Por Mariano Vázquez (@marianovazkez) / El Cohete a la Luna | La última encuesta de Ibope indica que el 54% de las mujeres rechazan a Bolsonaro. Si fuera por ellas, la contienda estaría empatada en un 21% con Fernando Haddad, el delfín de Lula Da Silva, proscripto de las elecciones por una decisión arbitraria del Supremo Tribunal Electoral y encarcelado cuando sumaba el 40% de las preferencias. En contraposición, los hombres se vuelcan con más fervor al ex capitán del ejército, apodado “El Mito” por sus fanáticos seguidores, que le otorgan una ventaja sobre el candidato del PT de 13 puntos.

Para los movimientos populares Bolsonaro es El Coso. No quieren ni pronunciar su nombre. Por eso, “Él no”, “Él nunca” se convirtieron en tendencia en Instagram, Facebook y Twitter. La campaña en redes sociales ya supera las 3 millones de adhesiones.

Canciones y lemas antifascistas volvieron a escena, como Bella ciao entonada por los partisanos italianos durante la segunda guerra mundial contra los nazis y este sábado transformada para gritar “Bolsonaro ciao”. También el emblema de la resistencia republicana española contra el golpe franquista al son de “Fascismo, machismo, no pasarán”.

Eliza Capai, documentalista y activista social, afirmó que “no podemos permitir el crecimiento de la retórica violenta de Bolsonaro y sus seguidores, por eso tenemos que estar juntas para defender una democracia que respete los derechos de nosotras en el país”. Y expresó la emoción “de estar aquí con tantas mujeres hermosas, de distintas edades, historias, colores, corrientes políticas, sociales, diciendo este ‘candidato no’, no cumple los mínimos requisitos para ser parte de una democracia”.

María Inés Gomes, militante de la CUT, porta un cartel que dice “Su voto puede ser un arma”. Como ella, miles de manifestantes portaban pancartas con sus opiniones contra el candidato impresentable. “Fue maravilloso que en tan pocos días y desde las redes sociales haya surgido este movimiento multicultural en Brasil. Hoy es el punto culminante de acción y ya sabemos que trascendió las fronteras de nuestro país y que hermanas de otras latitudes están dando la misma lucha contra la misoginia, la homofobia, el patriarcado, el racismo, el fascismo”, sostuvo.

El golpista mesiánico

El 18 de abril de 2016, durante el circense espectáculo golpista en el Congreso contra la presidenta Dilma Rousseff, un diputado de la bancada militar sobresalió del resto. Dijo en esa sesión ignominiosa del impeachment: “Perdieron en 1964 (año del golpe contra João Goulart) y van a perder ahora”.

Se trata obviamente de Bolsonaro —que marcha primero en las encuestas con el 27% de las intenciones de voto—, quien dedicó su voto a favor de la destitución a uno de los más brutales verdugos de la dictadura, responsable del encarcelamiento ilegal y de las torturas contra Rousseff en los ’70: “Por la familia, la inocencia de los niños en las aulas, que el PT nunca tuvo, contra el comunismo, por nuestra libertad, en contra del Foro de São Paulo, por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el terror de Rousseff, por las Fuerzas Armadas, por Brasil encima de todo y por Dios por encima de todo, mi voto es sí”. Su hijo Eduardo Bolsonaro, también diputado, imitaba con sus manos el gesto de una ametralladora disparando sobre la bancada petista.

Desde entonces no paró de crecer en la consideración ciudadana, que más allá de sus concepciones fascistas, lo ve como un outsider de la política (a pesar de ser diputado desde hace 27 años por ocho partidos diferentes) que si llega a la Presidencia de la República aplicaría mano dura contra la “corrupción, el narcotráfico y la delincuencia”. El candidato afirmó que de ser electo permitiría la libre portación de armas “como lo hacen los norteamericanos”.

Este ascenso vertiginoso elevó la preocupación de que una opción abiertamente fascista gobierne la nación más grande de América Latina y el Caribe.

El misógino racista

El machismo de Bolsonaro enfureció a las mujeres, que representan el 53% de los 124 millones del padrón habilitado para votar el domingo 7 de octubre.

A la ministra de Derechos Humanos de Lula en 2003, Maria do Rosario, le dijo: “No mereces ni que te viole porque sos mala y muy fea”. Además, la empujó y la llamó “vagabunda”, uno de los peores insultos machistas en este país.

Quince años después afirmó que sus hijos “nunca saldrían con una negra porque están bien educados”. Tiene cinco, cuatro varones y una mujer. De ella, la más pequeña, afirmó que no fue hombre porque “tuve un momento de debilidad”.

En una entrevista al diario Hora Zero de 2014, afirmó que “es una desgracia ser patrón en nuestro país, con tantos derechos laborales. Entre un hombre y una mujer, ¿en qué piensa el empresario? ‘Pucha, esta mujer tiene una alianza en el dedo, dentro de poco se queda embarazada, seis meses de licencia de maternidad’ (…) ¿Quién va a pagar la cuenta? El empleador. Al final lo descuenta del seguro social, pero se rompió el ritmo de trabajo. Y cuando ella vuelva, va a tener un mes más de vacaciones. O sea, trabajó cinco meses en un año”.

El recuento de barbaridades de Bolsonaro también trae cargas de homofobia, sexismo y golpismo. Sostiene que “antes de tener un hijo gay prefiero que muera en un accidente”, que “los negros no hacen nada, no sirven ni para procrear” y que “el error del gobierno de 1964 fue torturar y no matar”.

Este sábado las mujeres se erigieron en un dique de contención a la intolerancia de un personaje nefasto que afirma que hay que matar a 30.000 personas para salvar a Brasil. En el paredón de fusilamiento colocaría a militantes del PT, a mujeres y hombres pobres, a gays, negros y nordestinos porque “las minorías tienen que bajar la cabeza ante las mayorías. O se adaptan o desaparecen”.

Folha de São Paulo publicó hoy una encuesta que afirma que Bolsonaro perdería en segundo turno, el 28 de octubre, con todos los candidatos. El voto de las mujeres será la llave para detener al peor candidato de la historia de Brasil.

Mientras tanto se escucha de fondo la versión brasileña de Bella ciao: “Una mañana, yo recordé, y escuchaba él no, él no, él no; una mañana yo recordé y luché contra el opresor; somos mujeres, la resistencia de un Brasil sin fascismo y sin horror; vamos a luchar para derrotar al odio, y sembrar amor”.

Fuente: El cohete a la luna

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