Por Marina Caivano | A partir del sábado 28, si el clima lo permite, empezará un nuevo “timbreo” oficialista en la provincia de Buenos Aires. Según fuentes confidenciales, en algunos organismos de la Administración Pública Bonaerense se habría bajado la orden a trabajadores, que se encuentran en condiciones contractuales demasiado frágiles como para negarse, de participar en esta actividad de Cambiemos durante los fines de semana.

Hasta último momento faltaba definir si se iba a poner énfasis en las localidades del conurbano bonaerense donde ganó el Frente para la Victoria, o se iban a destinar fuerzas a testear el interior de la provincia.

“¡Nos van a matar!”, expresó preocupada una trabajadora del Ministerio de Gestión Cultural cuando se enteró de que estaba incluida en la lista de 40 personas de su organismo que debían asistir y hasta aportar vehículo propio para el testeo macrista. Los empleados llamados a realizar esta tarea deberán asistir a localidades del sur del conurbano junto a sus directores y ministros, fuera del horario laboral semanal, y preguntar qué piensa la gente de las gestiones de Mauricio Macri y de María Eugenia Vidal, y qué necesidades tienen.


La metodología usual del macrismo de usar el timbreo se vuelve cada vez más arriesgada, considerando los niveles de descontento popular provocados por los niveles de inflación existentes, el acuerdo con el FMI, y el escándalo de los aportantes truchos. Pero la frágil condición laboral bajo contratación anual que experimentan muchos empleados públicos los pone en una situación incómoda al momento de hacer valer sus derechos como trabajadores del Estado y no de una gestión.

 

 

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