Por Pablo Bassi | Globos celestes y blancos sobrevolaban las cabezas de los trabajadores organizados en Barrios de Pie que, desde temprano, habían cortado la calle a pocas cuadras del Alto Avellaneda, en el corazón del todopoderoso cordón industrial destruido por el neoliberalismo, donde Darío Santillán y Maximiliano Kosteki dejaron la vida. Estaban inaugurando su primera fábrica: Calzados del Sud.

“Si bien peleamos por alimentos y planes, nuestra fundación en 2001 estuvo orientada a crear trabajar genuino”, le dice a Canal Abierto Leonardo Urreojola, referente del movimiento social. “No sólo cortamos calles: la semana pasada dimos una mano en las inundaciones y hoy estamos felices de abrir una cooperativa de zapatillas y zapatos en momentos de cierre de empresas”.

Urreojola aclara: esto no es un microemprendimiento; es una fábrica que emplea a quince trabajadores de lunes a viernes de 8 a 17, con una hora de almuerzo, objetivos de producción y la apuesta a implementar turnos las 24 horas.

El sueño empezó cuando un fundido empresario víctima -como tantos- de la avalancha importadora se les acercó. “Tengo miles de dólares en máquinas y algunas licencias de marcas. ¿Qué hacemos?”, preguntó.

Desde 2015 hasta hoy, la producción de calzados en la Argentina se redujo de 125 millones a menos de cien millones, según la cámara industrial del sector. Por el contrario, las importaciones pasaron de casi 90 millones a 150 millones. Durante 2017, informó el INDEC, se trajeron del exterior 34 millones y medio de pares, equivalentes a un 26% más que el año anterior. Para la unión de trabajadores del gremio, a partir de la asunción del presidente Macri se perdieron 6 mil puestos de empleo.

Finalmente las máquinas fueron bien recibidas en unos galpones que Barrios de Pie tiene sobre Pasaje Mayor Rosasco. Durante un mes y medio, dieciséis trabajadores recibieron un entrenamiento que les permite producir casi 600 pares diarios. Solicitaron un crédito para los primeros insumos y comenzaron a buscar clientes.

Desde hace tres semanas, Calzados del Sud fabrica para privados que revenden, locales al público, municipios. Entre ellos, el de Avellaneda, que garantizó ya la compra de 3000 pares y comprometió la plata para unos 10 mil al año para su programa De punta en blanco.

Apuntamos a pegar un salto cuantitativo el Día del Niño. Para esa época, además, queremos tener ya lanzada nuestra propia marca, junto a la colección de verano”, anticipa Urreojola.

La lucha por la ley de Emergencia Social de los trabajadores de la Economía Popular ha institucionalizado grandes posibilidades de trabajo, que chocan a diario con las políticas de un gobierno que pretende restringirlas. Sin esa pelea no hubiese sido posible el Salario Social Complementario con el que los quince operarios reciben 4800 pesos por mes, más la socialización cooperativa de los ingresos obtenidos por venta.

Zapatos para damas y caballeros, zapatillas tipo Pampero, de cuero, botitas, botines deportivos y de seguridad; todo eso fabrica Calzados del Sud, que ya recibió la oferta de contar con un puesto en la feria de Avellaneda. “Pasa que ahí tenemos que estar completos”, advierte Urreojola. “Vienen, te piden, tenés que tener varios números y modelos. Como 200 pares”, precisa. “En un par de semanas, arrancamos”.

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