Redacción Canal Abierto | El nivel de desempleo bajó al 7,2% la población económicamente activa en el cuarto trimestre de 2017. Al menos esa es la lectura oficial de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que acaba de publicar el Indec, que refleja un festejado descenso en relación al trimestre anterior de casi un punto porcentual. Pero, las lecturas menos proclives a la condescendencia no son tan optimistas.

El índice de desempleo es estacional, es decir que varía cíclicamente de acuerdo a la época del año. Dicho de otra manera, el desempleo debe compararse, no con el trimestre anterior, sino con el último trimestre de 2016, donde el descenso fue de apenas de 4 décimas.

El propio Indec afirma que “las tasas de actividad y empleo no presentan diferencias estadísticamente significativas” y que “la actividad, empleo y desocupación, en 20 de los 31 aglomerados, se mantienen sin cambios significativos”. En el Gran Buenos Aires, sin embargo, la desocupación supera con creces el promedio y llega a 8,4% y la más alta del país se concentra en el conurbano bonaerense (9,2%), Mar del Plata (9,3%), y Rawson-Trelew (8,9%). En estas dos ciudades patagónicas, además, aumentó 3 puntos porcentuales en relación al mismo trimestre del año pasado.

Para el Indec, un desempleado es aquella persona en edad de trabajar que busca empleo pero no lo consigue. En el cuarto trimestre, la tasa de desocupación tiende a caer por efecto del desaliento. Muchos consideran que si para octubre no consiguieron trabajo, ya no van a encontrarlo ese año y dejan de buscar hasta el siguiente enero. Es decir que no crece el empleo, sino que más desocupados dejan de buscarlo. Pasan entonces a ser “subocupados no demandantes”, un indicador que interanualmente creció en los partidos del conurbano bonaerense, Gran Resistencia, Gran Tucumán, Gran Santa Fe, Neuquén y Viedma, y se duplicó en Gran Mendoza, Gran San Juan, Gran San Luis, Salta, Gran La Plata y Río Gallegos.

A esto se agrega que los signos de recuperación en el nivel de empleo que aparecen en la muestra del Indec, son resultado principalmente de dos fenómenos: el autoempleo y el empleo informal. Es decir, en actividades de supervivencia de la población ante la ausencia de políticas públicas generadoras de empleo formal.

“8 de cada 10 ocupados nuevos de esta recomposición del empleo obedece tanto a la extensión de la informalidad y el consiguiente abaratamiento de la mano de obra que busca alcanzar el Gobierno y reforzar con la venidera reforma laboral, como a la capacidad de los desocupados de autoinventarse un empleo”, detalla un informe publicado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).

El estudio sostiene también que la mayor aceptación de inserciones precarias por parte de la población se explica “en un marco laboral de escasas oportunidades de empleo formal, y un proceso inflacionario que no cesa y que amenaza con profundizarse frente a los anuncios de aumento de tarifas en electricidad, gas y transporte en los próximos meses”.

El reflejo de esas condiciones es la caída del salario, que durante 2016 fue de un 6% y la recuperación de 2017 lo siguió dejando un 4,5% por debajo de 2015.

“En concreto, la reactivación económica del año 2017 trajo aparejado un mercado laboral con una recomposición del empleo sobre la base de ocupaciones precarias sin efectos significativos en el descenso de la desocupación”, concluye el IPyPP.

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