Por Mariano Vázquez (@marianovazkez) | Cuando Evo Morales ganó las elecciones presidenciales del 18 de diciembre de 2005 convirtiéndose así en el primer indígena en asumir ese cargo, la derecha racista, colonial y capitalista de Bolivia hizo una apuesta. Imposibilitados de ignorar el histórico 53,7 por ciento de los votos auguraron: “Dejemos al Indio gobernar seis meses, la economía se desplomará y volveremos nosotros”. Doce años y medio después, Bolivia es un ejemplo de economía pujante, elogiada por organismos internacionales, que transformó un país excluyente, formateado por las elites blancoides en la segregación de sus mayorías, en un país incluyente.

Bolivia siempre fue en la región el país más pobre después de Haití. Eso cambió y cómo. El 1° de mayo de 2006 Evo Morales decretó la nacionalización de los hidrocarburos. “Fue un parte aguas: se modificó la matriz distributiva del país, la relación con el capital transnacional y  se inició una nueva etapa en la economía que, con mucho pragmatismo, estabilizó al país, aumentó el poder adquisitivo, cuadriplicó el PBI y consolidó las reservas internacionales”, explica el analista político y periodista boliviano Julio Peñaloza Bretel.

A continuación, algunas lecciones que el Ingeniero puede tomar del Indio.

En 2005, la diferencia en los ingresos entre los más ricos y los más pobres era de 129 veces, doce años después la cifra bajó a 39. La pobreza en Bolivia disminuyó de 59,6 a 37,6 por ciento, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la más baja de toda su historia. En tanto que la pobreza extrema se redujo de 36,7 a 16,8 por ciento en el mismo periodo de tiempo. Cifras que lo ubican como el país que más redujo este ítem en la última década en la región. Esto se replica en la disminución del desempleo, que bajó con Evo Morales de 8,1 a 4,5.

En los últimos años, a pesar de un contexto externo desfavorable, la economía boliviana continuó creciendo de manera sostenida. En estos doce años el Producto Bruto Interno (PBI) ostenta una suba anual promedio del 5 por ciento y si tomamos, por ejemplo, el 2017 observamos la diversidad de actividades que conformaron este incremento: la industria manufacturera representó el 18,6 por ciento, el sector de establecimientos financieros (14,3), agropecuario (13,8), y transporte y comunicaciones (12,8). El informe del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas del Estado Plurinacional de Bolivia señala que “todas éstas –además de construcción, comercio, servicios básicos, entre otros– son actividades vinculadas a la demanda interna y son generadoras de empleo”.

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Desde 2014, la economía boliviana es  la de mayor crecimiento en América del Sur. El Producto Bruto Interno nominal en 2005 llegaba a 9.574 millones de dólares, doce años después se multiplicó por cuatro alcanzando los 37.816 millones. Si contabilizamos el PBI per cápita en el mismo período observamos que pasó de 1.037 a 3.393 dólares. Esta expansión se complementó con la estabilidad. La tasa de inflación alcanzó a 2,71 por ciento en 2017. Los indicadores emitidos por el Banco Central de Bolivia (BCB) indican que el promedio anual de la inflación desde la llegada de Evo Morales al gobierno no llega al 6 por ciento anual.

La inversión pública ejecutada por el Estado, se incrementó en más de siete veces, de 629 millones de dólares en 2005 a 4.772 millones en 2017. Esta decisión política dinamizó la actividad económica del país. “Esta variable, permitió reducir el déficit de infraestructura productiva y cubrir las necesidades elementales de la población, como agua y saneamiento básico. Es importante señalar que pese a un contexto internacional desfavorable y caída de los precios del petróleo, el gobierno nacional ha garantizado los recursos destinados a la inversión pública como una variable de sostenibilidad económica del país”, destacó el ministro de Economía Mario Guillén Suárez. El año pasado Bolivia se ubicó en el primer lugar por cuarta vez en este rubro en estos doce años, por encima de Ecuador, Colombia, Paraguay, Chile, Perú, Brasil y Argentina.

A diferencia de la lógica de Cambiemos en la Argentina, el proceso de cambio boliviano considera que la inversión pública genera un efecto multiplicador sobre los sectores productivos como mano de obra, demanda de insumos y servicios.

El Modelo Económico Social Comunitario Productivo de Bolivia ha fijado como basal de su construcción la redistribución de la riqueza. Por eso, desde 2006, el salario mínimo aumenta por encima de la tasa de inflación. Mientras en los gobiernos neoliberales se mantenían congelados e incluso se reducían, durante la gestión del Movimiento al Socialismo (MAS) pasó de 440 pesos bolivianos en 2005 a 2.000 en 2017. El incremento en doce años acumula 355 por ciento. Hoy el peso boliviano vale cuatro veces más que el peso argentino.

Un estudio sobre poder adquisitivo en Sudamérica realizado por el Observatorio de Políticas Públicas, Módulo de Políticas Económicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) señala que “con una caída acumulada del 6,1 por ciento, Argentina es el país de la región de mayor deterioro en el poder adquisitivo del salario mínimo en los últimos 2 años”. En el extremo opuesto está Bolivia que elevó la capacidad de compra en un 8,2 por ciento en el mismo período.

El endeudamiento externo siempre ha sido una espada de Damocles para el crecimiento en América latina. El Observatorio Fiscal Federal estima que la ratio deuda-PIB de la Argentina desde la llegada de Mauricio Macri alcanzó el 60 por ciento, Bolivia lo bajó del 51,7 por ciento en 2005 a 24,9 en 2017.

Este “milagro” económico se combinó con fuertes posicionamientos políticos que han hecho de Bolivia un país de referencia. Al romper relaciones con los Estados Unidos cortó con su historia de sumisión y se convirtió en referente en temas de autodeterminación, integración y medio ambiente.

Como afirma el vicepresidente boliviano e intelectual Alvaro García Linera, Bolivia siempre debatió-confrontó entre dos bloques ideológicos-regionales. Occidente y Oriente. Los pueblos indígena-campesino-originarios y la oligarquía-empresarial. Asevera que para evitar ese choque, el modelo a consolidar es el capitalismo andino-amazónico, que no aspira a transformarse en un sistema socialista pero que se convierte en un frontón para el neoliberalismo.

El periodista e historiador argentino que residió mucho años en Bolivia Pablo Stefanoni señala que “más que una teoría, el capitalismo andino consiste en algunas propuestas vinculadas a una articulación entre las formas modernas (capitalistas) y tradicionales de la economía (comunitarias-microempresariales), con el Estado como artífice de la potenciación de estas últimas mediante la transferencia de tecnología y recursos”.

En su libro La potencia plebeya, García Linera da cuenta del modelo económico naciente en Bolivia a partir de 2006 y del rol de las identidades indígenas, obreras y populares. El Modelo Económico Social Comunitario Productivo de Bolivia “ha sido manufacturado por el presidente Evo Morales, las organizaciones sociales, acompañado por profesionales: intelectuales, economistas, ingenieros comerciales”. Se trata de una economía plural que reconoce “varias formas o sistemas organizativos de economía: régimen mercantil empresarial privado, su característica es que el dueño no trabaja, administra y contrata trabajadores; la economía estatal que se mueve entre capitalismo de Estado y el socialismo, y la pequeña economía mercantil urbana que no necesariamente es empresarial, en la que el dueño trabaja y recibe la colaboración de la familia”, que suma a la economía campesina mercantil y la campesina comunal.  “Estos cinco tipos de economía existen en Bolivia y merecen respeto, apoyo técnico y reconocimiento.

Las elites blancas que vaticinaron seis meses del Indio tuvieron que tragarse sus palabras. Por estas latitudes, muchos pueden aprender del Indio, sobre todo el Ingeniero que ocupa hoy la Casa Rosada.

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