Redacción Canal Abierto | Corría el año 1918 y en el ámbito de la incipiente educación superior nuestro país vivía una transformación histórica que se convertiría en faro para el resto de las universidades latinoamericanas.

A 100 años de la Reforma Universitaria, movimiento político y cultural, la historiadora Natalia Bustelo analiza ideas y protagonistas de aquellos que cuestionaron y enfrentaron las jerarquías universitarias en Argentina. Fuego esperanzador para unos y fantasma para otros, la Reforma luego prendió en el resto de la región.

“Los reclamos que dispararon el movimiento de 1918 fue amplio y diverso, e incluyó consignas como la necesidad de democratización, libertad de cátedra, asistencia no obligatoria (permitía los boicots estudiantiles a profesores que no habían llegado por concurso sino por afinidades personales) renovación de la plantilla docente y reestructuración del Gobierno universitario, para que este no fuera vitalicio sino elegido por el voto”, cuenta Bustelo, autora de “Todo lo que necesitas saber sobre la reforma universitaria”. El libro publicado este año por Ediciones Paidós surge de su investigación sobre la Reforma Universitaria, premiada por el Colegio de México como Mejor Tesis en Historia Intelectual (2014-2015).

La Reforma Universitaria fue un movimiento de proyección latinoamericana para democratizar la universidad y otorgarle un carácter científico, que se inició con una rebelión estudiantil en la Universidad Nacional de Córdoba. Su fecha simbólica es el 15 de junio de 1918, momento en el cual los estudiantes irrumpieron en la Universidad para impedir que se consumara la elección del rector y declararon una segunda huelga general.

“Se trató de un quiebre porque allí surge el estudiante como sujeto político que deja de estar ligado a las elites oligárquicas”, analiza la historiadora integrante del CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas), y agrega: “de todas formas, cuando hablamos de Reforma Universitaria tenemos que hablar de varias reformas. Por ejemplo, encontramos feministas sumándose a la lucha por democracia, mayor ingreso de mujeres a las universidades y participación; y varones reformistas que saludaban esos principios. Pero también encontramos miradas opuestas, conservadoras en este sentido”.

Natalia Bustelo es uno de los 500 científicos y científicas que en 2016 -producto de la política de ajuste en el sector- vieron impedido su ingreso al CONICET, pese a haber cumplido los requisitos y concursos correspondientes. “Lamentablemente, llegamos al centenario con drásticos recortes presupuestarios, investigaciones que quedan truncas, falta de materiales y salarios que no alcanzan”, asegura.

Si bien la historiadora no desconoce la amplia organización y movilización estudiantil que opone resistencia a las políticas de ajuste de Cambiemos en la universidad pública, reconoce: “hoy está más movilizada la planta docente que los estudiantes”.

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