Redacción Canal Abierto | El Ministerio de Cultura de la Nación a través de una Encuesta Nacional de Consumos Culturales reveló los (supuestos) comportamientos de la población argentina respecto de los hábitos y consumos en relación a la cultura.

La encuesta -que fue encargada a la conocida consultora de mercado y opinión pública Ibarómetro-, contó con 2.800 casos efectivos en Capital Federal, Provincia de Buenos Aires, NOA, NEA, Centro, Cuyo y Patagonia y en la introducción del informe presentan a la cultura “como un factor de integración y crecimiento social.”

En todos los rubros en los que hace hincapié la encuesta (cine, teatro, música en vivo, compra de libros) los consumos culturales disminuyeron en 2017 respecto de 2103. “En términos generales, la asistencia a recitales disminuyó en los últimos cuatro años. En 2013, un 34% de la población había asistido a algún espectáculo de música en vivo durante el año, mientras que en 2017 esa proporción fue del 22% -sostiene el estudio-. Entre las personas que dejaron de asistir, 7 de cada 10 pertenecen a sectores socioeconómicos medios y bajos y casi el 50% de la población de los estratos altos concurrió a recitales durante 2017 contra el 9% de la población de nivel socioeconómico bajo”.

Respecto del teatro, la caída es también muy notoria: “mientras que en 2013 el 19% de la población asistió al teatro, en 2017 sólo lo hizo el 11%. Esto representa una reducción de poco más del 40%”.

Pero uno de los datos más llamativos –o no-  que cierra el informe es la categoría de “gasto por consumo”: “En 2017 las prácticas digitales (Internet, cable y celular) representan el principal ítem en el gasto cultural total ($1.125 por mes). Este monto más que duplica el del resto de los gastos en cultura considerados individualmente. Como contracara, los consumos a los que se destina un menor gasto promedio por mes son el teatro, los libros y revistas, y el cine”, explican desde el informe.

Incultos y en casa

Aunque la cultura no puede pensarse de forma única e inmodificable, en general se suele distinguir la cultura popular de la cultura de élite y los sectores a los que representa cada una. Es por eso que la pregunta sobre por qué es importante la cultura popular para un barrio, una ciudad, o un país sobrevuela toda vez que se implementan nuevas políticas públicas en este ámbito.

“Las expresiones culturales que menos convocan a los argentinos son las más asociadas con la ‘alta cultura’ o ‘la cultura de élite’: la ópera y los conciertos de música clásica, que no fueron consumidos por alrededor del 90% de la población”, sostiene el informe. Sin embargo, deja por fuera el contexto socioeconómico que vivió –y vive- el país en el período relevado: los tarifazos y la inflación que dificultan la supervivencia de espacios autogestionados (como teatros, centros culturales, clubes de barrio, etc). y la desinversión en esa cartera que imposibilita la producción nacional, entre otros gestos que han tendido a desarticular expresiones de la cultura popular y, por ende, de la soberanía.

Por otra parte, en la introducción de la encuesta se señala que “el crecimiento exponencial de la digitalización de contenidos culturales posibilitada por la expansión de la red de Internet, junto con la masividad del uso de celular permiten decir que, potencialmente, hoy podemos acceder a la cultura en cualquier momento y lugar”. ¿Es lo mismo “consumir” cultura desde un smartphone que ir a ver una obra de teatro?

 

 

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