Redacción Canal Abierto | Condenado a doce cadenas perpetuas por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura cívico-militar, murió el genocida Luciano Benjamín Menéndez, a los 90 años en un hospital cordobés donde estaba internado desde hacía semanas.

Estuvo a cargo del Tercer Cuerpo del Ejército, en Córdoba, entre 1975 y 1979 y desde allí se convirtió en el personaje con más poder en las diez provincias del noroeste y de Cuyo, y en un ícono de los métodos represivos más crueles del terrorismo de Estado: desapariciones, asesinatos, secuestros, torturas, violaciones y robo de bebés.

Bajo el alias “Cachorro”, “Chacal” o “Hiena”, tuvo el control operativo de las Fuerzas Armadas y de seguridad en la denominada subzona 33, zona 3, según el organigrama militar, y bajo su órbita quedó el control de 240 centros clandestinos de detención. Él mismo los solía visitar, fusta en mano, cada vez que era detenida una víctima muy buscada por la cúpula militar, según los testimonios de los ex detenidos durante los juicios que terminaron por condenarlo.

Entre esos centros estaba La Perla, conocido como “la ESMA cordobesa”, por donde se calcula que pasaron 2500 detenidos. Los testimonios de los pocos sobrevivientes acreditaron que Menéndez solía visitar La Perla y presenciaba interrogatorios, torturas y fusilamientos.

Durante los juicios, Menéndez siempre utilizó el derecho a hacer su descargo antes del veredicto. Pero no hubo lugar para el arrepentimiento. En 2010, antes de ser condenado junto al dictador Jorge Rafael Videla, afirmó: “Nunca perseguimos a nadie por sus ideas”.

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