Redacción Canal Abierto | A las 14.45 comenzó el acto de una manifestación que se anticipó masiva. Convocada por Camioneros pero con la concurrencia de múltiples sectores sindicales y sociales, la marcha ocupó varias cuadras del centro porteño hasta el Ministerio de Desarrollo, en Belgrano y 9 de Julio, donde estuvo el palco que agrupó a una dirigencia variopinta, encabezada por Hugo Moyano. Hubo gente, cantos y expectativa. Pero no hubo anuncios.

No somos desestabilizadores, somos hombres y mujeres de trabajo que venimos a decirle al Gobierno que no siga aplicando políticas que no solamente hambrean a nuestra gente hoy, sino que hipotecan el futuro de nuestros hijos”, sostuvo el secretario general de Camioneros como respuesta a la demonización oficial hacia el sindicalismo.

Y en referencia a las diversas causas que enfrenta -por evasión impositiva, lavado de dinero, asociación ilícita y desvío de fondos-, agregó: “No tengo miedo de ir preso. Estoy dispuesto a ir preso si la Justicia dice que tengo que ir. No tengo miedo a que me maten, estoy dispuesto a dar la vida por los trabajadores si es necesario. No me voy a ir del país, no tengo plata afuera”.

Sin embargo, evitó convocar a un paro nacional que otros sectores presentes promovían, y no quemó las naves en su relación con el Gobierno, que hasta hace muy poco lo mantuvo en un paréntesis de la lucha, y por momentos lo mostró muy condescendiente.

Tras las palabras de Juan Carlos Schmid, de Dragado y Balizamiento y triunviro de la conducción de una CGT de fractura inminente; Hugo Yasky y Pablo Micheli, por las CTA; Sergio Palazzo, dirigente de La Bancaria; y de Esteban “Gringo” Castro, de la CTEP; Moyano cerró con un discurso corto, trabado y poco emotivo que no anunció medidas de fuerza ni tensó la cuerda.

A juzgar por el tono, todo hace suponer que el líder camionero jugará la masividad de la manifestación como un ancho de espadas en la partida de poder con el presidente Mauricio Macri, con la intención de que éste desacelere la embestida contra su figura.

De todas formas, y más allá de las motivaciones personales de la conducción, la de este 21 fue la segunda marcha masiva del movimiento obrero en el transcurso de una semana, luego de la del pasado jueves 15. Ambas –y sobre todo- en reclamo por las políticas de ajuste, despidos, y represión que impulsa el gobierno de Cambiemos. Y en un momento en que el oficialismo enfrenta la peor imagen según las encuestas desde el comienzo de su gestión.

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