Por Carlos Saglul | Este 18 de julio se cumple el aniversario número 24 del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina que dejó como saldo 85 muertos y 300 heridos. Laura Ginsberg, referente de la Asociación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA) recuerda que todos los gobiernos, desde entonces, fueron cómplices. También habla del papel de los Estados Unidos, de Israel y del fiscal Alberto Nisman para armar un falso relato del atentado. Y destaca el rol central que los servicios de inteligencia locales cumplieron en el crimen y el encubrimiento. Se muestra segura, además, de que Mauricio Macri ya tomó la decisión política de continuar con la impunidad.

A 24 años del atentado a la AMIA cambian los gobiernos y la impunidad continúa. ¿Cómo se explica esta enorme red de complicidades?

-La explicación es que el Estado argentino es responsable del atentado y el posterior encubrimiento. Nada menos que ocho gobiernos han pasado. Todos optaron por ocultar la responsabilidad del Estado en el crimen. Para quien no tenga presente lo actuado en la investigación hay que aclarar que si bien la Justicia no pudo establecer responsabilidad de otros países en el hecho, sí determinó con abundantes documentos, estudios, pruebas y testigos, que el Estado argentino es responsable de encubrimiento en este magnicidio que por más de un cuarto de siglo continúa sin resolverse.

¿Qué papel jugaron los Estados Unidos, Israel y el fiscal Alberto Nisman en ese encubrimiento?

-Tanto Estados Unidos como Israel son responsables de lo que se conoce como “la versión oficial” del atentado. Las evidencias de esto tienen origen en el remoto cable de la Embajada Argentina en Israel que un día después de la voladura de la AMIA comunicaba que viajaba a Buenos Aires una delegación de rescatistas acompañada de un funcionario cuya responsabilidad era entrevistarse con el presidente Carlos Menem para acordar una versión única sobre el atentado. En ese momento comienza todo el armado que se va perfilando de a poco y se mantiene hasta nuestros días. Cobra inclusive más vigor luego del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York.

La supuesta autoría de Irán era funcional a la política internacional de los Estados Unidos en momentos en que ese país era parte del denominado “Eje del mal”. Con los dos atentados, el de la Embajada de Israel y la voladura de la AMIA, junto con la explosión en Río Tercero presentada como un tercer ataque, nuestro país se convierte en “un referente de la lucha contra el terrorismo internacional”. En este relato cuyo origen hay que buscar en Estados Unidos e Israel, el fiscal Alberto Nisman juega un papel central. Cuando se hace cargo de la Unidad Fiscal AMIA ya había terminado el juicio que implicaba a  Alberto Telleldín y los policías bonaerenses en el atentado como el primer eslabón de la operación terrorista. Ese juicio fue totalmente fraudulento y todos quedaron en libertad.

Si bien nada quedó esclarecido, el gobierno de Néstor Kirchner tuvo la oportunidad de dar por cerrada la conexión local del atentado, aún cuando seguían procesos por encubrimiento como los que se sustancian contra el ex juez Juan José Galeano y los fiscales.

La orientación que se le impone a Nisman es la de implicar a Irán en el atentado. Durante diez años, la Fiscalía dio a conocer informes y documentos que no tenían otra fuente que los servicios de inteligencia de los Estados Unidos e Israel. Encajaban perfectamente en la línea de continuidad de aquel cable del año 94 donde se decía que se señalaba la necesidad de acordar una versión argentino-israelí.

La administración Macri no estuvo involucrada en los hechos. Sin embargo, a poco de asumir, también trató de cerrar el caso…

En los primeros meses del gobierno actual nos reunimos con sus funcionarios. Les planteamos que tenían la oportunidad histórica de terminar con todos estos años de impunidad. Proponíamos la creación de una comisión investigadora independiente que funcionará en el área del Congreso y fuera abriendo los archivos secretos referidos al atentado, ya que, desgraciadamente, estos documentos no han sido dados a conocimiento de la ciudadanía en general. Trabajamos mucho en el tema, logramos que el propio ministro de Justicia, Germán Garavano, hiciera propia esa idea. Todo quedó cajoneado por la decisión política del gobierno de Macri que es continuar con la impunidad. No es otra la razón por la que impulsaron el proyecto de Ley de Juicio en Ausencia: ausencia de testigos, ausencia de pruebas, ausencia de sospechosos en la sala y la hipótesis de Irán como autor del atentado.

La decisión de Macri de continuar con la impunidad quedó demostrada cuando dio la orden de no acusar a los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia en el juicio por encubrimiento. Además, si no fuera por nuestra acción hubieran privatizado los archivos secretos a través del Ministerio de Modernización poniéndolos en manos de una empresa que responde a los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Al final, logramos bloquear esta maniobra que terminó con la renuncia del titular de la Unidad Fiscal AMIA, Mario Cimadevilla.

Todo indica que en la trama AMIA los servicios de inteligencia juegan un papel central.

-Fueron parte del atentado y su encubrimiento. En Argentina, cuando se habla de los servicios pareciera que uno se refiere a una organización independiente. No es así: ellos actuaron en todo momento con órdenes del Poder Ejecutivo. Su participación fue una decisión política. Trabajaron plantando pistas y relatos falsos junto al juez Galeano y los fiscales. Ellos recibieron el aviso de que se pensaba poner una segunda bomba en un centro judío de la Ciudad de Buenos Aires. Lo supieron antes. La parte más importante de los archivos que se están desclasificando fueron encontrados en las cuevas de la SIDE. No es casualidad. Es tan grande el volumen de documentación que en gran parte aún no se ha podido analizar.

Igualmente, ya se puede demostrar el papel de los servicios en el ocultamiento de pruebas y sus vínculos con agencias de inteligencia de otros países interesadas en implicar a Hezbollah como responsable del crimen. El Gobierno quiere cerrar el caso. Se ve en las instrucciones de los fiscales en el Juicio por Encubrimiento que son las mismas que tenían en la época de Nisman. De los tres fiscales que trabajaban en la Unidad AMIA queda uno solo. Es inminente su disolución. Lo único novedoso en estos últimos tiempos es la creación de un equipo cuya misión es revisar la documentación secreta y que actúa con absoluto profesionalismo.

¿Cuál es el papel de la DAIA?

-La DAIA militó siempre por la impunidad y contra los familiares de las víctimas. La gente cree que representa a los judíos pero es un error, la DAIA representa a la Embajada de Israel. Esa institución ha sido cómplice de todos los delitos, las complicidades, los contubernios vergonzosos que se fueron gestando con los gobiernos de turno. Fueron los principales impulsores del plan para imponer a Irán como autor del atentado. Son los que idearon el proyecto de Juicio en Ausencia. Quieren hacer creer que un comando árabe entró a punta de pistola en la Argentina, metió una bomba en pleno centro porteño y cometió un magnicidio sin que acá nadie estuviera implicado.

Cuando nosotros denunciamos por primera vez la existencia de los archivos secretos que ahora se están analizando nos trataban de locos. No era nuestra locura lo que les preocupaba.

¿Se puede llegar aún a la verdad? ¿Cómo?

-Nuestra propuesta sigue siendo la misma: crear una comisión investigadora formada por los familiares de las víctimas, organismos de derechos humanos, sindicalistas, intelectuales y legisladores que funcione en el ámbito del Congreso. No hay otra manera de terminar con la impunidad.

 

Foto: CEDOC – Diario Perfil

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