• Por Carlos Saglul | No se puede entender el drama argentino si no se tiene en cuenta la fuga de capitales equivalente, según algunas mediciones, al 80 por ciento del Producto Bruto Interno. En los primeros nueve meses del actual gobierno se fueron 68 millones de dólares cada 24 horas. Sólo en 19 meses se fugaron del país 40 mil millones de dólares.

No hay paraíso sin infierno. Deuda y fuga de capitales reemplazaron totalmente la sustitución de importaciones luego de la reforma financiera de 1977 que confluyó con la apertura a los mercados externos. Por cada dólar que entró y se transformó en deuda externa, otro se fugó. Es parte del origen de muchas de las grandes fortunas que hoy manejan este país. Estas empresas obtenían ganancias millonarias mientras el terrorismo de Estado masacraba lo mejor de nuestra sociedad, aquellos que podían conducir la resistencia al vaciamiento del país.

El ciclo cobró nuevamente bríos en los noventa. En una década, 368 empresas tomaron deuda por 21.000 millones de pesos. Se fugaron 18.158 millones de dólares. Las estadísticas se desprenden del trabajo de Andrés Wainer y Mariano Barrera, Endeudamiento y Fuga. Entre esas empresas estaban las del actual presidente de la Nación, Mauricio Macri.

El INDEC estima que se han fugado 262.343 millones de dólares. Las estimaciones privadas hablan hasta de 500 mil millones de dólares.

Todos los dólares que se fugan a los paraísos fiscales tienen como contrapartida el infierno social que implica la falta de inversiones con la consiguiente desocupación, el recorte de partidas para salud, educación y planes sociales.

Estados Unidos tiene los paraísos fiscales más importantes del mundo: Nevada, Delaware, Dakota del Sur. ¿Cuántas firmas norteamericanas aparecen en los Papales de Panamá? Ninguna. A Estados Unidos y Gran Bretaña los únicos paraísos fiscales que le molestan son los que están fuera de sus fronteras que a veces se prolongan a través de sus mismos bancos. Los ejemplos son “sucursales” como Citibank Cayman o J.P. Panamá, entre otras.

Según Ronen Palan en Historia de los paraísos fiscales, uno de los primeros territorios de ese tipo fue Delaware, un pequeño estado que se ha convertido en uno de los centros financieros a nivel planetario. Se radican en esa jurisdicción el 60 por ciento de las quinientas empresas más importantes del mundo.

“La evasión fiscal es una guerra contra el Estado de Bienestar que garantiza salud y educación para todos”, dice el Instituto Wider, dependiente de las Naciones Unidas.   

Argentina es uno de los países con más dinero en los paraísos fiscales según un estudio de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de Estados Unidos. Al menos 17 funcionarios tienen cuentas de ese tipo. Aún el recientemente designado titular de la Agencia Federal de Ingresos Públicos, Leandro Cuccioli, tiene sus fondos en las Islas Caimán.

Teniendo en cuenta estos antecedentes no llama la atención  que el presidente Macri defienda a capa y espada las sociedades offshore y los paraísos fiscales donde él y casi todo su Gabinete parece tener intereses. “Son perfectamente legales”, dice el jefe de Estado para ratificar la versión del ministro de Finanzas, Luis Caputo, en su escandalosa declaración ante el Congreso donde justificó su afinidad con las guaridas fiscales. Sólo el enorme blindaje mediático del oficialismo permite que sus funcionarios no corran la suerte del primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson, del titular de la cartera de Industria de España, Manuel Soria, y de otros altos funcionarios que debieron renunciar tras aparecer en los Papeles de Panamá.

Cada vez que justifica la supuesta “gradualidad” del ajuste, el Gobierno alega que “es para que no sufran los más humildes”, cuando en realidad lo que hace es realizar una inmensa transferencia de fondos de los sectores que menos tienen a la plutocracia gobernante. Como en la dictadura, se socializan las pérdidas vía pago de la deuda externa mientras la fuga de capitales asegura sus ganancias en las guaridas fiscales. Las multinacionales que las utilizan y los grandes bancos jamás permitirán que las offshore sean ilegalizadas. No es una cuestión jurídica sino de relación de fuerzas. El poder financiero  lidera como nunca el bloque dominante.

Desde este punto de vista, tiene razón Macri: no son ilegales las guaridas fiscales. Sí son inmorales quienes las utilizan para encubrir operaciones oscuras, blanquear fondos de la corrupción política y el narcotráfico y, lo que es peor, evadir el pago de impuestos recargando sobre los gravámenes al consumo –que pagan los sectores más humildes de la sociedad- para hacer frente al financiamiento de salud, educación, investigación científica  y todo lo que precisamente hoy no deja de recortar el actual gobierno.

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