Redacción Canal Abierto | Experimento Ushuaia es un documental coproducido por la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y Canal Encuentro, señal por la que se emitirá este miércoles 24 a las 21. En él se recorre la historia de la Unidad Penitenciaria de Ushuaia a partir del relato del reconocido periodista Ricardo Ragendorfer.

La cárcel funcionó entre 1904 y 1947 y precedió a la existencia de la propia ciudad, que se fue conformando en torno al penal. “La ciudad de Ushuaia, un confín del fin del mundo, es fruto de ese penal. Fue lo primero que hubo en ese lugar inhóspito e inhabitable. En torno a ese penal va creciendo una ciudad”, sostiene Ragendorfer en diálogo con Canal Abierto.

“Generalmente las ciudades cuando se desarrollan van creando su penal, porque su desarrollo también implica una especie de desarrollo de su criminalidad. Acá lo primero que se creó fue el reservorio de la criminalidad y después el resto de la ciudad”, reflexiona.

Allí eran confinados presos que el sistema consideraba de alta peligrosidad ya fuera por su accionar delictivo, como el caso del Petiso Orejudo; o por su militancia política, como los vindicadores anarquistas o el intelectual radical Ricardo Rojas. Sobre este punto el periodista dice: “habría que ver qué importancia tienen en la historia de las naciones las cárceles. Por lo general suelen tener una importancia que yo diría que es nefasta”. “En ese sentido, la cárcel de Ushuaia ha sido, por calificarlo de una manera, una especie de cloaca de la historia argentina de principio del siglo XX”, sostiene.

Al momento del funcionamiento del penal de Ushuaia, la teoría en boga pasaba por el positivismo y pretendían que el encarcelamiento funcionara como cura. “Las teorías lombrosianas planteaban que hay una correspondencia entre las características físicas de los delincuentes y la podredumbre de sus almas. En ese sentido, el Petiso Orejudo se llevaba todos los premios justamente por sus orejas, razón por la cual en el Penal de Ushuaia se hizo un experimento: le hicieron una cirugía estética en las orejas, puesto que se creía que al extirpársele las formas anómalas que tenían esas orejas también se le extirparía su maldad. Ese experimento fue exitoso a medias: quedó tan hijo de puta como era, pero quedó un poco más lindo.” cuenta el periodista.

Su participación en Experimento Ushuaia se suma a su labor como periodista por la que recorrió distintos penales del país. Ese tránsito lleva Ragendorfer a una conclusión: “La institución carcelaria es una institución penosa. Ser carcelero es una categoría un poco más leve que la de ser verdugo. Una de las grandes falacias del sistema penitenciario es el que habla de la reeducación de los presos. En la cárcel de Ushuaia eso se lo planteaba en términos positivistas y en la actualidad únicamente se lo hace en términos discursivos. Sabemos que no es así, todo el mundo sabe que no es así“.

 

La entrevista completa:

en octubre

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