Por Carlos Saglul | La decisión de blindar a la familia Macri en la causa de las fotocopias de los cuadernos del chofer Oscar Centeno no deja lugar a duda sobre la parcialidad de la investigación. El escándalo se mostró inútil para tapar la debacle económica. Hasta la propia CGT -que se reúne con el FMI mientras los trabajadores del Astillero Río Santiago son salvajemente reprimidos-  evalúa por estas horas la necesidad de un paro. Casi todos los sectores coinciden en la urgencia de la medida. Lo grave es que sea, como pretende el sindicalismo propatronal, una válvula de escape.

Es imprescindible detener el Plan del FMI, pero no basta con un paro dominguero. Es necesario un mínimo acuerdo programático entre todas las fuerzas populares y un plan de lucha consensuado para imponerlo.

Fotocopias que destiñen

La decisión del juez Claudio Bonadio de investigar la causa basada en las fotocopias del ex militar Carlos Centeno sólo entre los años 2008 y 2015 evidencia la intención de quitar la lupa de la Justicia de los negocios del Grupo Macri. El clan vendió, supuesta y casualmente, sus empresas del Grupo IECSA al primo del actual presidente de la Nación Ángelo Calcaterra en 2007. ¿La Patria Contratista se inició en la Argentina cinco años después de la asunción de Néstor Kirchner? ¿Y antes? Antes “pasaron cosas”, aunque a Bonadio no le interesen.

La Patria Contratista tiene su origen bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía. La metodología fue siempre la misma: empleados de las empresas de los dos lados del mostrador. Entre los grupos concentrados siempre estuvo a la cabeza el que maneja la familia Macri.

  • 1979: Se privatiza la recolección de residuos en la Capital Federal. El millonario negocio queda en manos de Manliba, la empresa de los Macri.
  • 1982: Domingo Felipe Cavallo estatiza la deuda de la mayoría de los grupos que viven de las arcas públicas, incluida la de los Macri. Socialismo al revés: pasamos a pagar esos préstamos con sangre sudor y lágrimas todos los argentinos.

En 1973, los Macri tenían diez empresas. Salieron de la dictadura militar con 46.

El grupo Macri vivió siempre atado a la teta del Estado: nos endilgó a todos 170 millones de dólares de su deuda privada, participó de denunciados contratos durante el gobierno radical, se benefició con el remate de los bienes públicos del menemismo, logró la pesificación de sus deudas con Eduardo Duhalde.

No sólo el millonario negocio de la basura estuvo en manos de la familia presidencial: a través de Intron manejaron la emisión de las facturas de Alumbrado, Barrido y Limpieza de la Ciudad de Buenos Aires, del control fotográfico de vehículos, de la fiscalización de control de edificios, etc. Mediante Pago Fácil, se encargó del cobro de impuestos. Hubo obras viales, manejo de autopistas, construcción de edificios… los negocios son incontables.

El sistema de cartelización de obras que consiste en sobrevaluar los trabajos entres un 10 y un 15 por ciento para entregar ese dinero como coima no es el único que se teje alrededor del Estado. La operación más escandalosa del Grupo no fueron la extensión de la red de cloacas de Morón, negocio realizado con el inolvidable Juan Carlos Rousselot –hombre de la Triple AAA y subalterno del “Brujo” José López Rega- sino la concesión del Correo Argentino, donde llegó a computar como aporte al Plan de Inversiones los 100 millones de dólares que utilizó para despedir 11.000 trabajadores. En esta nómina incompleta no se puede dejar de lado otra proeza empresarial que fueron las maniobras con la exportación de autopartes a Uruguay a través de Sevel. Según la Dirección General Impositiva, esa empresa con Mauricio Macri como presidente, evadió 5.739.000 de dólares. La maniobra consistió en que Sevel Argentina enviara autopartes a Uruguay para cobrar reintegros por exportaciones mientras Sevel Uruguay las ensamblaba para devolverlas a la Argentina como autos terminados. Por estos hechos, el actual Presidente fue procesado por contrabando y sobreseído por la Corte Suprema del menemismo.

Es difícil investigar a la Patria Contratista sin encontrarse con los intereses de la familia Macri. Salvo que el caso lo maneje el juez Claudio Bonadio. Imposible acusar de simpatías K al Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, quien al visitar al ex presidente Luiz Inácio “Lula” Da Silva en Curitiba expresó que se aplica con el ex presidente de Brasil “la misma metodología que se está aplicando ahora con Cristina (Kirchner)”. “Bonadio es el Sergio Moro de Cristina”, afirmó.

Hijo vago de padre rico

El presidente Mauricio Macri viajará a Nueva York. Apelará allí a sus escasos recursos oratorios para convencer a Wall Street de que no caeremos en default, aunque es una misión un tanto imposible. En realidad, el jefe de Estado -como si fuera hijo vago de padre rico-, cree que se puede vivir toda la vida  mangueando, y que las relaciones carnales que ha sabido mantener con los Estados Unidos permitirán que el Departamento de Estado lo salve a último momento. Es peligroso creer en los piropos norteamericanos. Las relaciones carnales no son como el amor: tienen un precio. Tarde o temprano, Macri va a descubrirlo.

En su último plenario en la agencia de noticias Télam ocupada pacíficamente por sus trabajadores, el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba) llamó a consensuar un gran paro general para detener la ejecución de los planes del FMI. La presión de las bases es tan fuerte que hasta el sector más propatronal de la CGT está evaluando llamar a un paro general. Pero se necesita algo más que un cese de tareas de esos que le gustan a la burocracia sindical y que sólo consisten en abrir la olla para que salga el vapor. Corremos el riesgo de que, como está sucediendo en las multitudinarias movilizaciones de estos días, el sentimiento sea “que se vayan todos” y se agote allí, en la protesta. La Argentina y su futuro necesitan del desencanto pero también de la esperanza. No alcanza con un paro general, es necesario el esfuerzo de todos los sectores populares para consensuar un plan de emergencia económica cuya base sea terminar con el plan de ajuste del Gobierno y del Fondo Monetario Internacional.

en octubre

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