Redacción Canal Abierto | “Un gran día para Israel”, tuiteó este lunes por la mañana el presidente Donald Trump, a pocas horas de lo que sería la inauguración oficial de la Embajada norteamericana en la ciudad de Jerusalén, en el 70 aniversario de la creación del Estado de Israel.

Sin embargo, ese “gran día” para Israel sería, a la vez, de protesta para Palestina. Más dramático aún, se volvería masacre tras la represión del Ejército, la cual –según estadísticas del Ministerio de Salud local– dejaría el terrible saldo de 38 palestinos asesinados y 1703 heridos (27 en estado crítico).

En las últimas horas, la Autoridad Palestina acusó a Israel de cometer una “horrible masacre” en la frontera de la Franja de Gaza y pidió “una intervención internacional inmediata para frenar la horrible masacre cometida por las fuerzas israelíes de ocupación”.

Se trató de la jornada más sangrienta luego de varios días con manifestaciones contra la controvertida jugada política de la administración de Donald Trump en Oriente Medio, cambiando el delicado estatus de Jerusalén a capital del Estado de Israel.

La medida, anunciada en diciembre pasado, ya había sufrido fuertes críticas críticas de las autoridades palestinas (población mayoritaria en la zona este de la ciudad). En su momento el presidente palestino, Mahmud Abás había asegurado que violaba “todas las resoluciones y acuerdos internacionales”, y que con tan sólo aquel anuncio se animaba a Israel a “seguir con la política de ocupación, asentamiento y limpieza étnica”.

En la misma línea opinaba el jefe del Estado francés, Emmanuel Macron: “el estatuto de Jerusalén es un tema de seguridad internacional que concierne a la comunidad internacional. El estatuto de Jerusalén deberá ser determinado por los israelíes y los palestinos en el marco de las negociaciones bajo la égida de las Naciones Unidas”.

Por su parte, la primera ministra británica, Theresa May, hacía lo propio, y aseguraba que “no tiene planes de trasladar” la capital de Tel Aviv.

En la región las administraciones de Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Michele Bachelet en Chile también criticaban la decisión unilateral. Hasta el Gobierno de Mauricio Macri –cercano a la administración Trump– planteaba reparos ante “medidas unilaterales que pudieran modificar” el estatuto especial de Jerusalén.

Incluso Egipto y Arabia Saudí, ambos aliados norteamericanos en la región, rechazaron la decisión por entender que viola las resoluciones internacionales.

Luego del anuncio de Trump en diciembre, la lista de países críticos no paró de crecer, lo que de alguna forma aisló la estrategia incendiaria estadounidense en Medio Oriente.

Claro está que el único en respaldar de plano la medida fue el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que la calificó de “histórica”.

JERUSALÉN

Para los judíos es el lugar de la construcción del primer templo de su fe, para los cristianos la ciudad donde Jesús desarrolló su misión, y para los musulmanes desde donde Mahoma ascendió al cielo. Conquistada por casi todos los imperios viejos y actuales, Jerusalén fue ocupada en su mitad Occidental por Israel durante la guerra árabe-israelí de 1948 y en su mitad Oriental (que estaba bajo el control jordano) en la guerra del 1967. En 1980, Israel aprobó la “Ley de Jerusalén” para anexionar la parte oriental, que desde entonces está ilegalmente bajo su jurisdicción.

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