sólo las organizaciones sociales -denominadas triunvirato de San Cayetano, algunas de ellas con pasado kirchnerista- realzan la figura de Francisco: han compartido actividades en el Vaticano y ahora movilizan a Chile.

No descubrimos nada al señalar que la política en la Argentina es cambiante, así lo demuestran más de 30 años de democracia. Lo que no habría de causar mayores dudas es la fe de los católicos. Pero acá le damos pelea a todo, hasta a nuestras convicciones.

¿Qué hubiera pasado si Francisco venía a la Argentina? Podríamos suponer miles de cosas, pero de dos estamos seguros: habría sido muy entretenido, aunque también expondría todas nuestras miserias.

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