Redacción Retruco | Doble discurso que pone los pelos de punta a pequeños y medianos productores que, como lo hizo la Federación Agraria Argentina (FAA), ya han expuesto su preocupación por el ingreso de papa importada desde Brasil al mercado argentino.

La Argentina volverá a importar soja desde Estados Unidos por primera vez en veinte años, por unas 120.000 toneladas (aunque finalmente serían 240.000), informó el Departamento de Agricultura norteamericano (USDA). El cargamento llegará a los puertos del Gran Rosario en octubre y noviembre, cuando ya esté concluida la liquidación de la cosecha gruesa.

La cifra importada, marginal teniendo en cuenta que la USDA  prevé una producción total de la oleaginosa de 40 millones de toneladas, algunos la atribuyen a la sequía y a las necesidades de tomar recaudos para sostener el flujo de la producción a lo largo del año por parte de las grandes plantas de molienda. Para otros, las empresas procesadoras de aceite y harinas decidieron importar soja ante la distorsión de los precios en el mercado interno. Sostienen que la decisión de comprar soja a Estados Unidos o Brasil es temporal, mientras se acomodan los precios en el mercado local.

Sin embargo, es llamativo que la decisión se produzca una semana después del anuncio de China de que impondría aranceles a la oleaginosa proveniente de Estados Unidos, en el marco de la guerra comercial entre las dos principales economías del mundo. Una de las alternativas es que EE.UU. utilice a la Argentina para triangular las ventas a Asia de este nuevo excedente.

Sea por la razón que fuere, lo cierto es que en el país que hace de su “Modelo Extractivista” de “sojización” extrema la razón de ser de su actividad económica, termina importando soja para saciar a los mayores exportadores de granos: Dreyfus, Cargill, Bunge, Cofco (incluye a Nidera), Aceitera General Deheza (AGD), Vicentin, Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), Toepfer, ADM, Amaggi Argentina.

En 2017 las multinacionales Cargill, Cofco, Bunge, Dreyfus y la argentina AGD estuvieron en el top five de las exportaciones. Los cinco principales exportadores en Argentina despacharon cerca del 57% del total de granos, harinas y aceites. La concentración y extranjerización de la economía en este ramo son pavorosas.

No deja de llamar la atención que mientras los productores de porcinos se quejan por la baja rentabilidad del negocio, después de 26 años de veda, Argentina vuelva a importar cerdo desde Estados Unidos que se había cerrado en 1992 por cuestiones sanitarias. La posibilidad generó resistencia en los productores locales, ya preocupados por el alza de importaciones de carne fresca y procesados, principalmente desde Brasil y España.

El regreso de la carne de cerdo estadounidense formó parte de la mesa de negociación, en la que Argentina buscó acelerar los tiempos para que el gobierno de Donald Trump habilitara de manera definitiva el ingreso de los limones y de la carne vacuna argentina a su mercado, cerrado en 2002 tras el brote de fiebre aftosa.

Si bien se habilitó la entrada de limones sigue pendiente la apertura de la carne, una obligación que tiene que cumplir Trump por un fallo en contra de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En este caso, y siguiendo los lineamientos de la Teoría de la Dependencia, ésta no se produce por el deterioro de los términos de intercambio que se verifica entre los países centrales que exportan manufacturas y los periféricos que comercializan materias primas. Aquí y ahora, en el “Reino del Revés”, en el país de los granos y de las vacas, por obra y gracia de políticas antinacionales y antipopulares, se está trayendo de afuera lo que hay, y de sobra, fronteras adentro, con el consiguiente perjuicio para la producción local.

La dependencia es fruto del propio modelo productivo y de redistribución de la riqueza imperante desde Martínez de Hoz a la fecha.

Fuente: www.retruco.com.ar

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