Por Carlos Saglul | Dicen que la gente detesta la mentira. Pero esa es otra mentira.

El común del público cree que hacer la historia es cuestión de héroes solitarios. Se lo enseñaron en la escuela: “los próceres”, líderes únicos. Por eso, mientras espera que aparezcan, se pasa la vida mirando la actualidad como si fuera un show televisivo. Y cuando hasta eso la supera, se suman al rating de Marcelo Tinelli. Cola va, cola viene, se va quedando dormido.

El tema es no meterse con una realidad que no se puede resolver. Macri ya ganó dos elecciones prometiendo justamente todo lo contrario de lo que pensaba hacer. ¿Qué esfuerzo de la imaginación hizo que una parte enorme del electorado pusiera al ex presidente de Boca en la primera magistratura para “combatir a la corrupción”, “terminar con la pobreza”?.

Macri no para. Sigue de promesa en promesa: “Detrás de estos días duros vendrá la prosperidad que nos merecemos”. Las promesas son sinónimo de mentira cuando las formulan ciertos personajes.

Pareciera que algunos jueces, más que investigar sobre la corrupción en el gobierno K, decidieron de antemano que era corrupto. Como un cuentista que conoce el final de la historia, solo les faltaba construir el resto. Para eso estaban tipos como Marcelo D’Alessio, y periodistas amigos de la casa.

En tiempos de macrismo, la Justicia no está para buscar la verdad. El fuero federal, en su mayoría, terminó por ser una máquina para sacar del medio a los opositores. Terminada la dictadura, muchos empresarios se encontraron con que los verdugos -quienes cumpliendo sus deseos habían “chupado” a los delegados de sus fábrica- de repente secuestraban a sus hijos para pedir rescate. Esto es parecido: los legajos de inteligencia que le encontraron a D’Alessio van estableciendo que no fue Pedro Etchebest la única víctima. Por más que logren que la causa quede en la nada, ya fue puesta al desnudo una verdadera máquina de inteligencia y extorsión donde están implicados desde servicios a parte del Poder Judicial.

La otra gran sección de esta fábrica de mentiras, los grandes medios como Clarín y La Nación, dan ternura. Dicen que el argentino no ha sabido valorar la carne de bofe. Resaltan que está de moda vivir en departamentos de dos por dos, explican cómo viajar de vacaciones mentalmente, te dicen hasta qué plazo se puede comer un alimento podrido, o incluso a “ir de shopping al placard” (es decir, remendar ropa vieja). De las miles de fábricas que se cierran, ni noticia; o de la desocupación, para qué hablar. Solo son “versiones de opositores”.

“Cuando la mentira es la verdad”, dice la canción. ¿La tararearan los escribas de Mauricio Macri que le redactan apresurados el discurso que debe leer ante el Congreso? Convencido de la reelección, el Jefe de Estado insistirá que -si nos transformamos en un país sin leyes laborales y aceptamos pagar nuestra propia indemnización cuando nos rajen y cobrar menos de la mitad que ahora (es decir ser más baratos que un esclavo), además de hacer horas extras gratis cuando se le canta al patrón-, comenzarán a llover dólares en la Argentina. Sólo entonces el mundo entusiasmado con los esclavos argentinos hará cola para traer sus negocios. ¿Y a quien le venderán si ya no queda mercado interno?

Mientras tanto Macri va con su canastita de limones por el mundo. Algunos especulan con que India será en la próxima década la segunda potencia tecnológica mundial luego de China, y en lugar de Estados Unidos. Macri vino contento de su visita a ese país: habían prometido comprarle limones.

La oposición, por los pocos medios que tiene a su alcance, publica estadísticas e informes del cataclismo. Demuestra que todo anda mal: cae la producción, crece la desocupación, no para la inflación, la deuda es impagable, los jubilados se mueren de hambre mientras vacían su obra social. Le toman la temperatura a las llamas mientras la gente se quema en el infierno.

La mentira crece en aceptación cuando hay desesperación y no se sabe cómo salir de ella. No hay que ocultar a la gente lo que pasa, pero es necesario mostrarle que existe otra hoja de ruta. La derecha es especialista en trabajar el odio y la inseguridad.

Tridente en mano y en mitad del infierno, Macri dice que “este es el único camino”. Recuerda que es el Presidente predilecto del Fondo Monetario Internacional y amenaza por lo bajo que, en caso de perder, no habrá renegociación de la deuda impagable que contrajo. Al tiempo, Duran Barba compara al kirchnerismo con el chavismo, amenazando con una lluvia de paracaídas gringos, al estilo de lo que se espera en Venezuela.

El común de la gente es adicta a la verdad solo cuando le es útil, y no hay mentira que calme su angustia. Recurre a ella cuando le sirve. La oposición debería entender que el miedo y la incertidumbre son funcionales a la estrategia macrista. Cambiemos es especialista manipulando esa inseguridad de los sectores medios. Lo demostró con la “Doctrina Chocobar”. Enfrentar al macrismo obliga a dar contenido a una propuesta alternativa que demuestra que “el cambio es posible”, que se puede salir del infierno. No basta con “unidades pegajosas”. Se necesitan propuestas claras y concretas, que todos puedan entender.

Ellos trabajan con la inseguridad que alimentan cada día. Apelan a la fe, a un “vamos a salir” y a la represión, cuando lo anterior no funciona. Es hora de demostrar que el cambio sí es posible, per de este lado.

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