Redacción canal Abierto | Cuarenta años pasaron de la final histórica que consagró a Argentina como campeón del Mundial 78. La organización de este evento sirvió para ocultar al mundo el horror que se vivía detrás con un país en plena dictadura militar.

Cristina Feijóo, escritora y militante, fue presa política en dos oportunidades: de 1971 a 1973, y de 1976 a 1979. En esta entrevista relata su experiencia, el clima durante el Mundial, y el exilio al que fue condenada.

“Yo estaba presa en la cárcel de Devoto cuando fue el Mundial en junio del ’78. Las detenciones eran parte del clima político que vivía el país, donde mucha juventud estaba involucrada en la militancia. En ese tiempo los estudiantes estaban muy consustanciados con las luchas obreras. Como producto de eso vinieron las persecuciones y los arrestos”, relata Feijóo.

Las mujeres fueron concentradas en Devoto, donde llegaron a ser 1200 presas. En 1975 se produjo la militarización de las cárceles, donde todas pasaron a estar bajo el control de las Fuerzas Armadas.

En este clima sucedió un hecho que marcó a la escritora: “En marzo del 78, tres meses antes del Mundial, fue la masacre del pabellón 7, donde murieron 64 presos. Fue un día escalofriante para nosotras y para todo el penal. Escuchábamos las ametralladoras, los gritos, el humo, cortaron el agua, la luz, y todo suministro durante un día. No sabíamos si venían por nosotras o cuál era el motivo de lo que estaba pasando. Esas eran las condiciones para los presos en una época donde los militares estaban masacrando, no sólo en sus cárceles y centros clandestinos, sino también en cárceles `legales’”.

Mientras el evento deportivo pasaba, Cristina y las demás presas no tenían acceso a la televisión, la radio o los diarios. “Si bien teníamos en claro que el triunfo era un espaldarazo a los militares, también en un rincón del corazón queríamos que Argentina ganara. De lejos escuchábamos los goles y no todos reaccionábamos de la misma manera, pero el grito de gol salía del corazón, más allá de toda consideración política”, comenta.

En los pabellones compartían tareas, cocinaban y limpiaban. A pesar de pertenecer a cuadros políticos distintos –expresa Feijóo-, también encontraron la manera de ser contención para la otra. “El trato era respetuoso y cariñoso entre nosotras, porque todas estábamos consientes de dónde estaba el enemigo, que estaba fuera de las rejas. Teníamos nuestras maneras de defendernos y de resistir a esta política de aniquilamiento a la que estábamos sometidas”.

Finalmente, en 1979 llegó la libertad. Sin embargo, por sus antecedentes con la dictadura anterior, no le permitieron estar en el país. Aunque no aceptaba esta decisión, solicitó el permiso. Se lo negaron y tuvo que esperar seis meses más. “Mi primer día de libertad fue en Suecia. Tuve una sensación de bastante irrealidad. Llegué a un país en invierno, era oscuro a las cuatro de la tarde, nevaba. Yo jamás había visto la nieve y no hablaba el idioma. Entonces todo era extraño. Era estar libre pero en un planeta desconocido”, cuenta Cristina.

En el exilio escribió muchas cartas que le permitieron reflexionar sobre lo que estaba viviendo y sobre lo que había dejado atrás. Cuando volvió al país, comenzó la escritura de ficción. “Ya las cartas no tenían mucho sentido y empecé con la ficción. Todas las experiencias vividas fueron los temas de mis libros. No como autobiografía, sino tomar el material y transmutarlo en personajes, y tratar de darme respuesta a lo que habíamos vivido, hacer un saldo y un cierre con ciertas cosas”.

Para finalizar, en un análisis sobre la situación actual del país, destacó la “desgracia que se vive con un gobierno de empresarios”, y agregó: “Quieren un país de amos y esclavos, y hacia eso van. Pero la gente ha incorporado los derechos ganados durante el peronismo, y este es un Gobierno que, por el desastre que ha hecho en lo económico, está en retirada. Creo que si tuvieran la posibilidad tratarían de incorporar a las Fuerzas Armadas en el control de la población, pero no lo veo posible. La gente tiene conciencia de lo que está pasando, y la que no la tenía la ha adquirido. Estoy muy confiada en que no van a poder llegar a eso. La juventud ahora se ha incorporado mucho a las luchas. Es muy entusiasmante ver a las mujeres luchar por sus derechos, lucha de la cual mi generación no estuvo consiente. Cuando uno empieza a ver la vida y el mundo desde sus derechos, todo se acomoda, porque también las injusticias empiezan a aparecer en todos los órdenes. Se vienen tiempos difíciles, pero tengo confianza”, sentenció.

 

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