Por Rafael Spregelburd* | Los sucesos de diciembre, que se fueron acumulando sobre otros episodios anteriores de idéntica gravedad y que venían anunciando esta política de ajuste (en todo sentido) no nos toman lamentablemente por sorpresa. Ni su tarea de inteligencia para desacreditar la protesta masiva y espontánea, con policías infiltrados o bolsones de piedras pret-à-porter a lo largo de la Avenida Callao para generar la tapa de los diarios. Sin embargo, sí parece resultar relativamente nueva la virulencia del enfrentamiento interno que estos episodios han generado en la opinión pública, que en otras épocas no hubiera dudado en condenar tantos atropellos.

Pero estas nuevas políticas ultra neoliberales están ensayando simultáneamente en distintos países (Ecuador, Brasil, Argentina) un sistema similar, un ajuste descarnado con un muy buen pack publicitario que hace pensar que -precisamente- ese ajuste es el que la gente ha votado con alegría en las últimas elecciones, o el que la gente avalaría al menos en un 50%. Yo tengo mis dudas de que esto sea realmente así. Veo los acontecimientos y sospecho de su cruel parecido con las estrategias publicitarias (el mundo de la publicidad y sus productos no me es totalmente ajeno). Sabemos que hay -prácticamente- un Ministerio de Trolls que trabajan para instalar temas, o que reaccionan de manera inmediata y automática, sobre todo en las redes sociales de figuras más o menos visibles, para instalar tópicos, mentiras y versiones de pensamiento prefabricados en factorías cuidadosas. Tal fue el caso ocurrido hace poco por ejemplo en la página de Maitena, que -tras hacer un comentario bastante sencillo de cómo veía la situación- fue atacada a un ritmo parejo e industrial que, humanamente, era difícil de creer. Estamos muy sorprendidos. No había tanto hábito de este tipo de guerra publicitaria que aparece en todos lados, y que tiene -naturalmente, como toda mentira- patas muy cortas, cortísimas. Mentiras que duran lo que duren los negocios de Clarín o Cablevisión. Esto ya pasó de idéntica manera en 2001 y cualquiera se siente viejo recordando cómo funciona la maquinaria.

Estas distorsiones se acaban cuando vemos que el ajuste no beneficia a nadie. Al menos, a nadie de a pie. Que ninguno de los recortes y ahorros forzosos a los cuales están sometiendo a la gran mayoría de la población sirven para ilustrar ninguna buena noticia.

Nada del dinero que se les está quitando a los jubilados va a parar a algo que produzca alguna ventaja: ni obras, ni dádivas, ni mejoras reales. Al gobierno anterior le criticaban el uso de obsequios como el de Fúbol para todos o cuestiones similares, que costaban mucho dinero, pero creo que al menos eran planes que incluían de vez en cuando la estrategia de arrojar una mollejita en el triste asado popular; eran “buenas noticias” para dar para la gente. Este gobierno no tiene ni siquiera ese tipo de buenas noticias populistas.Lo único que tienen es estrategia de prensa, que hace ver que el ajuste, que la pobreza y que la injusticia, aparecen disfrazadas de neologismos absolutamente ridículos, y que son beneficiosas.

Un ajuste que permita sólo la supervivencia del que hace negocios, como si la cultura fuera un negocio más. Paradójicamente, ni siquiera esos negocios están saliendo bien en esta gestión.

Las noticias en el ámbito de la cultura son igualmente desastrosas.Yo trabajo en este momento para el canal Encuentro haciendo un programa de arquitectura que supo tener ya una primera temporada notable, y este 3 de enero se anunció el despido de una cantidad de personas, que hace virtualmente imposible que el canal siga generando contenidos. En todo caso, será simplemente una plataforma para tercerizar productos privados. Un modelo a escala de otras áreas: que sólo sobreviva aquello que sea un negocio. Y esto es algo ante lo cual el Estado no tendría ninguna necesidad de estar. Si se trata de productos privados, hay otras maneras -que ya existen- de producir esos contenidos.

Tanto el canal Encuentro como PakaPaka, que eran modelos en toda Latinoamérica -y me atrevería a decir que lo eran también a nivel mundial-; o como el INCAA, que produjo la atención de las plataformas de producción de cine más importantes y más cultas del mundo -como el modelo francés o el alemán- como alternativas a la producción comercial hollywoodense; todas estas novedades culturales, Télam, TDA, DeporTV, Radio Nacional,  pasan también por el filtro de lo que se ha denominado como Ministerio de Modernización, que no es más que otra distorsión eufemística para ponerle un nombre al ajuste. Un ajuste que permita sólo la supervivencia del que hace negocios, como si la cultura fuera un negocio más. Paradójicamente, ni siquiera esos negocios están saliendo bien en esta gestión.

Esta publicidad es solamente una pata de todo el capítulo de entrega, de dominación y de dependencia, que viene a complementar la otra pata -jurídicamente un poco más complicada- que es lo que se ha denominado en varios países como el “Lawfare”. Es decir, la persecución de opositores políticos con causas que no existen, mediante la compra del favor de los jueces, la presión sobre gobernadores para que -a su vez- presionan a los diputados para la firma de de estas leyes de entrega, etc. Como ha sucedido, por ejemplo, con el caso de los mendocinos: primero se les anunció un impuesto al vino, para luego retirarlo -seguramente- a cambio de sus votos en el Congreso.

Creo que no es real que el 50% -o siquiera una cifra parecida- apoye este rumbo sociopolítico. Pero para desenmascarar eso hay un largo camino que recorrer.

Todos estos movimientos aislados tienden a parecer invisibles, pero puestos en montón muestran una orientación definitiva, más vieja que el pacto Roca-Runciman, que no va a cambiar este año, a menos que haya una enorme presión popular, como la que se vivió en 2001.

La crisis económica también va camino de ese mismo panorama. No van a poder pagar en lebacs el dinero por el que se nos está endeudando y las perspectivas -naturalmente- son negras en todo sentido.

Se espera mucha lucha y resistencia popular. Las voces están acalladas. Los medios están paralizados y comprados. Esto se vio muy claramente en el reciente caso de los despidos en la planta de Fabricaciones Militares de Azul, donde lo primero que hicieron los despedidos fue acudir a los medios, quienes explicaron que no podían dar difusión a la noticia. Visto desde afuera, tal como nos están siguiendo en Europa o en otras latitudes, la situación es verdaderamente preocupante y no es casual que se hable de un proceso similar al de Venezuela.

 

*Dramaturgo, director y actor. Nota publicada en Revista Cítrica

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