Por Alejandro Asís | “La inflación se puede resolver de manera relativamente fácil si se trabaja desde el primer día con seriedad y no mintiendo”, profetizaba Mauricio Macri cuando en tiempos de campaña presidencial prometía bajar, en dos años, la inflación a un dígito.

Sin embargo, a tres años de mandato, la situación indica que en todo el recorrido de su Presidencia los números no lo han acompañado. De aquellas promesas de “crecer 20 años seguidos” a esta realidad hubo una estrepitosa caída en la actividad económica y un recorte que este año se estima en 2,6%, lo que lo lleva a los mismos niveles de 2011. Cuando a fines de diciembre cumpla su mes 37 en el gobierno, el indicador del INDEC registrará que han sido más los meses de recesión que de crecimiento: 19 a 18.

Tampoco hubo aciertos en la búsqueda de la “previsibilidad” inflacionaria. Si en campaña se hablaba de acercarla a los parámetros que rigen en el mundo, la realidad marca que sólo en septiembre último la inflación argentina trepó un 6,5%, casi duplicando a la de todo un año en países americanos como Colombia, Chile, Paraguay o Perú.

El PBI se ha desmoronado con la depreciación del peso. ¿Incapacidad u objetivo? Quizás, mucho de ambas cosas.

Mientras tanto, en estos tres años de gobierno los únicos ganadores han sido los sectores agroexportadores, los ligados a los servicios, el financiero y bancario, y los vinculados al extractivismo, como la energía petrolera y la minería.

Como frutilla del postre, la deuda no ha parado de crecer. Tanto, que el pago de los intereses representa, en el Presupuesto 2019, un 14,9% del gasto total, de acuerdo a un reciente estudio de la Universidad de Avellaneda. Casi tres veces el porcentaje destinado a Educación, cuatro del que se destinará a Salud, veinte veces la porción destinada a vivienda, y mil veces la que se destinará a la industria.

 

De mentiras y promesas

El discurso presidencial nos ha acostumbrado estos tres años a algunas máximas que, a fuerza de repetición, han pasado a ser parte constitutiva del “relato” macrista.

  • “En la Argentina existen muchos impuestos que hacen regresivo el crecimiento económico”: El Presupuesto nacional ha sido recientemente modificado por el propio oficialismo con la creación de nuevos impuestos que suman presión a la ya asfixiante carga impositiva que sufren las pymes, los sectores productivos y la población argentina.
  • “Vamos a crear trabajo, cuidando el que tenemos”: A fines de 2015, la desocupación general orillaba el 6,6%, la última medición muestra que subió 3 puntos. Ahora se ubica en torno al 9,6%, la tasa más alta de los últimos 12 años.
  • “Pobreza cero”: Sólo en el último informe anual del INDEC la pobreza subió otros 2 puntos y alcanzó al 27,3% de la población, con alta probabilidad de que en la próxima medición vuelva a pegar un salto significativo.
  • “Vamos a bajar la inflación a un dígito”: La inflación lleva acumulada en estos tres años más de un 120%, y hoy Argentina es uno de los cinco países con más alta inflación de todo el mundo.
  • “No va a haber ningún adulto mayor en la pobreza”/ “Los jubilados alcanzarán el 82% móvil”: Desde diciembre de 2017 -con la modificación de la ley de jubilaciones- a diciembre 2018, se calcula que las jubilaciones perderán más de 20 puntos, sin contar la quita de subsidios a medicamentos ni el recorte de pensiones.
  • “No vamos a devaluar”: Desde la asunción de Mauricio Macri, el valor de la moneda nacional ha sufrido una pérdida del 300% (de poco menos de 10 pesos, en diciembre 2015, a los 39 pesos actuales). Esta devaluación benefició, por un lado, a los sectores exportadores del área agrícola, empresas energéticas y de combustibles; y por otro, al sector financiero que en este lapso de gobierno ha fugado del país más de 100.000 millones de dólares. Sólo este año, el peso argentino ha sido la moneda más devaluada del mundo con una caída cercana al 100%, respecto al valor de diciembre 2017.
  • “No habrá ajustes, vamos a expandir la economía”: Despidos de trabajadores estatales, recorte a jubilaciones, recortes presupuestarios en áreas esenciales como la salud y la educación, contracción de la economía real, y una caída estrepitosa del consumo y los sectores productivos son el sello distintivo del gobierno de Cambiemos en busca del “déficit cero”. Solamente en septiembre último, la actividad industrial tuvo un retroceso del 11%, el segundo peor registro del siglo XXI, después de septiembre 2002 (atravesado por los coletazos de la gran crisis del 2001). El PBI en el 2016 cayó un 2,3% y la caída es incierta para 2018, cuando aún faltan computarse los últimos dos meses del año que acaso sean también los más recesivos.
  • “Los trabajadores no van a pagar Impuesto a las Ganancias”: Contabilizando los dos primeros años de gobierno, se sumaron al pago de ganancias 1.200.000 trabajadores. Tras la reforma tributaria de 2016, las únicas que vieron reducido su pago de Ganancias fueron las empresas.
  • “Mejoras al funcionamiento de la Administración del Estado”: Durante su gestión, hubo recortes a programas nacionales de salud, quita de medicamentos y prestaciones a jubilados, recorte en la obra pública de casi 92.000 millones de pesos, reducción de las partidas educativas en 10.000 millones de pesos y de 8.000 millones de pesos en las políticas de vivienda y desarrollo urbano. También se registró una caída real de las asignaciones familiares de un 3,7% y de las pensiones al adulto mayor de otro 6,4%, un recorte de un 18% en los subsidios al desempleo y de 600 millones de pesos en los programas de creación de empleo. Además, se recortó el envío de partidas a las provincias en 110.000 millones de pesos y se les traspasaron los subsidios de la tarifa social eléctrica y del transporte automotor. Respecto de las trabajadoras y trabajadores del sector público, las variables van desde un recorte del 18,8 % de su salario o una reducción de la planta de ocupados (hasta 2020, cuando vence el acuerdo que afectaría a cerca de 140.000 empleos más).

 

Los culpables de la crisis

Para explicar cada uno de los números negativos de su gestión, el macrismo le ha endilgado a lo largo de los meses la culpabilidad de la situación a diversos actores. La  crisis monetaria en Turquía, los que veranean en el exterior, la causa de los cuadernos, el Partido Justicialista, el kirchnerismo, la desconfianza de los inversores motivada por el déficit, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el fortalecimiento del dólar, el aumento de la tasa norteamericana, la cantidad de impuestos, la “bomba” de las Lebac.

A tres años de gestión y con más pasado que futuro, el peligro de un presunto “populismo” que podría ganar las elecciones del año que viene –y desmotive a los inversores que nunca invierten- se asoma como el próximo responsable de un último año macrista que no se anticipa venturoso.

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