Redacción Canal Abierto | Los vecinos de Villa Crespo continúan en la lucha por el impacto que representa la construcción del micro estadio en los terrenos que la Ciudad cedió por cuarenta años al Club Atlético Atlanta.

A fines de 2012 el club cerraba contrato con la firma Lugones Center, la responsable en ese momento de la construcción y explotación del micro estadio. La empresa comenzó la construcción en 2014 gracias al crédito de más de $100 millones otorgados por el Banco Ciudad.

En 2015 –el 13 de mayo, para ser exactos- la estructura del techo se cayó desde una altura de de 22,5 metros.  Esto, más las causas de desfalco en la empresa, hicieron que la construcción se frene.  En septiembre de 2017, la Legislatura porteña aprobó la ley 5.874 que revivió el proyecto, que en sus comienzos ampliaba la sede social de Atlanta y con esta última mutó a un micro estadio.

Ingrid De Jong, vecina de Villa Crespo, comentó que esto sucedió sin auditoría, a pesar de los cambios mencionados, y como consideraron que no había un impacto ambiental relevante, tampoco informaron a los vecinos.

“En marzo de este año, salió una nota en La Nación, gracias a la cual los vecinos tomamos conocimiento de la situación, en la que informaban que este proyecto había sido retomado por este medio y por la empresa AEG Worldwide que construye los estadios/arena en todo el mundo”, indicó De Jong.

El proyecto consiste en la construcción de un estadio con capacidad para alojar hasta 16.000 personas–que en un principio eran 6.000- destinado a la realización de espectáculos artísticos.

“Se calcula que se van a realizar unas 100 actividades por año, lo cual implica dos conciertos por semana con la afluencia de 16.000 personas, y si sólo el 10% de los que asistan trajeran sus autos, habría 1.600 vehículos en calles donde no hay lugar para estacionar. Hay que imaginarse cómo poblarían esas calles estrechas que rodean el estadio, el impacto en los hogares por el ingreso y la desconcentración de gente y vendedores”, explicó la vecina.

A esto se suma que la empresa pagará un canon mínimo a Atlanta, pero exenta del pago del impuesto inmobiliario y de la tasa de alumbrado, barrido y limpieza, mantenimiento y conservaciones de sumideros.

Los vecinos y la ciudad no reciben nada por esto. Este negocio se está enmascarando de alguna manera bajo la idea de que es el Club Atlanta el que recibe un beneficio, que de hecho lo va a recibir. Son unos dólares mensuales que va a percibir y con ello harán un jardín de infantes. Pero junto a eso hay que considerar el impacto de la construcción de un estadio que es realmente enorme y cuya actividad va a afectar la vida cotidiana de los vecinos. Lo que se va a lograr es una gentrificación donde la gente termine vendiendo sus casas y mudándose de barrio”, agregó De Jong.

Por otra parte, la construcción de esta estructura excede los horarios tradicionales de trabajo que suelen ir de 8 a 18, en la mayoría de los casos, produciendo ruidos en la madrugada que afectan la calidad de vida de los habitantes de la zona.

Más allá de los constantes reclamos, los vecinos no tuvieron respuesta alguna, y el inmenso estadio avanza cada día un poco más.

“Como vecinos no estamos en contra de Atlanta. Lo que pensamos es que estamos desprotegidos por un Estado que primero tendría que garantizar que la cesión de una tierra que es de todos, por lo menos tenga alguna retribución o que vuelva de alguna manera a la comunidad. Pero además debería haber consultado previamente a los vecinos y debiera haber hecho un estudio de impacto ambiental serio”, explicó la vecina.

También comentó que se han unido a la lucha junto a la mesa de trabajo de la Comuna 15, y a las asambleas de Agronomía y Paternal, que viven una situación similar, con la diferencia de que su proyecto aún está a tiempo de ser frenado.

“Es difícil pensar, en nuestro caso, que podemos parar la construcción del estadio, pero sí podemos condicionar su uso a espectáculos deportivos como lo fue originalmente”, finalizó Ingrid.

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