Redacción Canal Abierto | Las medidas anunciadas por el presidente francés en respuesta a las movilizaciones de los chalecos amarillos no lograron apaciguar el creciente descontento social y rechazo a las políticas neoliberales del Gobierno.

“Macrón no entendió nada”, sentencia en esta entrevista con Canal Abierto la militante social residente en Normandía, Francia, Liliana Alderete luego de que el mandatario informara del congelamiento del precio del combustible y un leve aumento del salario mínimo.

“Hay gente que cuestiona la esencia del sistema capitalista, y otros sólo quieren llegar a fin de mes”, cuenta la abogada argentina, quien hasta una semana atrás participaba –junto a otros miles de chalecos amarillos- de las asambleas en rotondas y carreteras.

Incluso una encuesta reciente de OpinionWay -realizado para la cadena LCI- refleja que el apoyo a los chalecos amarillos sigue siendo mayoritario y alcanza a un 66% del muestreo, mientras que un 45% se muestra favorable a la continuidad de las protestas callejeras.

El origen

Aumento en los combustibles, quita de subsidios y avanzada privatizadora sobre servicios públicos. No estamos hablando del gobierno de Macri en Argentina, sino del de su par francés Emmanuel Macron.

“No empezó de un día para el otro sino que venía de un descontento social que se expresaba, sobre todo, en redes sociales. Después sucedieron los encuentros en paralelo en distintos lugares de Francia, particularmente en las regiones periféricas”, recuerda Alderete, y traza un paralelismo con “el movimiento de desocupados durante los meses previos al 2001, con los piquetes en Cutral Co, Plaza Huincul. Hasta que la furia no llegó a París, afuera de Francia nadie se enteraba. La capital hace las veces de vidriera”.

Los porqué

A diferencia de protestas anteriores, el movimiento se lanza y desarrolla inicialmente a través de las redes sociales: “Esta movilización pasó por arriba las dirigencias, incluso las sindicales”.  Sobre todo, las consignas estaban referidas a la pérdida de poder adquisitivo del salario y el incremento del precio del gasoil.

Sin embargo, la bronca de los trabajadores con el Gobierno no es nueva. “Lo primero que hizo Macron fue suprimir el impuesto a la riqueza, un gesto político con un sector. Pero al mismo tiempo presionó fiscalmente a la clase trabajadora con aumentos de tasas al consumo, del combustible, etc. Esta reacción fue en rechazo a estas políticas”.

Hacia dónde

En 2019 se cumplirá el 230º aniversario de uno de los procesos sociales y políticos más trascendentales de la historia europea y, por qué no, de la humanidad. En 1789 los franceses se rebelaron contra una monarquía opresora que también hambreaba a su pueblo en un contexto de inmanejable deuda del Estado y extrema desigualdad.

Aunque la Revolución francesa marcó el inicio de la Edad Contemporánea -algo de lo que probablemente no tenían conciencia sus protagonistas-, costó un baño de sangre y el advenimiento de un sistema republicano donde pervivió la explotación del hombre por el hombre.

Aunque resulte utópico, no fueron pocos los que emparentaron a estos trabajadores de amarillo como herederos de aquellos sans-culottes. Habrá que esperar el diario del lunes –es decir, el resultado de las alianzas políticas, la continuidad de las protestas y la consecuencia de sus reclamos- para saber si se cumple o no la célebre frase de Karl Marx en el inicio de su obra El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte: “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”.

 

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