Redacción Canal Abierto | Luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y con la excusa de una guerra global contra el terrorismo, la CIA iniciaba un programa torturas en interrogatorios que eufemísticamente calificaba como “técnicas reforzadas de interrogación”.

Al poco tiempo el mundo entero se escandalizaba por las fotos de detenidos en cárceles estadounidenses desnudos, maniatados, amontonados unos sobre otros y con rastros de sangre.

Investigaciones posteriores confirmaron que dichas “técnicas” -eufemismo utilizado por el ex mandatario George W. Bush cuando las consideró legales- no eran más que torturas: “ahogamiento simulado”, la privación de sueño, el uso de perros agresivos, los gritos, los golpes, etc.

El y repudio internacional que procoaron las imágenes tomadas por los propios torturadores obligó a que, en 2009, Barack Obama tomara cartas en el asunto. Aunque prohibió la utilización de métodos de torturas en interrogatorios, también decidió no tomar acción legal contra los agentes de la CIA que las habían llevado a cabo.

Ahora el presidente Donald Trump parece retornar a la usanza Bush, algo que ya era anticipable durante su campaña de 2016. Con su retórica belicista, brabucona y ultra xenófoba, el por entonces candidato aseguraba: “He hablado con personas en lo más alto de la cúpula de inteligencia y les he preguntado si la tortura funciona y la respuesta fue sí”. En concreto, y ante la pregunta de la prensa sobre cuál era su postura al respecto, lanzaba: “Creo absolutamente que funcionan”.

Además de anunciar esta mañana el reemplazo de Rex Tillerson por Mike Pompeo (hasta hoy director de la CIA) al frente del Departamento de Estado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anticipó un nombramiento histórico: por primera vez una mujer dirigirá la CIA.

Gina Haspel, de 61 años y número dos de la agencia de inteligencia, fue subdirectora del Servicio Nacional Clandestino y del Servicio Nacional Clandestino para Inteligencia Extranjera y Acciones Encubiertas. También dirigió una cárcel clandestina en Tailandia donde varios sospechosos de terrorismo – la historia salió a la luz por el relato de dos víctimas, Abu Zubayadah y Abd al Rahim al-Nashiri, y ex agentes que participaron de las sesiones- fueron sometidos en 2002 a la técnica también llamada “submarino” o “ahogamiento simulado”.

A su vez, Haspel luego se vio involucrada en la destrucción de los videos que confirmaban las torturas. Según una investigación del diario The New York Times, el nombre de Haspel es el que aparece en el mensaje que pide a agentes deshacerse de las pruebas.

La designación de Haspel, en febrero de 2017 como subdirectora y ahora como directora de la CIA, se interpreta como un reconocimiento de Trump a los abusos a detenidos. También por parte de Pompeo, que ha dicho que el “ahogamiento simulado” no es tortura y ha considerado “patriotas” a quienes lo utilizaron tras el 11-S.

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