Por Pablo Bassi | El asalto de 1989 al cuartel militar en el partido de La Matanza fue el hecho más notorio en la vida del Movimiento Todos por la Patria. Aquella mañana del 23 de enero ingresaron al regimiento 46 militantes. Murieron 31, desaparecieron 4 y cayeron presos 16. Toda la dirección nacional del partido estuvo involucrada en el operativo, excepto Enrique Gorriarán Merlo.

Hugo Montero codirige Sudestada, la revista sobre cultura y política que se financia con el precio de tapa desde hace 16 años. En sus páginas adelantó en tres oportunidades la historia del MTP, que terminó sintetizando cinco años atrás en un libro editado por Peña Lillo y Ediciones Continente: De Nicaragua a La Tablada.

“Me propuse rescatar la vida de los compañeros, conocer los protagonistas y analizar desde allí por qué se hizo La Tablada”, nos cuenta el periodista. “También por qué no se realizó un balance crítico, por qué no se reivindicó a los compañeros, por qué no se escribió durante 20 años, aparte de la autobiografía de Gorriarán”.

Montero se pregunta además por qué no puede reivindicarse a La Tablada como un intento de insurrección en la Argentina. “Algunos ex militantes del MTP sostienen el copamiento como un acto de defensa de la democracia, pero la verdad es que no se asalta un cuartel para tomar decisiones reformistas”, analiza.

Tras la derrota del PRT en los ’70, Gorriarán encabezó un grupo de argentinos que viajó a Nicaragua como escala previa para el rearmado de una fuerza que interviniera nuevamente en la política de nuestro país. En 1986 dieron a conocer su texto fundacional bajo el nombre de MTP en la revista Entre Todos, una especie de periódico partidario del que participaban ocasionalmente Manuel Gaggero, Pablo Díaz, Daniel de Santis y Rubén Dri, entre otros reconocidos dirigentes.

Tapa revista Entre Todos (mayo 1986)

Numerosas micro historias desconocidas están comprendidas en este libro. Algunas emocionantes, como las anécdotas que Sofía Samojedny recuerda de su papá, Carlos: de su primera visita a la cárcel con seis años, su vínculo epistolar poesía mediante, sus reproches adolescentes.

Montero cuenta cómo Pancho Provenzano, por ejemplo, ofició de puente entre el empresario Fernando  Sokolowicz y Jorge Lanata para fundar Página 12. Un diario de centroizquierda era entonces una necesidad para la estrategia del MTP. Y también profundiza en la lectura que hizo Todos por la Patria del primer y segundo levantamiento carapintada, que desembocó en el asalto al regimiento.

-¿Qué valorización hacés del MTP como herramienta política para la etapa iniciada en 1983?

-Era original porque partía de una mirada superadora de las organizaciones político militares, guerrilleras, como el PRT, Montoneros y FAP. Es interesante porque luego de la dictadura la izquierda estaba destruida, gran parte de su militancia exiliada, algunos presos recién salían de las cárceles.

Aprender de la experiencia de los comandantes nicaragüenses que salvaron las diferencias para unirse contra el gobierno de Somoza, vencerlo y establecer un gobierno de coalición les sirvió de lección. El MTP estaba anclado en la unidad y amplitud; no se encerraba en un sectarismo de elite de izquierda trotskista, por ponerle un término ideológico. Intentaba tener una política de base y federal en relación a la visión porteño centrista de la política argentina. Una herramienta interesante en un momento en que la juventud volvía a militar en organizaciones de derechos humanos y que luchaban por la recuperación de tierras en el conurbano bonaerense

-¿Por qué planteás que los argumentos esgrimidos por el MTP a fin del ’88 y principios del ‘89 sobre un golpe de Estado inminente no son del todo consistentes?

-Creo que hay una caracterización que es acertada, a partir de la sublevación carapintada del ’87. Tiene que ver con la ruptura de la visión sobre que la democracia estaba fortalecida, que no había riesgos para una salida autoritaria. Porque en concreto a partir de entonces se generó una opción de ultra derecha en la que los carapintadas son un actor, pero también los hay en el empresariado, los partidos, sindicatos. Ahora bien, a partir de esa caracterización la conducción del MTP intenta generar un escenario táctico que les permita intervenir en la política. Y para ello fuerzan la realidad, evidentemente. Lo latente, posible y probable lo transforman en concreto. Es una expresión voluntarista, un artificio. Y es una de las conclusiones más difíciles de charlar con ellos, porque muchos de los sobrevivientes sostienen que esos elementos de análisis eran reales

-¿Estos forzamientos, según vos, son errores concientes o no?

-Hay errores de análisis, como el supuesto de que un levantamiento carapintada en La Tablada generaría una movilización de masas multitudinaria. Eso no se dio y era difícil que se diera en ese momento. Pero otros son errores conscientes y ellos mismos lo dicen: si salía bien, todo se podía manejar; pero si no, había que dar explicaciones que nunca se dieron

-¿La repercusión del libro aportó alguna respuesta nueva a la pregunta que te hacés sobre por qué Gorriarán y otros militantes no asumieron la totalidad de los hechos luego del 23E (decir que era una táctica para un proyecto de las mayorías)?

-No. Pasa que tener una mirada crítica implica hacer una crítica hacia los compañeros de la dirección. Y muchos de ellos murieron combatiendo. La figura de Gorriarán, además, tenía un influjo que obturaba cualquier discusión. Incluso después de La Tablada. Otro aspecto es cómo empezás a cuestionar una estructura política de tantos años, con militantes de tanta experiencia que combatieron a la contra en Nicaragua. No eran improvisados, ni locos. Eran cuadros políticos, otros político militares

-¿Cómo fue recibido el libro entre los ex militantes MTP?

-No fue bienvenido. Algún sector lo único que le interesa son los homenajes; las críticas no son bienvenidas. Con algunos tuve muchas horas de entrevista, y ellos pensaron que yo estaba para homenajear a los compañeros, pero yo no estaba pare eso, sino para rescatar la historia militante de cada uno, plantear quiénes eran. Porque no eran fantasmas, sino que algunos tenían hasta treinta años de militancia encima. ¿Cómo podía ser que militantes políticos y militares tan preparados avanzaran hasta La Tablada en lo que fue una carnicería total?

Mesa Nacional MTP (enero 1989)

-¿Por qué La Tablada está como difusa en la memoria colectiva de la sociedad?

-Fue inentendible para muchos sectores. Y la visión de los sobrevivientes complicó todo aún más: lo hizo irracional en algunos aspectos. Es un hecho maldito en la historia de la izquierda argentina

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